A pagar impuestos y cuanto más mejor

Elías Amor Bravo, economista

Según se informa en Granma, hoy comienza el plazo para la declaración del impuesto sobre los ingresos personales, que se extiende hasta el 30 de abril.

A diferencia de lo que ocurre en otros países, en la economía castrista sólo están obligados a pagar este impuesto “los trabajadores por cuenta propia que tributen por el Régimen General, personas naturales que reciban gratificaciones, socios y representantes de empresas mixtas residentes en el país (por los dividendos o participación de las utilidades en las empresas), y otras personas naturales que generen ingresos gravados por tributos”.

Es decir, los trabajadores que prestan sus servicios en el aparato empresarial en manos del estado y en los distintos organismos del sector presupuestado (que representan prácticamente el 90% de la ocupación total existente en el país) quedan exonerados de este impuesto, que solo recae en aquellos que apuesten por emprender y crear riqueza por la vía del trabajo por cuenta propia.

Buena forma de empezar el año. Enhorabuena.

El sistema tributario del régimen castrista segmenta a los contribuyentes de forma grosera. Una fórmula que difícilmente se observa en otros sistemas fiscales del mundo, en los que, “el power to tax” del gobierno se establece con una misma norma fiscal sobre todos los perceptores de ingresos, sea cuál sea su adscripción productiva. Una norma que después se modula por criterios de equidad o progresividad, pero todo el mundo está obligado a pagar.

Estamos hablando de ingresos personales. Es decir, los que se derivan del trabajo. Porque cuando se trata de empresas o sociedades, existen otras figuras impositivas especializadas que gravan su actividad, pero que en Cuba, por esa obsesión ideológica contra lo que representan las bases de una economía libre de mercado, se aborrecen.

De esa manera, la ONAT, Oficina Nacional de Administración Tributaria, organismo encargado por el régimen de recaudar, concentrará sus actividades sobre los cerca de 400.000 trabajadores por cuenta propia que están sometidos a esta norma recaudatoria. Conviene recordar que en Cuba, existen otros 4.618.700 que no se encuentran obligados a pagar este impuesto por ingresos personales. Es cierto que los salarios que perciben dejan escaso margen para cualquier aventura impositiva, y que ya contribuyen al estado por las vías estalinistas de apropiación de rentas, pero no deja de ser significativa esta segmentación.

Es decir, los buenos propósitos del régimen de fomentar una cultura y responsabilidad tributaria se van a referir tan solo al 8% de trabajadores del país, sobre los que va a recaer la voracidad de ingresos del régimen para proporcionar al Presupuesto del Estado los recursos necesarios para sus distintas actuaciones. El resto de los fondos, el régimen los detrae directamente de las empresas que son de su propiedad por distintas vías de apropiación, más parecidas a los métodos feudales que a los modernos sistemas fiscales.

Se abre una etapa para los trabajadores por cuenta propia en el pago de sus impuestos, que les llevará a sanciones, inspecciones, correcciones de errores, nueva presentación de formularios y un sinfín de actividades que, dadas las reducidas dimensiones de la mayor parte de los proyectos emprendedores que han nacido al amparo de los llamados “lineamientos” se pueden convertir en un auténtico valle de lágrimas para los pobres cuentapropistas.

Al régimen poco le importa la supervivencia de estos nuevos negocios, muchos de ellos en fase de nacimiento, que requieren la máxima atención para hacer frente a todos los problemas que se derivan de la gestión del día a día. No. Para el régimen, lo que importa es que se entreguen rápido las declaraciones, que todo el mundo pague, y cuánto más mejor. Una perspectiva muy estimulante para el desarrollo de esa nueva economía privada de la que tanto alardean.

Es cierto que la ONAT ha anunciado una serie de medidas para facilitar a los trabajadores por cuenta propia el cumplimiento de sus obligaciones, como un solo modelo de declaración, la ampliación de horarios y apertura de sedes y dependencias. Desconozco qué interés puede tener todo ello, salvo recaudar más. A la vista de este barullo, las rebajas de un 5% parecen exiguas y de escasa relevancia.


En cualquier economía en la que se estimula el nacimiento de un sector emprendedor, capaz de generar empleo y riqueza, se apuesta por otro tipo de política fiscal. El régimen se obsesiona con obtener ingresos de las actividades más eficientes que funcionan en Cuba, y ya se anuncian más impuestos como el de utilidades, el de transportes, el de la propiedad, etc. Una maraña que recae sobre los cuenta propistas en su mayor parte y que lastra sus posibilidades de desarrollo a corto y medio plazo. Al final, quien sale ganando es el régimen. 

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