Trabajar con rigor y disciplina, ¿arregla algo?



Elías Amor Bravo, Economista

La economía castrista, sumida en una grave crisis de impagos, hace aguas a pesar de los famosos 'Lineamientos'.

La gravedad de la situación de impagos entre unidades de producción en la economía castrista ya no es un rumor entre las cancillerías en La Habana. Es un asunto público y notorio que se ha convertido en tema principal de la última reunión del Consejo de Ministros del pasado viernes 28, presidida por un Raúl Castro empeñado en que la gente trabaje "con rigor y disciplina".

Demasiadas veces hemos escuchado al dirigente militar expresarse en estos términos, pero la insistencia y la tenacidad vienen a confirmar que el asunto está fuera de control. Aunque el gobernador del Banco Central, Ernesto Medina Villaveirán, utilizó su intervención para justificar "una discreta mejoría en las cuentas por cobrar y por pagar vencidas", la idea es que todavía queda mucho por hacer. La realidad es que la morosidad en los cobros y pagos continúa siendo muy elevada, y que se concentra, sobre todo, en un grupo de organismos con importante peso en la economía.

Hace unos días, Eliecer Ávila, en Diario de Cuba, explicaba las razones por las cuáles fracasan los negocios por cuenta propia en Cuba. Pero, ¿es que acaso creyeron que iba a ser fácil? Y todavía más importante, ¿pensaron en algún momento que los "Lineamientos" iban a resolver el problema?

Los dirigentes de la economía castrista, uno de los últimos reductos de la "guerra fría", en la que convergen los dos ejes de la ineficiencia, a saber, propiedad estatal de los medios de producción y planificación central de las decisiones económicas, están alarmados por la abrumadora existencia de cuentas por pagar y por cobrar entre las entidades de un mismo ministerio, lo que se transmite como una espiral al resto de la economía, elevando las proporciones de la cadena de impagos.

Esta dirigencia comunista, que todavía cree que "el socialismo se puede actualizar", está además actuando en la dirección menos adecuada para resolver el problema. Una vez más, la apuesta por el intervencionismo y el control supone más costes que beneficios. Esta enfermedad de impagos generalizados no se resuelve realizando de forma sistemática "la conciliación de deudas, documentarlas con letras de cambio que respondan a las posibilidades reales de pago y lograr que sean los contratos quienes rijan la actividad económica y financiera". Está bien que se preocupen alguna vez por las normas contables, que despreciaron hace medio siglo, pero el origen del problema actual es mucho más grave.

Y desde luego, no es como dijo Raúl Castro, con "más trabajo y con rigor y disciplina" como se resuelve este entuerto. Pretender eliminar la desorganización que conduce al derroche, al robo y a la negligencia en un sistema comunista, conciliando deudas y tratando de respetar plazos, es poner pequeños parches al herido de muerte, que en absoluto va a mejorar su estado.

Pensemos en cualquier economía capitalista, donde la propiedad privada rige las relaciones jurídicas entre los agentes económicos, es decir, cada uno es dueño de lo suyo, y ningún poder institucional puede robar lo que se tiene, y en la que el mercado es el instrumento básico de asignación de recursos vía la información neutral y transparente que transmiten los precios. ¿De qué desorganización hablamos, derroche o robo, e incluso negligencia en este sistema?

En este tipo de economías, en la que cada uno sabe a qué atenerse, y no existe un dirigente comunista que recarga las decisiones económicas de valores ideológicos trasnochados de la "guerra fría", las cosas funcionan razonablemente bien. Todos los días podemos comer pan caliente, en el supermercado encontramos una oferta amplia de todo tipo de productos, la luz y los servicios funcionan, existen servicios públicos, como sanidad y educación. Podemos comprar y vender libremente lo que está jurídicamente documentado a nuestro favor. Miles, millones de decisiones se adoptan en cada instante, y nadie, con una pretendida superioridad moral, tiene que decir lo que se debe hacer. Y no hay fracaso alguno, tampoco pérdida de tiempo o incumplimientos y desorganización.

Hora es de llamar a las cosas por su nombre, y dejarse de engañar a la sociedad y al mucho entero. La grave crisis de pagos de la economía cubana reside no sólo en la reducción del tamaño de su PIB, excesivamente concentrado en la gestión única del Estado, al que obligatoriamente se le está practicando recortes sistemáticos, sino en la capacidad de la economía que tiene una ineficiencia para obtener recursos financieros en el exterior que alimenten la circulación monetaria interna.

Las medidas de los "Lineamientos" están provocando lo que nos temíamos. Una peligrosa entropía que acabará por eliminar cualquier vestigio económico organizado. Fracasan las unidades de producción estatales porque no pueden pagar ni cobrar, y arrastran en su caída a cuentapropistas, arrendatarios, bancos y cooperativas. Un auténtico desastre de organización. Las estadísticas de ONE no engañan, el único sector que continúa creciendo en los últimos años es el presupuestado, el que depende del Estado. Todas las reformas de los cuentapropistas, la entrega de tierras, las permutas de viviendas confiscadas, etc, no hacen más que generar un peligroso agujero negro por el que se irá enterrando todo, si no se adoptan las únicas decisiones que pueden hacer que una economía funcione: la libertad de empresa y los derechos de propiedad. El resto seguirá siendo reuniones de patio de vecinos.

Tomado de Diario de Cuba, 3 de octubre de 2012

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