El error de Murillo: no se crea riqueza aumentando salarios

Elías Amor Bravo, economista

No hay nada peor en la gestión de las políticas económicas de un país que interpretar de forma errónea las tendencias y los hechos que se producen en cada momento del tiempo. Pero mucho peor es hacerlo de manera parcial, sin referentes teóricos adecuados o los instrumentos necesarios.

Es increíble que en el gobierno cubano, con un ejército de “planificadores” al frente de la dirección y control de la economía, el ministro Murillo haya cometido un error grave en su valoración del aumento del número de personas que han solicitado empleo en las direcciones municipales de trabajo, tal y como se explica en una nota en Granma titulada “Más de 29.000 personas solicitan empleo”. El señor Murillo se felicitó de este dato, que asoció, y aquí viene el error, “a los cambios que trae consigo 2021, la nueva fórmula de ingresos para los trabajadores cubanos ha despertado el interés de no pocas personas”.

Apuntando a este tipo de cosas, el señor Murillo se pone del lado de uno de los principios económicos básicos, que la oferta de trabajo reacciona al salario (que es el precio de mercado del trabajo) y que cuando los salarios aumentan más gente acude a ofrecerse a las empresas. Más o menos lo mismo que en los mercado agropecuarios que los dirigentes comunistas son incapaces de activar y llenar de mercancías para que la gente encuentre de todo sin hacer colas.

A ver si ahora los dirigentes comunistas van a saber cómo se tienen que hacer las cosas. Es motivo de satisfacción. Estas son las cosas del Buró político comunista cubano, que en estos tiempos complicados van de un lado a otro como un péndulo, aferrándose lastimosamente a cualquier dato que les proporcione un respiro, con tal de mantenerse en el poder a cualquier precio.

Por todo ello, y porque el mercado laboral tiene unas características específicas, este post quiere explicar al señor Murillo por qué tiene que rebajar las expectativas sobre el aumento de personas en busca de empleo. Es muy simple, de nada sirve que haya oferta abundante de empleo, si falla el otro lado de la ecuación, la demanda.

Esta, la demanda de trabajo, en Cuba y en todos los países del mundo, depende de la actividad económica general, de las empresas, de las expectativas de negocio, de la productividad del trabajo, de los cambios en la tecnología. Estos y otros muchos factores, entre ellos el salario, determinan la demanda real de trabajo de las empresas, y eso sirve para que los 29.000 cubanos que han acudido a las direcciones provinciales en busca de un empleo, lo encuentren definitivamente. Y aquí reside el quid de la cuestión.

¿Ha identificado alguien en las empresas cubanas, sobre todo estatales, alguno de los factores antes citados que están detrás del aumento de la demanda de trabajo? Desde luego, yo no. El clima de actividad económica es crítico, con una caída del PIB en 2020 del -11%. Las empresas, estatales y privadas, en Cuba se encuentran inmersas en la aplicación de la Tarea ordenamiento, donde se espera un aumento e las exportaciones a resultas de la devaluación del peso con el dólar, pero del que nada se sabe hasta ahora. Las ventas al exterior siguen estancadas, porque las exportaciones, como bien saben los tabaqueros o los hoteleros, no dependen solamente del tipo de cambio, sino de muchas más cosas. Y eso otro, ni está ni se le espera. Nadie en el equipo dirigente comunista cubano ha pensado en ello, al menos de momento.

Por ejemplo, una buena noticia sería que esos 29.000 cubanos que han ido a apuntarse a las direcciones provinciales en busca de empleo se orienten hacia la necesidad de especialistas en comercio exterior (conocimientos de idiomas, de comercio exterior, marketing y ventas) que muchas empresas van a necesitar, sobre todo aquellas estatales que no precisarán los servicios de intermediación creados por Malmierca para el sector privado. Pero no, los que buscan empleo no parece que se hayan activado por esa mejor evolución de las empresas, que sigue sin producirse. La parálisis inversora, la crisis agropecuaria, el bajón turístico, las fuentes de empleo están paralizadas.

El señor Murillo atribuye el aumento de la oferta de empleo al nivel salarial más elevado que surge de la Tarea ordenamiento, y que no es otra cosa que un factor multiplicador ajustado a la dinámica de los precios, que al parecer ya se ha quedado pequeño en numerosos productos y servicios. Pan para hoy y hambre después. No existe el menor respaldo de productividad a los aumentos salariales aprobados por el régimen, de modo que su vigencia será efímera, y acabarán creando una espiral de precios y salarios, una inflación descontrolada, difícil de manejar por la dimensión del déficit público, en el nivel del 20%.

Desde esta perspectiva, la nueva estrategia económica y social, en el sector productivo, no va a permitir la necesaria creación de riqueza en el país, de la que tanto habla el señor Murillo. Por el contrario, la estrategia destruye esa riqueza necesaria para la economía, porque apunta en la dirección contraria: no más libertad económica, propiedad privada y mercado, sino más estado, más planificación e intervención. En suma, más de lo mismo.

De otro lado, la ministra de Trabajo y seguridad Social, dijo en mesa redonda hace unos días, “que la intención del país con la reforma del salario y otras transformaciones económicas es que crezca el ramo empresarial y que los empleos se generen en función del desarrollo local y de las necesidades de los territorios”. Es decir, más empleo estatal, precisamente el que menos se necesita, y que fue el detonante de las reformas en favor del trabajo por cuenta propia de Raúl Castro. Esa vuelta al empleo estatal, cuando el privado no ha conseguido ir más allá del 30% actual, es un atraso que va a suponer mayores rigideces, “trabas” como dice Díaz Canel, para la economía.

Esa idea de que es posible crear riqueza y distribuirla por medio de la transformación de los ingresos generando un mayor volumen de empleos en el sector productivo, es un grave error, porque no se trata de crear empleos sin más, sino que los puestos de trabajo de la economía respondan realmente a la productividad y eficiencia de las empresas. Ha llegado el momento de afianzar las estructuras de las plantillas para acabar con los elevados niveles de sobrempleo con que operan numerosas empresas estatales y la práctica totalidad del sector presupuestado. La realidad es que con las estadísticas oficiales de la ONEI el nivel de ocupación en Cuba, desde 2013, ha descendido casi un 15% y esto no se puede atribuir solamente a las tendencias demográficas de la población.

Si se pretende que el empleo aumente y la población activa lo haga también hay que apostar por la productividad del trabajo y no solo por mayores salarios. El señor Murillo debe integrar en su análisis oferta y demanda, porque si no lo hace interpretará de forma errónea los hechos. Como en este mismo caso. Tiene tiempo para rectificar.

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