Irán y Cuba, dos historias diferentes

Elías Amor Bravo, economista

Los iraníes conmemoran este martes el 35º aniversario de la revolución que convirtió su país en una República Islámica. Veinte años antes, los comunistas de Fidel Castro imponían por la fuerza una dictadura en Cuba. Unos y otros han evolucionado de forma distinta.

Los primeros aprovechan los festejos del aniversario de este año para intentar una cierta aproximación a la comunidad internacional superando el atávico enfrentamiento con EEUU y, claro está, de momento sin renunciar a los valores de la revolución islámica de Jomeini que muchos consideran pasada de moda. Los iraníes han descubierto que la negociación del programa nuclear convertido en una apuesta del sector más duro del régimen, es la plataforma que debe servirles para dejar atrás las sanciones que ahogan la economía y facilitar esa progresiva inserción de Irán en el mundo.

Los Castro y su propaganda de la guerra fría continúan atrincherados en la Habana, sin comprender que su futuro y el de su dictadura, está gravemente comprometido. Simplemente, que no existe. Se han inventado unos “Lineamientos” para introducir pequeños cambios cosméticos en la economía estalinista, sin que se ceda el enorme poder económico que reside en la cúpula del sistema y en el estado. Ni libertad de empresa, ni derechos de propiedad, ni tampoco mercado como instrumento de asignación van a permitir que abran rendijas en el patrimonio militar y de la seguridad del estado, que supone la mayor concentración de poder económico de América Latina.

Después organizan una cumbre de la CELAC para anunciar una integración latinoamericana al margen de Estados Unidos y estrechamente dependiente de la Venezuela chavista y de China, que trata de ejercer su papel de potencia emergente en la región. Y les sale bien. Durante varios días se inundan los medios de comunicación con imágenes de los mandatarios de América Latina, muchos de ellos participando en el show que Fidel Castro organizó para dejar a su hermano fuera de juego.

Por si fuera poco, la Unión Europea anuncia que va a negociar una nueva estrategia con la dictadura castrista que sustituya a la Posición común, y La Habana no protesta por las condiciones exigidas de partida, y desde Estados Unidos se anuncia que alguna encuesta pide  abiertamente el fin de las hostilidades con Cuba.

Hay que preguntarse qué ha podido suceder en el mundo para que se produzcan estos fenómenos, aparentemente distintos, en Irán y Cuba.

En Irán las autoridades han descartado el abandono del programa nuclear y reclaman negociaciones “justas” con las grandes potencias.  Unas palabras que buscaban contrarrestar las acusaciones de quienes le habían atacado de estar claudicando ante Occidente. Desde su llegada al Gobierno el pasado verano, se han hecho evidentes las tensiones y contradicciones que afronta. Hace apenas cuatro días, la máxima autoridad del país, el ayatolá Ali Jamenei, ha vuelto a sentir la necesidad de pedir tolerancia a la oposición conservadora que no deja de criticar la negociación nuclear con las grandes potencias. Ya se ha convertido en habitual que ante cada pequeño gesto o avance, los duros del régimen se lancen a atacar al presidente o al jefe negociador y ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif.

En Irán el paradigma está claro. Los moderados quieren incorporar al país al orden internacional, los duros se resisten, pero es evidente que debajo existe una corriente social de modernización que aspira a superar traumas del pasado y a que entre aire fresco en la nación. Que esas fuerzas de la moderación triunfen dependerá el éxito de los reformadores y desde luego, que Occidente sea capaz de valorar lo que significa que Irán deje de ser un foco de conflicto internacional.

Pero en Cuba no hay síntoma alguno de querer cambiar. La oposición política sigue siendo reprimida y los actos de repudio y de violencia contra inocentes se siguen organizando desde las filas del partido comunista y sus secuaces. No existe pluralidad política y cuando alguien se manifiesta al margen de la doctrina oficial, es reprimido. Es cierto que los blogueros independientes y algunos disidentes han podido acogerse a la reforma migratoria, pero cuando regresan a la Isla vuelven a ser víctimas de las misma vejaciones aumentando su infortunio. En Cuba, no existe la rivalidad política para los Castro. Simplemente se aplasta.

Raúl Castro no ha hecho una sola declaración en la que se cuestione aspecto alguno de la dictadura. El régimen continua alardeando su propaganda para actuar contra Estados Unidos, cada vez que tiene cualquier oportunidad, y trata de identificar apoyos internacionales para sus causas perdidas, como la liberación de los 5 terroristas detenidos, juzgados y condenados por la justicia de EEUU, que por cierto, ya apenas quedan dos tras las concesiones de libertad y cumplimiento de penas. Mientras tanto, languidece un ciudadano de EEUU en las cárceles castristas, simplemente por haber realizado acciones de cooperación al desarrollo en Cuba sin consentimiento de las autoridades.

Diaz Canel, el segundo de Raúl Castro, ha hecho alguna declaración a favor de la libertad de la prensa o el uso de la televisión, pero las informaciones que se publican en la Isla siguen estando controladas por la dictadura hasta el punto que recientes informes de organizaciones internacionales de prensa sitúan en Cuba uno de los países mas controlados.

No existe intento alguno por las autoridades de avanzar hacia la reconciliación nacional. No es posible. Demasiadas generaciones de cubanos han debido salir al exterior, por motivos diversos, y casualidades del destino, sus envíos de dinero a las familias son el principal sostén de la economía en las actuales condiciones. Nada nuevo bajo el sol. Todas las reformas de los llamados “Lineamientos” van dirigidas a desviar recursos de esa corriente de ingresos procedentes del exterior, que está teniendo un impacto muy destacado sobre la demanda de consumo interno y determinadas obras y reparaciones en las viviendas.

En las universidades castristas se sigue expulsando a los estudiantes que se enfrentan a la doctrina oficial, a pesar de que con ello hipotecan su futuro, ya que en Cuba no existen otras alternativas en el sector privado. La sanidad, la educación, los servicios sociales han experimentado deterioros notables como consecuencia de la política de envío de profesionales al exterior para obtener ingresos. Los salarios reales se desploman en presencia de bajos sueldos monetarios que apenas permiten llegar a fin de mes. El modelo de economía castrista se acaba, y no han preparado el recambio con suficiente antelación. Sin la ayuda de Venezuela, las cosas podrían ir mucho peor.  

Alguien ha dicho que los Castro nunca han tenido un enfoque político pragmático en sus relaciones internacionales.  Empezaron confiscando sin indemnización todo el capital productivo existente en el país al comienzo de la revolución, y eso ofrece una idea del escaso talante negociador. No conviene esperar gran cosa. La Unión Europea será la primera en experimentar las consecuencias de su nueva estrategia. Pero sin duda habrá más. Quiénes crean que Cuba puede seguir la misma dinámica que Irán, simplemente no conocen a los Castro.

Comentarios

  1. Todo estriba en que todavia no han sentido la perdida de poder, como todo pendejo es abusador hasta que se siente amenazado.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Los trabajadores por cuenta propia y el régimen castrista

La unificación monetaria: un reto a la vista

Las reformas que necesita la agricultura cubana