Malas noticias, peores augurios


 

Acaba de ser publicada por la Oficina
Nacional de Estadísticas de Cuba, ONE, el documento "Sector agropecuario. Indicadores seleccionados, enero-diciembre 2012", que muestra, a partir de una serie de datos estadísticos, por qué la economía castrista sigue teniendo problemas para dar de comer a los cubanos, viéndose inmersa en la necesidad de realizar cuantiosas importaciones de productos agrícolas.
Elías Amor Bravo, economista






La agricultura castrista aparece ante el analista externo como un sector catastrófico, consecuencia de las políticas adoptadas por el régimen revolucionario en sus primeros años, bien conocidas de todos: confiscación y robo sistemático de propiedades a sus legítimos dueños, limitaciones en la superficie de tierra explotada por privados, obligatoriedad de producción y de venta al Estado, fracaso en suma de la planificación estatal.
En los últimos años, la política de los "Lineamientos", introducida por Raúl Castro para "actualizar el socialismo", ha dado algunos pasos en la línea de liberalizar la pesada e ineficiente estructura creada por Fidel Castro. Pero los resultados dejan mucho que desear. En esta publicación que acaba de divulgar ONE en su página web, se comprende por qué.
La postración, improductividad e ineficiencia del sector es consecuencia de un modelo de derechos de propiedad que consagra al Estado totalitario como dueño principal, frenando las transacciones libres a través de los precios de mercado. Esta resistencia del régimen castrista a la libertad económica es similar a lo que plantea respecto de las libertades políticas. Países que han tenido éxito en el viaje de las obsoletas estructuras estalinistas al capitalismo, como China y Vietnam, apostaron por la libertad de su agricultura, la extensión de la propiedad privada y el comercio libre. Los resultados con respecto al castrismo simplemente no admiten comparación.
En esta publicación elaborada por ONE, que presenta datos de 2012, se observa la mediocridad del alcance de las reformas introducidas en la agricultura, y la imposibilidad de que estos cambios estéticos y parciales puedan dar solución a los graves problemas de fondo de la economía nacional.
En primer lugar, se observa que en 2012 la participación de la venta que los agricultores pueden realizar libremente a los mercados agropecuarios —los que realmente alimentan a la población—, se mantiene en un bajo porciento del total. En hortalizas se ha alcanzado el porcentaje más elevado, con un 16%, seguido de las viandas, con un 10,2%. En plátanos apenas se alcanza otro 10% de la producción, en el maíz un 8,4% y en el arroz, de gran consumo diario, apenas un 2,3%. En los frijoles se alcanza un 6,5% y en frutas, los cítricos, otro 3,5%.
Cabe preguntarse entonces, quién es el que concentra la mayor parte de la distribución de alimentos en la Isla. La respuesta la tenemos en esta publicación. Las llamadas "ventas contratadas" a través de ese invento castrista, funesto para todos los cubanos, llamado Acopio, rara vez desciende del 50%, llegando al 84% en los cítricos y al 78% del arroz consumido.
En esta economía mediocre y controlada por el Estado, lo que las autoridades denominan "autoconsumo y ventas a trabajadores" que se producen en la misma dinámica estatal e ineficiente de la producción, se concentra más del 20% de la producción.
Esa baja participación de los mercados agropecuarios dificulta la alimentación de la población, mantiene los precios altos y en condiciones de fuerte subida, produce insatisfacción a los productores y arruina a los consumidores. Tal distribución debe evolucionar y adaptarse a lo que es normal en cualquier otra economía mundial: mayor peso de los mercados y de los precios libres en la atención a la demanda de los consumidores. Este simple cambio debería bastar para aumentar los registros anuales de producción, si se realizan las reformas en los mercados de aprovisionamiento, productos fitosanitarios, fertilizantes o mano de obra.
El recuento que se realiza en el informe de la evolución de la producción muestra unos resultados muy deficientes en la mayoría de productos agrícolas. Por ejemplo, se registran descensos en la producción con respecto al año anterior en tubérculos y raíces, un 2%; en particular, en papa casi un 22% de disminución; en hortalizas, una caída del 4%; que en el caso del tomate casi alcanza un 8%; en ajo, un 17%; cebollas un 18%; frijol, un 5%; en el caso del cacao, hasta casi un 40% de disminución; en los cítricos, un 33% de descenso respecto 2011.
En otras producciones se registran aumentos (pimiento, pepino, arroz, tabaco), pero en su mayoría, se trata de variaciones muy modestas y poco representativas en la dieta diaria de alimentación de la población.
Por otro lado, lo importante de estos datos de descensos más destacados es el hecho de que estos se explican por la caída registrada en la superficie de ámbito estatal, más que en aquella que se destina a usos privados.
El régimen observa con preocupación que la producción privada experimenta crecimientos muy significativos, mientras que los rendimientos en la superficie estatal caen en picado. En tales condiciones, la pregunta es, ¿por qué no se agilizan al máximo los procesos de entregas de tierras y se generalizan nuevas formas contractuales que permitan a los agricultores elegir libremente sus tamaños de explotación, producciones y procesos de asociación?
Y más. Si la producción agrícola se puede calificar de decepcionante, los datos relativos a la ganadería producen, cuanto menos, alarma. En porcino, que es básico en la dieta de los cubanos, se registra una caída de la producción del 18,3%, que en el caso de la carne reproductora cae hasta un 81,8% con relación al año anterior, lo que anticipa producciones más bajas en años próximos, y previsiblemente importaciones elevadas de Estados Unidos.
En lo que respecta a la producción avícola, los datos son incluso peores. Los huevos prácticamente disminuyen sus cifras en un 75,6% respecto a 2011, convirtiéndolos nuevamente en artículos de lujo. La carne para consumo desciende un 0,7%, que en el caso de las ventas totales llega a un 3,2%.
¿Por qué se producen estos resultados tan decepcionantes?
Una vez más, la respuesta se obtiene al comprobar que la producción destinada libremente a los mercados agropecuarios, alcanza, en promedio, menos del 10%, muy por debajo de los productos agrícolas, en tanto que las ventas obligatorias, a Acopio, suponen en ganado vacuno, leche, huevos y porcino, casi el 90% del total.
Mientras no se avance en la redistribución de la libre comercialización de productos, la agricultura castrista seguirá siendo un lastre.
Tomado de Diario de Cuba, 5 de febrero 2013

Comentarios

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