¿Vuelve el hombre nuevo? Pero, ¿es que acaso alguna vez se fue?

Elías Amor Bravo, economista

Una de las principales características del régimen castrista, en sus 56 años de existencia, ha sido la confianza en el futuro. Cualquier discurso de Fidel Castro, en sus orígenes, situaba los efectos “benéficos” de la llamada revolución en el muy largo plazo, cuando los hombres se despojaran de sus influencias negativas, llegando a convertirse en el “hombre nuevo” a imagen y semejanza del Che.
Generaciones de cubanos han sido educados bajo principios tan absurdos como el que se acaba de enunciar, y todavía persiste esa visión que tiende a situar en el futuro el verdadero sentido de los acontecimientos de la vida. El largo plazo se acaba convirtiendo en la única opción para muchos cubanos. Algunos analistas destacan que esta ruptura del cortoplacismo en beneficio de proyectos que nunca se sabe bien cuando se van a lograr es uno de los factores que explica, entre otros, la longevidad del régimen.
No contentos con mantener este paradigma durante más de medio siglo, el régimen castrista, ahora bajo la batuta de Raúl Castro, se apresta a jugar una vez más las mismas cartas. Esto es lo que parece desprenderse de los objetivos de la llamada “actualización del modelo cubano”, una tarea en la que se ha empleado a fondo el régimen, y que se recoge en un artículo en el diario Granma.
Todo tiene su origen en un curso celebrado en La Habana sobre "Pros­pectiva Estratégica y Políticas Públicas en Amé­­­rica Latina y el Caribe", organizado por CEPAL. Uno de los primeros en intervenir, Jorge Máttar, director del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Pla­ni­ficación Económica y Social (ILPES/­CEPAL), vino a decir que “el desarrollo influyente y sostenible al que aspiran América Latina y el Caribe requiere de una visión de largo plazo, pues su logro implica cambios estructurales de envergadura capaces de alterar trayectorias concentradoras y desigualadoras que han permanecido por décadas”.
Casi nada. Una tesis que se ha visto reafirmada por las palabras de los que han intervenido posteriormente.
La cuestión que conviene preguntarse, en primer lugar, es si realmente en Cuba se han adoptado políticas públicas, entendiendo éstas como las acciones de los gobiernos en respuesta a las demandas sociales. Parece que no. La experiencia confirma que el régimen castrista ha hecho y deshecho lo que ha querido durante más de medio siglo, impulsando iniciativas ideológicas cuyo resultado es bien conocido. Una sociedad desmembrada, una economía postrada y el sueño para muchos cubanos con el extranjero, como válvula de escape para la represión y el control. Esto no tiene mucho que ver con el éxito de las políticas públicas, y mucho menos, con la necesaria prospección social para atinar en su diseño.  Además, inventarse “conflictos e incertidumbres globales para sumar personas a fin construir visiones de futuro posibles” no parece una tarea muy interesante para los responsables políticos.
Una segunda cuestión es si realmente hay que “modificar patrones de desarrollo que han permanecido por décadas” para impulsar un pretendido cambio estructural hacia la igualdad. Pero ¿es que acaso el régimen castrista no ha atinado en su objetivo de la igualdad? Los autores de esta tesis lo que hacen es tirar por la borda medio siglo de ortodoxia impuesta básicamente para alcanzar una sociedad igualitaria. ¿Dónde quedó ese objetivo? ¿Tiene sentido volver sobre unos pasos perdidos?
Finalmente, son pocos, por suerte, los que empiezan a pensar en la utilidad de la actualización del modelo económico cubano y su referencia al largo plazo. A veces los funcionarios del régimen no saben qué hacer para justificar a aventura “actualizadora”. Curiosamente, el director del Instituto Nacional de Investigaciones Económicas, Al­fredo Gar­cía, expresó "que en los últimos años América Latina y el Caribe han registrado la ejecución de ejercicios de visión de desarrollo de largo plazo, como el que realiza la Isla dentro de su planificación". Tremendo. A nadie en su sano juicio fuera de los límites geográficos de la Isla, se le ocurren ideas estrambóticas como entregar tierras en arrendamiento a largo plazo, o autorizar un número determinado de ocupaciones para el trabajo por cuenta propia, por citar algunos ejemplos de la “actualización”. Estas prácticas son despreciables.
Perdidos en su laberinto, los responsables de economía del régimen castrista, el viceministro de Economía y Planificación, René Her­nández, o el vicepresidente del Consejo de Ministros y titular del Ministerio de Eco­nomía y Pla­ni­fi­cación (MEP), Marino Mu­rillo Jor­ge, ya no saben qué hacer para justificar una política que, a la vista de los resultados de la economía, con uno de los crecimientos del PIB más bajos de América Latina, no está dando los resultados ansiados. 
La credibilidad de la economía castrista y la confianza en la misma, se sitúan en los niveles más bajos a nivel regional y así, lógicamente, se hace más difícil atraer capital extranjero. Lo realmente grave es que en su huida adelante, traten de simular con jornadas como ésta, que en otros países se cometen los mismos errores. Eso sí que está muy mal.


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