Una teoría económica del neocastrismo ya está en marcha

Elías Amor Bravo, economista

Estados Unidos y Cuba han abierto la puerta del diálogo. Este es un titular mayoritario en los medios de comunicación de todo el mundo. La noticia, que ha aparecido por sorpresa ha estado gestionándose en los últimos meses y en concreto, los titulares recientes del NYT parecían aventurar un cambio de escenario en cualquier momento. Bueno. Ya está. ¿Y ahora qué?

El desarrollo económico y social de los pueblos puede servir para el avance de la democracia y la libertad. Alvin Toffler apostó por esta idea en sus megatrends, al afirmar que el liberalismo acabaría por ser la ideología dominante en ese mundo futuro que él ha descrito de forma acertada. El auge de las comunicaciones, de las redes sociales, internet, puede servir para abrir espacios para el desarrollo de las libertades. Más dinero en forma de remesas, más posibilidades de intercambios en las dos direcciones, más viajeros, más facilidades de movimientos, van a ser un poderoso estímulo para la economía que alumbra un escenario difícil de intuir.

La realidad es que, como ya he señalado en varias ocasiones, bloqueo o embargo ha sido una coartada política que ha funcionado muy bien para justificar los fracasos internos del régimen castrista y su aventura hacia el estalinismo en la gestión de los asuntos económicos. A partir de ahora, ese argumento puede perderse para siempre, ya se verá como evoluciona el país y su economía. Las expectativas son, sin duda, muy elevadas. Las realizaciones no se sabe. En todo caso, dos no llegan a un acuerdo cuando una de las partes no quiere. De nada sirve que Estados Unidos lance un programa de liberalización económica hacia Cuba, si el régimen no hace los deberes para permitir que ese efecto benéfico se traslade a la sociedad.

La realidad es que el castrismo se desmantela. Ha entrado en profundas contradicciones. Surgen, empleando la terminología de Kuhn, anomalías por todas partes que el paradigma dominante sobre todo en materia de asuntos económicos, es incapaz de explicar. En líneas generales, eso debería suponer un cambio de paradigma, pero la realidad es que los Castro continúan en el poder, en Cuba su voluntad es autoritaria, los actos de repudio contra los disidentes pacíficos siguen como al principio, y nada parece estar abriendo espacios al pluralismo, la libertad y los derechos humanos.

Entonces, cabe percibir una sutil transformación de los resortes del poder para conservar parte de las estructuras políticas en un futuro no lejano, cuando desaparezca la generación de la revolución. Todo el mundo asume que en vida de esa gerontocracia reaccionaria comunista no será posible el cambio. No será posible la necesaria transformación social. Tan solo especular, jugar dentro de espacios muy cortos y dar apoyo a mandatos que cada día están más alejados de la realidad. Ni más ni menos que lo que se observa en la Asamblea Nacional donde se apoya todo lo que el gobierno presenta, sin apenas discusión. La dependencia absoluta del Estado (que controla más del 90% del empleo existente en la economía) hace muy difícil actuar con independencia y objetividad. Hay muchos que piensan que los cubanos se creen su revolución. Falso. Desde hace décadas, mucha gente se ha apeado de la guagua y no piensa subir más.

Con estas medidas anunciadas hoy, algunos creen que se abre una etapa de desarrollismo, como la que llegó a España en 1959 con el plan de estabilización franquista y los de desarrollo posteriores. La realidad es que aquel régimen llegó a su final con la muerte física del dictador, aunque siempre se pensaba que todo "estaba atado y bien atado". El desarrollo cambió la fisonomía de la sociedad española que, sin libertades, se modernizó y amplió las capas medias como nunca antes en la historia, preparándola para los cambios.

En Cuba, la situación es distinta. Hay mucho que hacer. La distancia económica con respecto a otros países de su zona geográfica es descomunal, y los indicadores objetivos, pese a los problemas estadísticos conocidos, reflejan un atraso y una incompetencia general, derivada del modelo basado en la ausencia de derechos de propiedad y la intervención estatal en la economía.

Tal vez Castro debería aprovechar el momento histórico para eliminar estos dos elementos que lastran la economía y la sociedad, pero él sabe que ello le supondría perder parcelas de poder y de control. Devoilver a los cubanos la propiedad y crear un marco jurídico estable sería un buen medio de hacer que la economía funcione. Apartar el estado de la planificación, control e intervención mejor aún. Esa debe ser la contraparte que no está clara. Una "teoría económica del neocastrismo" se empieza a escribir a toda prisa. 

Siempre soñé que el día que Estados Unidos abriese espacios de relaciones con el régimen castrista sería porque previamente se habrían convocado elecciones democráticas y libres en la Isla, con un planteamiento de reforma en profundidad hacia la libertad, los derechos humanos y el pluralismo político. Ahora ese sueño no se ha producido. Pero se abre un nuevo escenario, y hay que seguir en la brecha como tres generaciones de cubanos, que también soñaron con la libertad, pero que ya no están con nosotros, habrían querido.

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