La reforma del servicio de taxi no podrá funcionar

Elías Amor Bravo, economista

El régimen castrista acaba de anunciar una nueva reforma, la enésima, esta vez en el sector del taxi. A partir de ahora, se generaliza la prestación del servicio por medio de la Agencia de Taxi en pesos convertibles, una experiencia que desde el año 2010 había estado funcionando en La Habana, de manera experimental.

Los taxis de esta Agencia se alquilan a los conductores de CUBATAXI, que pasan a ser trabajadores por cuenta propia y dejan de formar parte de la nómina del estado. El marco de la relación se regula mediante un contrato en el que se establecen las condiciones a cumplir ambas partes.

La reforma está inspirada, como tantas otras cosas, en los llamados “lineamientos” aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba y que auspicia “el fomento de nuevas formas de gestión en los transportes de pasajeros y carga, así como otros servicios vinculados con la actividad” ha entrado en vigor tras su publicación en la Gaceta Oficial Extraordinaria No.1 del presente año.

El origen de estos pretendidos cambios arranca, como casi todo, del fracaso absoluto del sistema económico ideado por la llamada “revolución” hace más de medio siglo. El Grupo Empresarial Cubataxi, dependiente del estado, como prácticamente toda la economía, había venido desarrollando sus funciones con un modelo que ha generado irregularidades en el servicio, apropiación de la recaudación, plantillas excesivas y un parque de vehículos envejecido. Ni más ni menos que el ejemplo de lo que significa la gestión por el estado de un servicio como el transporte de taxi a los ciudadanos.

Y entonces, llega la reforma a golpe de decreto. Que los taxistas asalariados del estado pasen a prestar sus servicios como trabajadores por cuenta propia es el tipo de reformas que gustan al régimen castrista. Todo cambia, pero sigue más o menos igual. El régimen de derechos de propiedad, por ejemplo. Pieza clave del éxito de cualquier proceso de transformación económica, el derecho de propiedad continua estando en manos del estado, que alquila a los taxistas, los autos para que presten el servicio. Muy parecido al arrendamiento de las tierras en la política agrícola. En ningún momento se plantea la cesión del derecho de propiedad. Los cubanos pueden trabajar por cuenta propia, pero nunca serán verdaderos dueños del fruto de su esfuerzo. No hay mejor forma de quitar cualquier tipo de incentivo al desempeño laboral que ésta.
En tales condiciones, ni reforma ni cambio. Más bien, todo lo contrario, más de lo mismo, pero de otra forma.

Seguro que podrán haber cambios de imagen, o que se incorporen nuevos modelos de gestión con impacto en las estructuras empresariales, en los trabajadores administrativos que desarrollan sus funciones, e incluso en los profesionales del taxi, con el objetivo fundamental de incrementar la calidad con que se ofrecen hoy estos servicios, pero el origen del proceso económico, el acceso a los derechos de propiedad, sigue inalterado.

En esencia, los trabajadores por cuenta propia del taxi asumen, a partir de ahora, con los ingresos obtenidos de sus servicios, los gastos de mantenimiento, el pago del combustible y parte de la reparación del vehículo. A cambio, pueden disponer de los autos más tiempo y realizar todas las "carreras" quieran, pagando eso sí, los impuestos. De propiedad, nada.

Eso sí. Por estructuras estatales de control, que no falte.

La reforma prevé la creación de la Empresa Taxis-Cuba a la que se van a transferir todos los activos que se requieran de las actuales entidades: un total de 20 agencias subordinadas a la mencionada empresa. Por si no fuera suficiente, tanto la empresa estatal como las 20 agencias seguirán contando con trabajadores estatales a los que se retribuirá en función con los resultados de las labores que desempeñen.

Las agencias estatales que se van a crear podrán ofrecer servicios como arrendamiento de locales para ofrecer servicios vinculados al transporte como es el “caso de ponchera, fregado, reparaciones mecánicas, entre otros”.

En su caso, las agencias podrán incorporar a personas propietarias de sus vehículos para prestar el servicio del taxi, siempre y cuando cumplan los requisitos técnicos y de confort establecidos para este tipo de servicios. Estos propietarios deberán asociarse a las agencias. En caso contrario, no podrán atender las solicitudes de transporte de las personas jurídicas, incluidas las de tour operadores y agencias de viajes, servicios que hasta el momento han sido exclusivos del sector estatal.

La reforma trata de controlar los escasos resquicios de actividad privada independiente, a partir de los nuevos sistemas de control de las agencias dependientes de Taxis- Cuba. La pregunta es, ¿por qué solo agencias estatales? ¿Por qué no agencias privadas? ¿Por qué no permitir a la iniciativa privada, por ejemplo, los dueños de autos privados que quieran trabajar como taxistas, crear sus propias agencias de servicio no dependientes del estado?

Se está perdiendo una nueva oportunidad para flexibilizar y abrir la economía a la plena participación de los privados, no sólo como trabajadores por cuenta propia, sino como gestores de sus proyectos empresariales. Sería posible realizar esa ampliación del mercado dentro del marco de la economía castrista. Idealmente, las cooperativas de transporte privado, creando sus agencias y alquilando autos a trabajadores por cuenta propia, podrían servir como modelo de competencia frente al estado, que sigue siendo el dueño de toda la economía.

La libre elección de actividad profesional es una pieza fundamental para el éxito de las economías. En Cuba es imposible. Cuanto más se parcelen los sectores y las actividades limitando con regulaciones, inspecciones y controles el espíritu de libre empresa que se encuentra bien arraigado en los cubanos después de medio siglo de economía estalinista impuesta por la fuerza, mayor será la ineficacia de los resultados y la economía, simplemente, no podrá superar su atraso. Se está perdiendo una oportunidad nuevamente. O tal vez se quiera así.


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