Cinco años con Raúl Castro, ¿y el futuro qué?

El régimen castrista ha sobrevivido los últimos 5 años en un proceso en el que se combinan un inmovilismo general con tímidas señales de apertura, que en absoluto contribuyen a abrigar esperanzas sobre una evolución hacia las libertades y la democracia. Desde hace tiempo, y a pesar de las quejas de los disidentes, todo apunta a que en Cuba, en vida de los dos Castro, no habrán movimientos de apertura suficientes para producir cambios en profundidad. La terminación física de los dos máximos líderes se convierte así en condición necesaria y suficiente para el inicio de la transformación democrática. El tiempo lo dirá.

Pero el último lustro, desde que el mayor de los hermanos enfermara gravemente y se apartase del poder que había mantenido durante medio siglo, ha introducido algunos aspectos que merecen ser analizados.

Nada hace entrever una mejora de las condiciones de vida de los cubanos. La falta de libertades se agudiza, el control de los medios de comunicación se mantiene, lo mismo que la visión única en torno al partido que sirve de correa al sistema. No se autoriza el ejercicio del pluralismo político, ni las asociaciones libres. No existe prensa democrática, ni sindicatos, ni mucho menos organizaciones empresariales. La propiedad privada continúa siendo prohibida y la planificación estalinista se pretende reforzar para mantener fuera de juego el funcionamiento del mercado.

Visto desde el exterior, los únicos aspectos que han merecido alguna valoración positiva han sido el creciente papel mediático de la iglesia católica, que ha venido una mostrando una extraordinaria habilidad para situarse como interlocutor privilegiado del régimen, y la liberación de los presos políticos detenidos en la campaña mutiladora de 2003, gracias a acuerdos con el gobierno español y la intercesión de la Iglesia, así como la acumulación de presiones sobre el castrismo, una de ellas, la más relevante, la muerte en prisión del disidente Orlando Zapata Tamayo y las continuas huelgas de hambre de Coco Fariñas, y las manifestaciones autorizadas de las Damas de Blanco.

Prácticamente, todo analista y observador de la realidad social y política de la Isla sabe que en presencia de Fidel Castro, es probable que ninguno de estos cambios se podría haber dado. El hermano menor ha venido reduciendo el poder político del núcleo duro vinculado al comandante, y ha iniciado una campaña agresiva contra la corrupción que, lejos de finalizar, ha tomado especial fuerza y parece ser uno de los ejes de la próxima conferencia política, cuya celebración se acordó en el congreso del Partido único en el que se debatió el proceso de "actualización del socialismo" y el documento denominado "Lineamientos".

Las relaciones con Venezuela han permitido a Raúl Castro obtener financiación en condiciones excepcionales, aun cuando el envío masivo de médicos, educadores y profesionales a Venezuela ha supuesto para los cubanos una notable pérdida de calidad en los servicios que se prestan. El incierto futuro médico de Chávez ha venido a arrojar sombras de duda sobre las relaciones entre los dos países, aun cuando la dirigencia comunista de La Habana sigue viendo al caudillo venezolano como un personaje despreciable e inculto que ha venido a introducir sesgos en la evolución natural del régimen.

La conclusión que cabe extraer de estas notas es que el poder político de Raúl Castro no se ha consolidado plenamente y a diferencia de lo que su hermano hacía, está apostando por otro modelo de liderazgo, en el que Machado Ventura, Valdes, los dirigentes de la ANAP o el artífice de los cambios Murillo, están adquiriendo una relevancia social cada vez mayor. Ese desapego que muestra Raúl Castro hacia la vida política, sus silencios como el del pasado 26 de Julio, o la falta de una continua actividad, son los factores que llevan a los analistas a pensar en otro modelo de dirigencia, menos visceral, más pragmático, pero incapaz de conseguir los objetivos planificados, una cuestión que se ha convertido en principal dentro de la agenda de los buenos revolucionarios.

La pregunta es ¿cuánto tiempo podrá sobrevivir el régimen en estas condiciones? Los indicadores económicos apuntan a que el consumo experimenta un moderado aumento gracias a las entradas de divisas procedentes de las remesas de los exiliados. Y esta es la única variable en crecimiento, ya que inversión o gasto público están en declive por la falta de recursos. Las importaciones aumentan sin cesar, porque la economía castrista es incapaz de producir alimentos y bienes de consumo básicos. En cambio, las exportaciones siguen sin despegar, porque no se producen bienes y servicios con demanda en los mercados mundiales. La economía castrista, ineficiente, planificada centralmente y dominada por los criterios políticos, continúa sin un rumbo fijo, en tanto que las reformas parciales adoptadas pueden haber empezado a provocar inflación y desempleo, sobre todo, tras los ceses masivos de empleados del estado.

En tales condiciones, la normalidad institucional no está garantizada, salvo que venga impuesta por la fuerza como en la actualidad. No hay espacio para modelos alternativos sobre los que la ciudadanía pueda opinar libremente. Solo queda la obediciencia ciega a la doctrina única, inmersa en un proceso de reformas que, evidentemente, no gusta a muchos. Consecuencia, en los próximos años el castrismo va a tener que luchar no sólo contra los disidentes, que se enfrentan abiertamente al modelo, sino contra los descontentos y los que aspiran a una nueva correlación política dentro de la esfera del poder. Y tal vez, si a los primeros ha aplastado sin temor, para los segundos, puede ser una novedad, y habrá que seguir los juicios sumarísimos contra la corrupción, ya que muchos de ellos esconden de forma velada ese aplastamiento de los descontentos con el régimen, personas a las que habrá que tener muy en cuenta a la hora de comenzar el proceso de transición como en otras dictaduras a lo largo de la historia.

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