La dura realidad de los datos de la economía castrista

Elías Amor Bravo, economista

La confirmación de que Cuba tiene una economía pobre y atrasada no necesita de complejos modelos econométricos, ni análisis de datos y estadísticas parciales. La estadística castrista, manipulada de forma cruenta a partir de 2011 cuando impuso a Naciones Unidas un crecimiento del PIB del 11%, contrario a todas las previsiones y métodos estadísticos al uso, es una absoluta falsedad al servicio de la propaganda del régimen.

Además, el concepto de pobreza en Cuba es relativo. Los economistas no puede fiarse solamente del resultado de modelos econométricos para sostener sus argumentos. No sólo. Deben observar atentamente la realidad y los procesos inherentes a la misma, antes de lanzarse a una escala de aplausos o críticas sobre los trabajos realizados por otros autores.

Insisto. La pobreza en Cuba es un concepto relativo. ¿Quién es pobre en Cuba? A falta de mejores datos, la pobreza de Cuba está en el "pueblo cubano", al que se engaña con el argumento de que es propietario de los medios de producción existentes en la economía nacional, cuando eso es rotundamente falso. Un propietario reserva para sí, porque la ley le ampara a hacerlo, el uso y disfrute de ese derecho. En Cuba, eso es impensable.

La realidad es que el estado es quién dirige los activos que dice pertenecen al “pueblo”, un término difuso de la verborrea castrista, y gestiona, de acuerdo con un sistema de base estalinista centrado en la planificación e intervención directa en la economía, esos activos que tampoco le pertenecen. Ese es, y no otro, el verdadero origen de la pobreza de Cuba, que como dice el profesor Pavel en un estudio realizado para el BID, “es mucho mayor de lo que indican las cifras oficiales”, centrando esta conclusión básicamente en la sobre estimación por la estadística oficial del valor del peso cubano al equipararlo artificialmente al dólar estadounidense.

Si este fuera el origen de la pobreza en Cuba yo firmaba ahora mismo. Tendría muy fácil solución sacar al país del marasmo. Por desgracia, el juego de las monedas y los cambios no es la explicación de esta situación como otro economista cubano, Triana Cordovi, ha dicho no hace mucho tiempo. La mayor parte de los cubanos que nacieron a partir de 1990, no han visto otra realidad que una economía con dos o tres monedas en circulación. Nada nuevo bajo el sol.

Una pobreza que tampoco viene de los tiempos del ajuste brutal del "período especial", cuando la economía cayó no sólo un 35% sino un “poco más del 50% de su PIB en esos años según el estudio de Vidal. El impacto de esta crisis todavía pesa sobre la economía cubana por cuanto, los cálculos señalan que el PIB cubano se sitúa un 23% menos que los niveles de precrisis en 1989 y hasta un 35% menos que el nivel de 1985. La pobreza se instala en Cuba a partir de 1959 y tras la nefasta "ofensiva revolucionaria" de 1969 acaba imponiéndose a la dura realidad.

El problema de Cuba y su economía es de baja productividad y competitividad, porque el responsable de la gestión de los activos productivos está más interesado en despilfarrar en los llamados “logros de la revolución”, que financia con la exacción directa de las fuentes de renta de la economía nacional (salarios nominales miserables que reciben los cubanos, y beneficios empresariales controlados) de modo que a pesar de contar con ingentes ingresos tributarios se encuentra con que los gastos son netamente superiores y se ve impelido a emitir déficit que se financia con bonos soberanos. Más pobreza y miseria, a costa de un endeudamiento que hipoteca las posibilidades de crecimiento a medio y largo plazo de una economía sin progreso tecnológico ni crecimiento demográfico. Si economistas como Solow o Harrod y Domar analizaran estos datos, no podrían obtener otra conclusión: la economía cubana es pobre y lo seguirá siendo, salvo que ponga fin al modelo que la gestiona.

Una pobreza que se distribuye de forma injusta porque peor lo pasan actualmente los cubanos que no tienen acceso al CUC que aquellos que se mueven en el entorno del sector abierto de la economía, como el turismo o la inversión extranjera. Lo grave de todo esto es que a las autoridades del régimen les importa un bledo los resultados del estudio, y seguirán pensando que Cuba está más cerca de Colombia en términos de desempeño económico, que de Bolivia, El Salvador y Guatemala que son los niveles que resultan del estudio. Lo grave es que no están engañados. Lo saben, pero no lo quieren reconocer.

Y tampoco importa mucho a quiénes dirigen la economía castrista que se cuestionen los datos oficiales. Es algo que han hecho, hacen y harán, por qué iban a cambiar de comportamiento. Sin credibilidad internacional ni acceso a los mercados de capitales o al Banco Mundial por decisión propia, tienen a empresarios dispuestos a apoyar los infumables proyectos de la Cartera de inversiones extranjeras, y al Club de París preparado para renegociar cualquier deuda que se atragante.¿Qué problema hay si el dato de PIB que se ofrece es siempre, de forma sistemática, superior al real? Además, ¿por qué hay que dar tanta importancia al PIB, dicen los castristas, si en otros indicadores de Naciones Unidas, como los indicadores sintéticos de desarrollo humano, Cuba ocupa una posición de liderazgo mundial? En ese juego irresponsable es donde realmente se contrasta la enorme pobreza, sobre todo de argumentos reales, de un régimen que se pasa 58 años justificando su incompetencia por una presunta invasión del vecino del norte que nunca llega, y un bloqueo que es más interno que externo.

Al final, la economía es sentido común. Los guajiros que explotaban la fértil tierra cubana con su esfuerzo antes de 1959 y sacaban varias cosechas de papa y boniato al año, eran capaces de alimentar a toda la población y exportar los excedentes. No hacen falta más ejemplos, son bien conocidos por los lectores de este blog. Lo que se necesita y cuanto antes es otra dirección del modelo económico y que Cuba vuelva al concierto de naciones donde la globalización y las tecnologías de la cuarta revolución industrial la están esperando para situarla en el lugar que le corresponde. Esa y no otra es la realidad de los datos.

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