Díaz Canel: eliminar formalismos, trabas y burocracia para la Tarea ordenamiento

Elías Amor Bravo, economista

De pronto, se han encendido las alarmas. Ahora resulta que la fórmula de Díaz Canel para la Tarea ordenamiento consiste en “eliminar los formalismos, evitar las trabas y la burocracia, trabajar con inteligencia y con agilidad”. Insisto. Esto no lo dice un economista liberal que quiere lo mejor para su patria, sino el presidente del régimen político actual de Cuba, en unas jornadas en Pinar del Río con dirigentes comunistas provinciales y locales, de las que se ha hecho eco la prensa oficial. 

Ya no saben qué decir. De perdidos al río. Y eso que aún no ha transcurrido ni un mes de la Tarea ordenamiento. Pero ya han ocurrido muchas cosas. Aumentos de precios descontrolados sobre todo en los bienes y servicios estatales, “corralito” bancario a los titulares de depósitos en dólares en los bancos estatales, campañas de acoso y represión contra vendedores de todo tipo, incrementos desmesurados de tarifas, subidas de salarios y pensiones que se quedan atrás, preocupación general por la eliminación de subsidios y un tipo de cambio del peso con el dólar en los mercados informales que nada tiene que ver con el que han fijado las autoridades. Un huracán está sacudiendo la sociedad cubana. Cualquier previsión del escenario se ha quedado corta, lo mismo que los objetivos del régimen de lograr más productividad, rendimiento, o eficacia con la aplicación de la Tarea ordenamiento.

El mensaje de Díaz Canel a sus seguidores comunistas en Pinar de Río crea más incertidumbres y dudas con respecto a lo que desean conseguir los dirigentes. ¿Qué sentido tiene pedir eliminar formalismos, trabas y burocracia? Y por otro lado, reforzar las medidas de inspección, vigilancia y control, creando un escenario en el que la presunción de inocencia ante determinados “delitos” es eliminada de un zarpazo. Al mismo tiempo, se insiste en el cumplimiento de normas contables, tantos años olvidadas por las prioridades revolucionarias de los tiempos del Che Guevara, en busca, infructuosa, de referencias que permitan comparar la economía cubana con el resto del mundo. Por si no fuera suficiente, no ha funcionado ni uno solo de los estímulos que el régimen confiaba que sirvieran para incentivar las exportaciones, el ahorro, la búsqueda de empleo, en tanto que se ha generado una cierta sensación, bastante extendida, de “sálvese quien pueda” en la que muchos perciben la derrota definitiva de las llamadas “conquistas de la revolución”.

La receta de Díaz Canel para este caos sobrevenido en la gestión de la Tarea ordenamiento no se apartó del guion ya utilizado anteriormente, e incidió en “trabajar con precisión, profundizar en las normas y ser innovadores y creativos en la implementación que llega a todas las personas y a todos los ámbitos de la sociedad”. Lo cierto es que ya pasó el momento para abrazar estas propuestas de acción. La urgencia de los acontecimientos y los graves problemas que se vislumbran en el escenario económico a corto plazo, dejan poco espacio para “juegos florales” y lineamientos más o menos optimistas, y requiere una acción política diferente, orientada a salvar la situación actual que pasa por ser una de las peores desde los tiempos del llamado “período especial”.

El propio Díaz Canel reconoce errores en la aplicación de la Tarea ordenamiento, justificando así el inicio de estos “recorridos” y jornadas provinciales, de los que, como ocurre con otras arengas de Machado Ventura o Valdés Mesa, no se debe esperar mucho. Tan solo justificar un expediente administrativo para cuando la situación sea insostenible decir, al menos hicimos lo que pudimos. Pero eso no es bastante. Y los cubanos, lo saben.

Entonces, ¿Qué es lo que se tiene que hacer? ¿Es correcto el enfoque de Díaz Canel, situando los  problemas a resolver en la dinámica desfavorable de los precios mayoristas y minoristas? ¿Se resuelve al asunto obligando a las empresas a rebajar sus precios de forma inmediata? ¿Acaso el incremento de la búsqueda de empleo por la gente se puede considerar un factor positivo de la Tarea ordenamiento?  ¿Tiene razón Díaz Canel al afirmar que ya se tiene un mejor conocimiento de dónde están las dificultades del proceso?

Basta atender a lo que se dice en estas reuniones para concluir que los dirigentes comunistas están absolutamente alejados de la realidad. Y perdidos. Sus propuestas consisten en actuar con contundencia contra las personas “inescrupulosas”, contra los “coleros, revendedores y acaparadores”, pero esta no es la solución, sino abrir espacios para la libertad económica, restaurando un marco jurídico estable en el que se respeten los derechos de propiedad privada de los cubanos, en que el mercado sea el instrumento para la asignación de recursos, y en que la libertad de empresa sea compatible con las empresas y entidades estatales en la dirección de la economía. No hay alternativas a este modelo, por el que han apostado China, Vietnam y otros aliados comunistas cubanos.

No es posible conseguir mayor motivación de la gente, si no hay libertad de elección, lo que implica lograr que los precios sean las señales que permitan definir los comportamientos libres y voluntarios de oferta y demanda. No es posible comprar los alimentos cotidianos, ni elegir una profesión o buscar un empleo, ahorrar o invertir, si no se activa la libertad de las personas para elegir aquello que desean y pueden. Ahí reside la motivación para trabajar y construir un patrimonio de riqueza personal, que debe servir para romper la dependencia actual de los cubanos de un estado que ya no puede crecer más, porque rebasa el 75% del PIB y su déficit va más allá del 20% de la economía, y eso es insostenible.

Se ha perdido con la Tarea ordenamiento una oportunidad para abrir espacios, realmente, a la economía privada en Cuba y promover la transición hacia las libertades. No es sostenible ni recomendable apoyar la recuperación económica del país en ejes estratégicos del desarrollo económico y social que pasan por más estado, más empresa estatal y menos libertad económica. Y por eso, reconocer, públicamente, como ha hecho Díaz Canel, que se necesita “eliminar los formalismos, evitar las trabas y la burocracia” crea más incertidumbre y preocupación.

La resignación de apostar por actuaciones erróneas, como la producción local de alimentos para dar de comer a la población, o reconocer públicamente que no es posible obtener más divisas en el exterior, culpando a otros de los errores propios y de la imposibilidad de importar materias primas y bienes intermedios necesarios para la economía, destrozan un discurso político que no interesa y que pide a gritos un recambio urgente en línea con las recomendaciones anteriores.


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