Los riesgos de la inversión extranjera en Cuba

Elías Amor Bravo, economista

Hasta junio del 2014 en Cuba, según datos ofrecidos por la subdirectora general de inversión extranjera, Ivonne Vertiz, hay un total de 208 negocios con participación de capital extranjero. De esas empresas, tan solo 9 todo su capital es extranjero. El turismo es el sector con más participación de inversión foránea, con un 42 % del total de los negocios existentes. A continuación se encuentra el sector de energía y minería, con un 13 % del total. Desde el punto de vista internacional, las principales inversiones extranjeras proceden de España, Canadá, Italia, Venezuela, Francia y Reino Unido.Un balance de resultados que ciertamente dejan mucho que desear.

En una entrevista en Granma la subdirectora general de inversión extranjera, ha informado lo que ya sabíamos. Hasta la fecha, "se ha recibido intereses dirigidos a los sectores de la minería, explotación de hidrocarburos, generación eléctrica, administración de centrales, campos de golf y hoteles, entre otras". Más de lo mismo. El objetivo del régimen con la Ley de inversión extranjera, “de propiciar un ambiente favorable para la inversión de capital foráneo en Cuba en aras del desarrollo económico-social del país” no parece haber dado los frutos esperados. Los entrecomillados corresponden a frases de la subdirectora en el artículo.

Y eso que el régimen lanzó a bombo y platillo la Feria Internacional de La Habana, para dar a conocer la llamada cartera de oportunidades, una especie de “piñata” en la que se indican los intereses de negocios a desarrollar e información sobre las políticas sectoriales aprobadas por el gobierno de la Isla.

Ya tuve ocasión de explicar en otro trabajo lo que pienso de esta cartera de oportunidades castrista. No me voy a extender mucho más. Para atraer la inversión extranjera en un mundo globalizado y competitivo, se necesita mucho más que “proyectos respaldados por estudios de pre-factibilidad técnico-económica”.

Tal vez por ello, apenas se han presentado intereses para invertir en las prioridades anunciadas por el régimen, a saber, “producción e industrialización de alimentos, desarrollo de producciones industriales para exportar y sustituir importaciones en las ramas de la ligera, la química, la metalmecánica y la electrónica” y lo único que ha aparecido sea más de lo mismo.

El objetivo de diversificar la apuesta de la inversión extranjera en la economía castrista ya se puede calificar de fracaso. A pesar de la “cartera” los inversores se han dirigido a lo mismo de siempre: turismo, energía y minería. De poco sirve que el Mariel se venda a precio de saldo si no hay nada que exportar, porque la producción nacional apenas abastece las necesidades de la población, y las importaciones están limitadas por una permanente insuficiencia de recursos financieros.

El balance de las inversiones extranjeras suspende. Ni siquiera la apuesta del régimen por las llamadas “asociaciones económicas in­ternacionales” ha dado los frutos esperados. Es falso pensar que este tipo de negocios depende solo de la existencia de un “régimen fiscal especial”. Si lo que se pretende realmente es promover la satisfacción de las necesidades del pueblo cubano, hay que procurar la creación y consolidación de un mercado interno fuerte y sostenible, lo que resulta improbable con salarios medios de 12 dólares al mes.

De ese modo, el régimen ha visto con satisfacción que las inversiones extranjeras siguen moviéndose en las coordenadas de la “empresa mixta”, en la que las autoridades políticas se reservan la "acción de oro", el 51% y por tanto la decisión, al tiempo que las infraestructuras continúan siendo de capital estatal. Después de las empresas mixtas los contratos de asociación económica internacional, se han concentrado, hasta ahora, en la exploración de hidrocarburos y minerales y los contratos de administración hotelera.

Las inversiones extranjeras en Cuba no podrán contribuir a los objetivos que se plantean si no se modifica el entramado intervencionista de la política económica y la ausencia de derechos de propiedad. Además, esto queda muy claro cuando en la Constitución cubana “se establece que la propiedad estatal no puede transmitirse en propiedad, salvo los casos excepcionales en que la transmisión de objetivos económicos se destinen a los fines del desarrollo del país y no afecten los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado, previa aprobación del Consejo de Ministros”, supuestos que ciertamente son bastante improbables en las condiciones actuales.

Esto es lo que va a suceder con los proyectos de inversión en actividades como los campos de golf, bajo la forma de empresa mixta. La subdirectora nos ha dejado muy clara la posición del régimen “en cumplimiento del precepto constitucional, los terrenos para construir estos complejos inmobiliarios se transmiten en derecho de superficie a las empresas cubanas para su aporte al capital de la empresa mixta. Esto permite que la empresa mixta ostente el derecho a construir y a adquirir la propiedad de lo construido, la cual disfrutará mientras dure el derecho otorgado sobre el terreno”.

Pero entonces viene lo realmente importante, “al vencimiento de este derecho, la propiedad del complejo inmobiliario se revierte al propietario del terreno (Estado). El procedimiento para liquidación de los activos de una empresa mixta, se establece en el Decreto Ley 325 Reglamento de la Ley de Inversión Extranjera”, es decir, el inversor extranjero nunca será propietario de derecho alguno en la economía castrista. Este punto es importante de tener en cuenta para saber en qué se van a invertir los recursos económicos, y lo fácil que puede resultar en aquel régimen dejar a cualquier empresario fuera de un negocio. Ha habido casos suficientes para construir toda una extensa historia de ataques a los derechos de propiedad.

Por mucho que quieran revestir el asunto, con cesiones de suelo de hasta 99 años o "perpetuas", para construir en terrenos ajenos, la cuestión de los derechos de propiedad, al menos actualmente, sigue estando como estaba. Para cubanos y para extranjeros. El único propìetario de los activos en Cuba es el estado castrista, y lo seguirá siendo mientras no se produzca una reforma constitucional en profundidad.

Lo asombroso es que se insista en que “los compradores de los inmuebles ubicados en los desarrollos inmobiliarios los adquieren a título de propiedad”. Me parece una notable contradicción y una grave imprudencia desde el punto de vista legal, y yo recomendaría, ante todo, mucha cautela. 

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