Balance de la agricultura castrista en 2013: ¿entre los incumplimientos y la falta de exigencia?

Elías Amor Bravo, economista

¿O tal vez hay algo más?

El Ministerio de Agricultura, Minag, acaba de realizar su balance anual y un artículo de Arianna Ceballo en Granma, da cuenta del mismo. En varias ocasiones he señalado que los principales problemas de la agricultura castrista tienen su origen en las transformaciones decretadas por la llamada "revolución" a comienzos de los años 60 que trastocaron el sistema jurídico de derechos de propiedad, concentrando por medio de la llamada "reforma agraria" los activos en manos del estado que, al mismo tiempo, pasaba a convertirse en decisor único de lo qué se produce, en qué cantidad y a qué precios, sustituyendo la función que la Economía atribuye a la institución del mercado libre.

A esa pésima elección política e institucional, dominio absoluto de la economía por el estado y planificación central, se añaden los bajos niveles de productividad sectorial, el exceso de empleo que se concentra en el sector y la ausencia de incentivos para la mejora. Como consecuencia de ello, la agricultura castrista no es capaz de producir lo suficiente para alimentar a la población y año tras año, el régimen tiene que importar alimentos que, casualidad, proceden de forma mayoritaria de Estados Unidos, con el que existe el contencioso del llamado "bloqueo".

Y con este panorama desolador, los cambios introducidos a partir de 2006 cuando Raúl Castro lanzó sus “Lineamientos”, se limitan a arreglos superficiales como la entrega en arrendamiento de las tierras ociosas invadidas por el marabú y la autorización para construir pequeños bohíos en el campo. No se ha actuado en lo más relevante, ni siquiera se han impulsado los cambios anunciados en la distribución y logística de los medios de producción y de los productos elaborados que se han quedado como "experimentos" en Mayabeque y poco más. Las reformas son tan solo arreglos cosméticos de cara a la galería europea, que siguen otorgando al estado totalitario, en este caso, al departamento del Minag, la máxima responsabilidad en la gestión de un sector que, una vez más, presenta un balance dominado por el fracaso.

Según el responsable del Minag, la agricultura en 2013 ha funcionado mal por los problemas financieros del sistema empresarial (las cuentas por cobrar y por pagar de siempre) y las bases productivas del organismo estatal, dotado de 12 funciones que enmarcan su modelo de actuación. El balance presentado por las autoridades es dramático: 86 empresas cerraron con pérdidas económicas, por un importe de 210 035 700 pesos. Por su parte, el sector cooperativo aportó alguna luz de esperanza,.al cerrar con más de 211 millones de beneficios, si bien otras 400 cooperativas registraron pérdidas, concentrándose el 47% de las mismas en las Unidades Básicas de Producción (UBPC). No hay datos de estas.  

Además, las pérdidas se produjeron en la ganadería (58 millones), en la Unión de acopio (69 696 000 pesos) y cultivos varios (48 820 000 pesos). Junto a las pérdidas, el Minag ha destacado los “incumplimientos” en diez producciones. Entre ellas se encuentran el frijol, el arroz consumo, la carne vacuna, la leche fresca, los huevos y los cítricos frescos, que tienen una gran relevancia en la dieta alimentaria de los cubanos.

En particular, y por lo que respecta al arroz, desde el Minag se indicaron dificultades en los retrasos en la siembra de frío y primavera —que provocaron el corrimiento de la cosecha—; la utilización de semillas de mala calidad; o las frecuentes “indisciplinas agrotécnicas y falta de seguimiento y control en algunas empresas”. Para gente que lleva trabajando tantos años en esta actividad, cuesta comprender por qué se pueden cometer estos fallos.      

Los datos relativos a la cabaña ganadera tampoco son positivos. Las autoridades reconocen que cuando se afirma que “la principal causa de muerte es el hurto y sacrificio, no es verdad”, El año pasado esta actividad costó solamente unas 14 mil cabezas, sin embargo, la mortalidad causó 184 mil muertes y solo en el mes de enero de este año afectó a 6 000 animales", indicadores de un deficiente funcionamiento del sistema veterinario, al que las autoridades atribuyen “falta exigencia y motivación para el trabajo". Esta situación puede ir a peor, ya que como señalan los responsables "hay que velar por la salud del animal, no es solo ir a verlo si está enfermo, tratarlo y ya, hay que atenderlo desde el punto de vista del manejo, la alimentación, las condiciones de tenencia y el cuidado".

Y de cara al presente año, los acuerdos que se han adoptado van en la misma línea de siempre, “fortalecer el control de la tierra y el control pecuario y prestar atención diferenciada y sistemática a la contratación y cumplimiento del encargo estatal por el sistema productivo”. De modo, que el año próximo los problemas seguirán siendo los mismos, ya que no se atiende la solución de raíz.

El sector agropecuario cubano, que alcanzó un notable grado de competitividad y productividad en los primeros 50 años de existencia de la República es víctima de los cambios introducidos por la llamada “revolución” a comienzos de los 60 y sigue sin levantar cabeza. Lo peor es que no se observan síntomas de mejora. Todo lo contrario. Y ya lo dicen hasta las autoridades.

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