La ausencia de indicadores agregados en la economía cubana

Uno de los problemas más recurrentes de la economía castrista es la ausencia de datos estadísticos fiables, de calidad, adecuados para realizar un análisis de coyuntura.

A diferencia del resto de países de América Latina, que exponen de forma objetiva la información de su economía, con datos elaborados con procedimientos metodológicos rigurosos avalados por organismos internacionales, el régimen castrista no tiene la menor intención de ello.

Llevamos seis meses transcurridos de año, y en este período, no se ha facilitado información estadística alguna sobre el impacto de las diversas medidas dispersas que se están adoptando con los denominados “Lineamientos” sobre las variables macroeconómicas principales, a saber, el PIB, el consumo, la inversión, las exportaciones o las importaciones.

No se dispone de información alguna sobre el comportamiento del nivel de precios y su correlato, la tasa de inflación, y los datos sobre desempleo se encuentran condicionados por los elevados niveles de subocupación que existen en la mayor parte de las actividades económicas. Un asunto, por cierto, denunciado en las asambleas del partido realizadas en los últimos meses.

La falta de información alcanza a todos los sectores y actividades productivas. No sabemos, por ejemplo, qué impacto ha tenido sobre la producción final agraria las medidas de entrega de tierras en arrendamiento. Desconocemos la influencia que ha tenido sobre el comportamiento del consumo privado la progresiva autorización de apertura de pequeños establecimientos gastronómicos. Tampoco se tienen datos sobre los niveles de la producción en los principales sectores de la manufactura. La información relativa al turismo se refiere a indicadores cuantitativos de viajeros, pernoctaciones, pero no se sabe el impacto que ha tenido sobre la demanda agregada de consumo.

Todos los países cuentan con indicadores trimestrales para medir y evaluar el comportamiento de la economía. Este tipo de datos estadísticos se elaboran y difunden por organismos estadísticos especializados e independientes, que emplean metodologías similares para facilitar el contraste de la información a nivel internacional. En el castrismo, este tipo de cuestiones, sin duda fundamentales para medir el nivel de credibilidad de la economía en el mundo, no parecen ser relevantes. Aunque la Oficina Nacional de Estadística de Cuba se emplea a fondo en publicar monografías con datos relativos a diversas actividades y sectores sociales, en el castrismo la información macroeconómica agregada está ausente de los planes y reformas de las autoridades.

Y, sin embargo, estos datos son fundamentales, y se les debe otorgar la máxima prioridad. ¿Por qué se preguntarán los castristas, acostumbrados a sus monótonas informaciones estadísticas sobre cosechas obtenidas, casi siempre, bañadas por notables dosis de demagogia?

La respuesta es sencilla. Porque hace falta para ganar en credibilidad internacional. ¿De verdad cree el régimen que alguien en su sano juicio puede invertir en la economía castrista si no se dispone de estas referencias, fundamentales para calcular los rendimientos de cualquier proyecto? Todos los países que elaboran y difunden sus datos, sin temor y sin manipulaciones, se someten al escrutinio de los mercados internacionales y pueden mejorar sus posibilidades reales de obtención de recursos financieros. Además, existe un interés, ciertamente elevado en numerosos analistas y estudiosos, por evaluar el impacto que las medidas contenidas en los denominados “Lineamientos” pueden ejercer sobre la economía castrista, en su necesario devenir hacia el mercado y la libertad.

La consecuencia que cabe extraer de lo expuesto es doble, o bien que el castrismo no dispone de estas informaciones por incapacidad técnica para adaptar su estadística oficial a los modelos internacionales, o que, incluso disponiendo de los datos, se niega a difundirlos por el deficiente estado que presentan los mismos, lo que impide recurrir a ese tono demagógico con el que históricamente nos obsequian con la denominada “estadística de cosechas”, más fácil de manipular.

Hace algunos años, CEPAL mantuvo en suspenso las informaciones ofrecidas por las autoridades castristas al no aceptar los métodos de medición del PIB que incorporaban unos cálculos que otorgaban prioridad a las actividades de servicios de salud y educación, a unos precios absolutamente inadmisibles para los niveles de renta y desarrollo de la economía castrista.

Mientras tanto, seguiremos a la espera de una inexistente mejoría de la estadística oficial, que permita contrastar la dinámica económica del castrismo con la del resto de países de América Latina. Ayer CEPAL formuló favorables expectativas de crecimiento económico para la Región durante el presente año, pero mucho nos tememos que estos datos no se puedan aplicar directamente al complejo entramado burocrático e ineficiente de la economía castrista. También en el ámbito de la estadística económica agregada el régimen tiene mucho que hacer.

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