El perfil bajo de Murillo en la dirección económica del castrismo

Elías Amor Bravo, economista

Hacia mucho tiempo que nos preguntábamos qué ocurre con Murillo el zar de las reformas económicas raulistas. Pues bien, hemos obtenido la respuesta. En el mismo consejo de ministros dedicado a asuntos económicos, intervino Murillo, en calidad de responsable de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, para dar un balance de tres asuntos que están bajo su dirección: la entrega en usufructo de tierras estatales ociosas, el trabajo por cuenta propia y las cooperativas no agrarias.

Ahora toca reflexionar sobre el sentido de esta intervención y en qué ha quedado el liderazgo reformador de Murillo si es que alguna vez existió. Mucho me temo que de sus declaraciones, recogidas en Granma, nos queda muy claro que aquel espíritu de reforma ha quedado atrás y que la presión ideológica comunista lo ha vuelto a abducir. Una lástima. Nos hemos quedado sin referentes. Veamos por qué.

En la primera parte de su intervención, habló de las tierras entregadas en usufructo, que cifró en 1.917.000 hectáreas entregadas por esta modalidad desde 2008 hasta septiembre de 2016. Una cifra que puede parecer elevada, pero que tan solo alcanza el 31% de la superficie agrícola del país, lo que indica que el Estado sigue ejerciendo una participación muy destacada en la explotación directa de la tierra de cultivo, con los resultados ya conocidos.

Murillo explicó lo que ya se sabía, y es que “en la actualidad es limitada la solicitud de tierras pues generalmente las que continúan disponibles son menos productivas, con alta infestación de marabú; se encuentran alejadas de los asentamientos poblacionales y de los servicios básicos; o tienen dificultades para acceder a las fuentes de agua”. Ideología comunista.

Realmente, la demanda de tierras en Cuba no se encuentra frenada por estos factores, por más que Murillo quiera engañarse a sí mismo recurriendo a la doctrina oficial castrista. Las tierras no se demandan a su dueño, el estado, porque los guajiros no quieren trabajar en algo que nunca será suyo, que no podrán incrementar, hipotecar o vender libremente a inversores extranjeros, y, lo peor de todo, es que saben que en cualquier momento se las puede arrebatar el estado, que sigue siendo el dueño.

Si Murillo abandonase los principios ideológicos que le llevaron a “ratificar públicamente que las tierras otorgadas en usufructo son propiedad intransferible del Estado” y, en su lugar, permitiera la recuperación en Cuba del mercado libre de la tierra, para que los cubanos fueran realmente los dueños de sus medios de producción como ocurría antes de 1959, todos estos problemas quedarían resueltos de manera automática. En muy poco tiempo, las tierras amparadas por un marco jurídico de derechos de propiedad alcanzarían al 80-90% de la superficie de cultivo, como en el resto de países del mundo, y se roturarían mas terrenos, ahora inexplotados por la desidia estatal, se produciría más y de todo. El futuro de la agricultura cubana está en su glorioso pasado, el mismo que Murillo y los comunistas no quieren reconocer. Así les va.

Por ello, de nada sirve aumentar el período de usufructo de 10 a 20 años, porque el guajiro lo que quiere es que la tierra sea realmente suya, y poder trasmitirla a sus hijos y herederos. No se arregla nada con ampliación de plazos y concesión de prórrogas, porque ello no supone que el estado ceda el poder económico que impide que Cuba progrese en su agricultura. Si además, se incorporan medidas de control, “como causa de extinción del usufructo la utilización de financiamientos ilícitos” sin indicar muy bien a qué se están refiriendo porque en la Cuba comunista cualquier financiamiento se puede calificar de “ilícito”, y se impide la eventual subcontratación de las tierras entregadas en usufructo, mucho me temo que el año que viene, y el siguiente, estaremos en una situación mucho peor que la actual. Más aún cuando ya se amenaza con la aplicación de la “gradualidad los impuestos previstos en la Ley Tributaria concernientes al uso, posesión y ociosidad de la tierra”, lo que tiene naturaleza confiscatoria.

La segunda intervención de Murillo en el consejo de ministros giró en torno al “propósito de perfeccionar el trabajo por cuenta propia” y a tal fin, dio a conocer en la reunión “un conjunto de medidas que contribuirá a mejorar la organización y el control de esta modalidad que hoy ejercen más de medio millón de personas”. Murillo considera que “esta realidad, en referencia al trabajo por cuenta propia, confirma su validez como fuente de empleo, al tiempo que incrementa la oferta de bienes y servicios, con niveles aceptables de calidad”. Para añadir, a continuación, los problemas y que “han sido detectadas desviaciones en el diseño de la política como la utilización de materias primas, materiales y equipos de procedencia ilícita; incumplimientos de las obligaciones tributarias y subdeclaración de ingresos; imprecisiones e insuficiencias en el control; y deficiencias en la contratación económica para la prestación de servicios o productos entre personas jurídicas y personas naturales”.

Malas noticias para los emprendedores cubanos que a partir de ahora pueden comprobar como la represión económica también se incrementa sobre ellos. No cabe duda que el diagnóstico de los problemas ofrecidos por Murillo tiene su origen en el deficiente sistema institucional diseñado por el castrismo para las prácticas del trabajo por cuenta propia, y desde luego, una mayor libertad y flexibilidad del mismo podría suponer una solución automática para problemas que proceden de la raíz burocrática, ineficiente y controladora del sistema. Añade Granma que “sobre este tema la prensa cubana ofrecerá más detalles como parte del proceso de divulgación que acompañará la implementación de las modificaciones”. La campaña de propaganda está servida.

El tercer punto de la intervención de Murillo abordó la situación de las cooperativas no agropecuarias. Y señaló al respecto que “tras cuatro años de iniciada la experiencia y luego de varias evaluaciones, se requiere una actualización de la política para el funcionamiento de esta forma de gestión no estatal”.

En este caso, añadió que “la prioridad del proceso experimental se encamina a concentrar los esfuerzos en consolidar las 429 cooperativas ya constituidas” y no aprobar más, lo que indica que se apuesta por la concentración y rigidez de la oferta, que es una de las peores estrategias económicas por sus incidencias negativas sobre las distintas variables (precios, consumo, gasto, bienestar). Como sucede en todos los experimentos “actualizadores” de la economía castrista, “se pudo comprobar que han existido desviaciones de la idea original para las cuales fueron creadas; así como falta de rigor y exigencia en el seguimiento, control y fiscalización; tendencia al incremento de los precios; y utilización de los créditos bancarios con fines diferentes a los conceptos para los cuales fueron otorgados”, una vez más, el estrecho marco institucional creado por el régimen para estas cooperativas condiciona la aparición de problemas y como consecuencia de ello, las medidas de represión y control anunciadas. Ello a pesar de reconocer que estas cooperativas “constituyen una alternativa para liberar al Estado de la administración de actividades económicas, productivas y de servicios que no se consideren principales”.

Murillo ha perdido mucho de su espíritu reformador. El liderazgo de las transformaciones se ha detenido y se orienta por lineamientos de inspiración comunista y estatalista que dejan poco espacio para la libertad. Ese perfil bajo debe responder a algo o alguien. Hay quien piensa que le han comido el terreno. Él sabrá.

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