¿Por qué llamarle cooperación si realmente es exportación?

Elías Amor Bravo, economista

Yo no sé por qué esa obsesión de no querer llamar a las cosas por su verdadero nombre y lo que es peor, no reconocer lo que es una de las fuentes actuales de competitividad de la economía castrista.

Me refiero a las declaraciones del ministro de Salud Pública, Roberto Morales Ojeda, ante el consejo de ministros del viernes pasado. Allí se hizo referencia a la cooperación médica internacional y la exportación de servicios de salud, dos conceptos que el régimen castrista separa de forma predeterminada, cuando realmente hacen referencia a lo mismo.  

Travestir la exportación de servicios por medio de programas de cooperación no es lo adecuado. Se trata de cosas bien distintas. Los países que destinan recursos a la cooperación, lo hacen bien de forma directa, o a través de organizaciones intermedias con personalidad jurídica propia, las organizaciones de cooperación al desarrollo, e incluso las empresas. La cooperación es una subvención global finalista, sin retorno, que un país concede a otro para ayudarle a crecer de forma sostenible y mejorar sus condiciones de vida. Rara vez se pide contrapartida por ello.

Lo que el régimen castrista organiza con sus médicos y profesionales sanitarios en el exterior no es cooperación, sino exportación pura y dura de servicios para obtener ingresos, divisas valiosas, y como tal, se debería tratar. Por ello, tratar de confundir una cosa con otra, no es más que propaganda, material de consumo interno, que a nivel internacional, no puede ser aceptado. Es cierto que el régimen castrista ha desarrollado estrategias para trasladar a más de 60 países del mundo sus profesionales sanitarios, pero desde la aprobación de los lineamientos, esta ayuda ha pasado a convertirse en un ingreso regular de la balanza de servicios, cuya valoración ha sido susceptible de no pocas controversias. Ya no sólo se compensan los gastos en que incurren los programas de sanidad exterior, es que se obtienen réditos e ingresos que van directamente a la balanza de pagos, lo que se podría interpretar como una forma arriesgada de comerciar con recursos humanos a nivel internacional.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre, y se tienen que tratar como lo que realmente son. Si a Haití no le quieren cobrar los servicios, me parece muy bien, pero ya los compensarán con los precios que se cobran en otros países. Al hacerlo así, ese concepto de ayuda solidaria queda ciertamente diluido, y lo que está haciendo el castrismo es redistribuir la carga entre sus países clientes, lo que tiene que producir malestar entre aquellos que pagan por el servicio. Recomiendo a los 60 países con sanitarios cubanos que estudien con detalle lo que les cuesta el servicio y que luego decidan lo que más les pueda interesar. A lo mejor descubren que contratar libremente profesionales de otros países les resulta más eficiente.

Al fin y al cabo, si los médicos y enfermeros cubanos son vendidos por el estado castrista en el exterior es porque en la Isla sobran, dada la obsesiva política de formación de este tipo de profesionales por el régimen castrista durante décadas, sin tener en cuenta el coste oportunidad que este tipo de decisiones tienen sobre una economía. En ocasiones, el castrismo se ha vanagloriado de los tres mil médicos que había en Cuba en 1959 y que pasaron a 73 mil actualmente. Yo no sé muy bien de dónde se han sacado esa cifra de tres mil médicos, pero en cualquier caso, la población de la Isla prácticamente se ha duplicado en el período considerado, y en cualquier caso, 73 mil médicos es un buen indicador de lo mal que salen las cosas cuando no se ponen en relación de manera adecuada los recursos con las oportunidades. La conclusión es que conforme esas necesidades van siendo atendidas, en Cuba se produce un vaciado de este tipo de profesionales, con el deterioro de la calidad del servicio para la población residente.

Coincido con Raúl Castro en los buenos resultados que se alcanzan en esta esfera, en la que los médicos cubanos se han ganado un reconocimiento internacional por su capacidad, dedicación y favorable trato. En España son ciertamente numerosos los médicos cubanos que prestan sus servicios, pero en este caso, muy pocos lo hacen dentro de esa política de “cooperación” que menciona el ministro de sanidad. Muchos de ellos envían parte de sus salarios a las familias en la Isla, como remesas. Nada que objetar. Eso también es exportación de servicios. Y, además, los resultados de los servicios que prestan estos galenos cubanos, igualmente, son muy satisfactorios.   

En cualquier caso, la vía para obtener ingresos por la venta de servicios médicos y sanitarios, ya está reconocida en los llamados "Lineamientos", y no parece que las autoridades, ante esta fuente de obtención de divisas y recursos en el exterior, vayan a dar marcha atrás. Pero que no le llamen “cooperación”, que no lo es.


Se trata de exportación por el estado de recursos que en la economía castrista son excedentarios y para los que existe demanda en otros países. Por si no se habían dado cuenta, ese es el principio básico de competitividad exterior de una economía desde los tiempos del economista británico David Ricardo cuando analizó las bases del comercio entre los vinos de Portugal y los paños de Inglaterra a finales del siglo XVIII. Una idea muy interesante que la economía castrista debería esforzarse en extender al conjunto de sectores de la economía. Pero eso, es mucho más difícil.

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