Los emprendedores privados no necesitan del plan, pero si de apoyo económico y financiero

Elias Amor Bravo, economista

Por enésima vez en 61 años, un nuevo plan se diseña por los dirigentes de la economía cubana para intervenir, dirigir y controlar el comportamiento de los agentes económicos. Es el credo principal del estalinismo bolchevique del siglo pasado, que es posible lograr que los agentes económicos respondan a un modelo organizado e intervenido centralmente por el mercado. Disciplina económica y control político. 

Un modelo implantado por la fuerza revolucionaria en Cuba, y cuyos resultados son bien conocidos de todos: ni se cumplen las metas, ni se obtienen los resultados previstos, ni se consigue una cierta racionalidad en la gestión de los recursos y la implementación de las políticas públicas. Y lo que es mucho peor, el nivel de vida de los cubanos cada vez es peor, y el único deseo de generaciones tras generaciones es huir de la isla hacia los países que tienen un sistema económico completamente distinto.

Hace años que europeos del este, rusos, chinos, vietnamitas… dijeron adiós a este modelo social comunista para orientar sus economías hacia la propiedad privada, el mercado y la libertad de empresa como ejes directores. Desde que tomaron esa sabia decisión sus países han mejorado en niveles de renta per cápita, en productividad y competitividad con la irrupción de sólidas clases medias, que han modernizado las empobrecidas estructuras obsoletas comunistas.

A los ojos del mundo, Cuba es de los pocos países que sigue anclado en una ideología de fracasos económicos que solo es compartida con Corea del norte y que, además, se resiste a cambiar, llegando a plasmar en una constitución reciente los mimbres intervencionistas del modelo.

Estando las cosas como están, y en un mundo global y digitalizado, a las puertas de la cuarta revolución industrial, y que afronta una grave pandemia que arroja notables niveles de incertidumbre, los comunistas cubanos vuelven a anunciar una nueva edición del plan de la economía para 2021. Y el encargado de presentar el documento es el ministro del ramo anta la Asamblea nacional donde los diputados asistentes se limitaron a escuchar y dar su apoyo a lo que volverá a ser un nuevo fracaso.

Dejando atrás dos años en los que el PIB de la economía cubana ha descendido un -0,2% en 2019 y un -11% en 2020, el Plan de 2021 se elabora bajo el principio de asegurar, como objetivos esenciales, los alimentos; combustibles; fertilizantes y plaguicidas; medicamentos; las demandas de la defensa y la prioridad en los financiamientos para la industria nacional; haciendo efectivo el propósito de no importar lo que podamos producir eficientemente en el país. Es inconcebible que el estado comunista cubano crea que puede asumir ese papel de asegurador de la actividad económica, cuando realmente el mercado, las empresas privadas y las personas son mucho más eficientes, cuando tienen libertad para hacerlo.

Y de nuevo, los objetivos se pretenden conseguir con más centralización de la economía, más planificación, más presencia de las empresas estatales, y recurriendo de soslayo a la actividad económica privada, ni siquiera ofreciendo un espacio para la colaboración público y privada en línea con las recomendaciones de los organismos internacionales, que Cuba no atiende. No hay reformas estructurales en el marco jurídico de derechos de propiedad, tan solo acciones parciales orientadas al aburrido y eterno objetivo del perfeccionamiento del proceso de planificación, una tarea que se ha visto que es inalcanzable, teniendo en cuenta los resultados.

Inasequibles al desaliento, el todopoderoso Plan económico castrista presenta dos aspectos que se consideran esenciales por los autores del mismo pero que no tienen ni pies ni cabeza desde la racionalidad económica.

De un lado, se habla de descentralización gradual en la distribución de divisas a la economía, reteniéndose por las entidades parte de la liquidez por exportaciones; ventas a la Zona Especial de Desarrollo Mariel y a la red mayorista y minorista que comercializa en moneda libremente convertible. Las divisas deben ser de quién las genera, y el sistema bancario asegurar que las mismas cumplan con los objetivos establecidos. Cualquier injerencia estatal, acaba siendo contraproducente.

De otro de la aplicación de medidas para la empresa estatal, dotándolas de mayor autonomía para decidir sobre sus producciones, inversiones y financiamientos; así como la introducción de incentivos a la gestión empresarial. Las empresas estatales necesitan un régimen jurídico más eficiente para su funcionamiento y tienen que operan en condiciones similares a las privadas. No hay alternativa salvo en los monopolios naturales.

Ninguno de los dos van dirigidos especialmente a favorecer el desarrollo de los emprendedores privados, cuya orientación al mercado interno presenta numerosas debilidades ante el escenario provocado por la entrada en vigor de la tarea ordenamiento. El gobierno mueve sus cartas y en el reparto, beneficia al aparato estatal de su pertenencia. De ese modo, los objetivos de la planificación se alejan de la economía real, de la más productiva y eficiente. Y una vez más se podrá comprobar que no sirven para potenciar la producción agropecuaria, ni para asegurar los productos de primera necesidad de la población que seguirá padeciendo de las insufribles e interminables colas, salvo para quiénes tengan acceso a dólares; ni tampoco va a servir para priorizar las exportaciones, ni la mejora gradual del turismo.

Tampoco el plan logrará mantener el control sobre el endeudamiento externo del país y se volverá a aplazar el pago de la deuda externa provocando el lógico enfado de los acreedores y menos atracción a los inversores extranjeros, en particular, los que puedan colocar el dinero de su propiedad en la ZED del Mariel, el gran fracaso del régimen que sigue sin despegar.

También el plan verá como no se mejoran las ventas de las entidades nacionales a la red de tiendas que comercializan en moneda libremente convertible, porque las remesas que envían las familias se verán resentidas por la crisis económica que golpea a todos los países y la posibilidad de conseguir dólares dentro de Cuba es escasa.

Lo han propuesto, pero realmente no se lo creen. Los autores del plan quieren lograr el encadenamiento productivo del sector estatal con el no estatal y la inversión extranjera, pero no lo pueden conseguir si los emprendedores privados cubanos no están autorizados a realizar acuerdos de cooperación con los extranjeros, y no parece que vayan por ahí las iniciativas. 

Por otra parte, hablan de insertar la participación de las Formas de Gestión no Estatal en el Plan de la Economía, y si lo consiguen, acabarán por destruir ese 30% de valientes cubanos que se han lanzado a poner en marcha sus proyectos independientes. Lo han hecho precisamente por eso, porque no quieren depender de los burócratas comunistas. Si los “insertan” en el plan, acabarán con ellos. 

Cosa bien distinta es la desatención palmaria que el gobierno ha mostrado hacia los emprendedores privados. Si realmente el gobierno y el plan tienen interés en dar ayuda a los emprendedores, que planteen fórmulas financieras y fiscales que acrediten la solvencia y viabilidad de emprendedores que no necesitan “plan estatal”. Ellos representan la libertad económica que Cuba necesita.


Comentarios

  1. Muy acertado...pero además creo que con el efecto de la devaluación y la consiguiente perdida de los ahorros y el poder adquisitivo de la moneda, sumándose a la ecuación la fijación de tope de precios, los emprendedores están destinados. Que se cojan confesados por que les estan tirando a matar.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Murillo y la Tarea Ordenamiento: la culpa es de otros

El castrismo ante la encrucijada del modelo de turismo

¿Qué pasará con el peso cubano?