El verdadero interés de La Habana en Mogherini

Elias Amor Bravo, economista

El régimen castrista, en su urgente necesidad de encontrar financiación exterior para la economía, ha desarrollado una estrategia de acercamiento a la Unión Europea que ha llegado a su fin, al menos de momento, con la reciente visita de Federica Mogherini a La Habana. El acuerdo es un texto vago, de líneas generales en las que cabe cualquier cosa, pero no engaña a nadie en cuanto a sus objetivos.

Detrás de este escenario de propaganda, Cuba desea acceder a los fondos económicos, ciertamente sustanciosos, del denominado Acuerdo de Cotonú, eje central de la colaboración entre la Unión Europea y sus estados miembros con otros 79 países pertenecientes a tres continentes,África, Caribe y Pacífico, países ACP en las siglas, que habían sido, en su día, colonias de los estados de la Unión.

El Acuerdo de Cotonú se firmó en 2000, teniendo como objeto principal la reducción de la pobreza para contribuir a su erradicación, ofreciendo apoyo al desarrollo económico sostenible, cultural y social de los países socios y facilitando la integración progresiva de su economía en la economía mundial. Sus antecedentes arrancan del texto fundacional del Tratado de Roma en 1957, ampliado posteriormente la cooperación por dos Convenios de Yaundé y los cuatro de Lomé.

El Acuerdo establece un marco de estrecha colaboración entre los países firmantes, basada en una serie de principios fundamentales:
  1. Los socios del Acuerdo son iguales.
  2. Los países determinan sus propias políticas de desarrollo.
  3. La cooperación no es solo entre los gobiernos; también los parlamentos, las autoridades locales, la sociedad civil, el sector privado y los interlocutores económicos y sociales también desempeñan una función.
  4. Los acuerdos y prioridades de cooperación varían según algunos aspectos como los niveles de desarrollo de los países.
Desde su entrada en vigor, se han creado instituciones conjuntas para apoyar la aplicación del Acuerdo, como el consejo de ministros ACP, que recibe ayuda del Comité de embajadores y mantiene diálogos políticos, adopta directrices políticas y toma decisiones para la aplicación del Acuerdo. Esta institución está encargada de presentar un informe anual sobre los progresos a la Asamblea Parlamentaria Paritaria ACP-UE y como órgano consultivo presenta recomendaciones sobre la consecución de los objetivos del Acuerdo.

No cabe duda que la dimensión política del Acuerdo de Cotonú es importante ya que incluye, entre otros:
  1. un diálogo político completo sobre cuestiones nacionales, regionales y mundiales,
  2. el fomento de los derechos humanos y los principios democráticos,
  3. el desarrollo de políticas para la consolidación de la paz y la prevención y resolución de conflictos,
  4. el tratamiento de cuestiones relacionadas con la migración y la seguridad, incluida la lucha contra el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva.
Hasta la fecha, el Acuerdo se ha basado, principalmente en el impulso y desarrollo de actividades de cooperación cuyos objetivos son: el desarrollo económico de los sectores industriales, agrícolas y turísticos de los países ACP; el desarrollo social y humano para mejorar los servicios de salud, educación y nutrición, y la integración y cooperación regional para fomentar y desarrollar el comercio entre los Estados ACP. Todas estas actividades se financian a través del Fondo Europeo de Desarrollo que entre 2014 y 2020 cuenta con un presupuesto de 33,1 mil millones de euros. No obstante, contiene cláusulas importantes en materia de comercio de servicios, tecnologías de la información y comunicación, así como movimientos de capitales.

Visto desde esta perspectiva, el interés del régimen castrista por acceder al Acuerdo de Cotonú es más que evidente, por cuanto puede actuar como beneficiario, tanto recibiendo ayudas para el desarrollo interno, como participando en los programas de salud, educación y nutrición, que reciben una financiación muy destacada. Además, este Acuerdo depende de la representante de la política exterior europea Federica Mogherini, de ahí la máxima atención recibida en La Habana y las muestras de cariño y afecto como la visita a La Habana vieja con Eusebio Leal y el cardenal. El régimen, que accedió a generosos planes de condonación de las deudas con los países firmantes del Club de París, y su conversión posterior en ayudas al desarrollo, tiene ahora en el ámbito de Cotonú un instrumento esencial para canalizar los programas y darles un formato políticamente responsable. Todo perfecto.

Pero además, tal vez saben en La Habana que el Acuerdo de Cotonú finalizará en 2020, tras la revisión realizada en 2010, que adaptó la colaboración para centrarse más en cuestiones como, el cambio climático, la seguridad alimentaria, la lucha contra el VIH/SIDA, la sostenibilidad de las pesquerías, el refuerzo de la seguridad en regiones frágiles, y la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (sustituidos en 2016 por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible).

A través de esta puerta de entrada a la UE, Cuba se prepara para participar plenamente en las negociaciones del futuro Acuerdo que la Unión pueda elaborar y, en su momento, firmar con los países ACP. Ocupar una posición activa e integrarse en los más de 100 países que integran el Acuerdo puede servir al régimen para obtener esa financiación que tanto necesita para cerrar sus cuentas con el exterior y evitar los problemas estructurales de liquidez. Agotada la fuente de recursos chavista, La Habana gira su vista a Bruselas. ¿Lo conseguirá?

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