Una economía sin nombre y sin esfuerzos propios

Elías Amor Bravo, economista

Granma publica hoy el artículo con el título, “Por una economía con nombre y esfuerzos propios” en el que se presenta un análisis de la sesión de la Comisión de Asuntos económicos de la Asamblea nacional que contó con la presencia de los miembros del Buró Político del Partido Esteban Lazo, presidente del Parlamento, y el vicepresidente del Consejo de Estado Salvador Valdés. Lo que más parece un slogan de propaganda, en líneas generales, suena más a contradicción de ahí el título de esta entrada del blog. Veamos por qué.
Los miembros de la Asamblea dan apoyo, como no podría ser de otro modo, al dato de Murillo, de que la economía alcanzó un crecimiento del Producto Interno Bruto, PIB, del 4%, una cifra que mucho nos tememos, se ha estimado con datos de los primeros meses del ejercicio, y que no refleja las tendencias más negativas posteriores al verano y del último tramo del año, ya descritas en varios informes por la CEPAL y el Fondo Monetario internacional.
Además, ahora resulta que el crecimiento económico se sustenta, so­bre todo, en la industria manufacturera, un sector que en la economía continúa reflejando la debilidad de la estructura productiva y los bajos rendimientos del trabajo y del capital invertido, como consecuencia del obsoleto sistema de producción. En comparecencias anteriores, Murillo atribuía al turismo el éxito económico. Una vez una cosa, a la otra, una nueva. Tantos argumentos restan credibilidad a lo que dice el régimen. En todo caso, sería conveniente que las autoridades se fueran poniendo de acuerdo sobre cuáles son los motores impulsores de la economía para alcanzar ese 4%. La economía tiene que tener "nombre": industrial, agrícola, turística, etc. La economía castrista, hoy por hoy, no tiene nombre.
Murillo dijo ante la Asamblea que “le va quedando una asignatura pendiente a nuestra economía: administrar eficientemente los portadores energéticos”, un argumento ya utilizado en otros informes anuales, y que viene a confirmar que el aparato productivo de la economía castrista se está preparando, de nuevo con rapidez y sin un horizonte claro, hacia nuevas restricciones en las disponibilidades de petróleo de Venezuela, que ha debido trasladar a los Castro que se acabó la época del petróleo subvencionado y de las aventuras del ALBA. En cualquier caso, en el país del racionamiento, de los apagones y las carestías energéticas, parece una broma de mal gusto insistir en el ahorro energético. Lúgubre futuro para los cubanos. Menos nombre aún.
Y si falta nombre a la economía, ¿qué podemos decir de los esfuerzos propios a los que se refiere el ministro". Para ello, veamos qué se dice de las inversiones. Murillo señaló que para el año próximo, se prevén 7.800 millones de pesos, una cifra que si bien es superior “al estimado con que debe concluir el periodo actual”, continúa siendo inferior al 10% del PIB de la economía, un porcentaje que se considera mínimo para modernizar el aparato de las infraestructuras del país y prepararlo para un crecimiento más sostenible a medio y largo plazo. En todo caso, el régimen planifica sus inversiones de año en año, que en su totalidad son públicas dada la naturaleza del sistema de derechos de propiedad, pero rara vez ejecutan las previsiones, como consecuencia de las mismas trabas burocráticas existentes. Esfuerzos ciertamente baldíos.
Lo más asombroso es que, en declaraciones a la prensa oficial, Murillo señaló que “el plan de inversiones para el 2016 está muy bien organizado (…) porque las mismas tienen sus propias fuentes de financiamiento, en su mayoría externas”, aproximadamente el 33%. Es decir, una parte de los 7.800 millones van a venir de los empresarios extranjeros, alrededor de los 2.500 millones que se han negociado con el Club de Paris, asumiendo para ello, una vez más, “deuda para la economía”, que sin embargo, “al honrarla mediante el rendimiento de inversión ocurre lo que en términos económicos se conoce como endeudamiento sostenible”. Al final, nos van saliendo las cuentas. Nada de esfuerzo propio. El régimen es incapaz de generar sus propios recursos y el déficit en las cuentas del estado impide generar financiación interna para crecer.
Es bueno que los cubanos sean conscientes que los propietarios de las inversiones, en caso de ser extranjeros, no van a regalar nada al régimen, sino que la apuesta que van a realizar en Cuba es para obtener una legítima rentabilidad de los recursos empleados. Por tanto, pienso que en contra de lo dicho por Murillo ante la Asamblea, “no se les tiene que tener miedo”, sino respeto, y añado, las inversiones extranjeras pueden ayudar al desarrollo, pero como saben los economistas, “nada es gratis”. Ya veremos si de la carta a los Reyes magos se Murillo, le llega alguna cosa.
Además, Murillo afirma que el 58 % de las inversiones están asociadas a pro­gramas de desarrollo; para añadir el desglose “hay unos 1 300 millones en el turismo, después está el petróleo, las fuentes renovables de energía, y 600 millones para el sector agropecuario que apuntan al incremento de la producción de alimentos y a la sustitución de importaciones”, sin olvidar que en el “58 % de las inversiones, hay una parte importante asociada a la creación de capacidades para producir materiales de la construcción”.
Murillo volvió a insistir en la necesidad de “hacer un proceso inversionista eficiente” un enunciado que se viene repitiendo de año en año, insistiendo en lo básico, en la necesidad de tener en cuenta que una inversión se tiene que controlar, y una vez realizada, generar recursos. Que un ministro de economía tenga que explicar este tipo de cosas ante la Asamblea un 28 de diciembre suena a “inocentada” de las mejores, pero es de suponer que no sea así. 
La realidad es que los empresarios saben hacer esto de forma mucho más eficiente y lo vienen haciendo desde el origen de los tiempos, por lo que no tiene mucho sentido que el estado, el gobierno, tenga que decir a nadie lo que se debe hacer con su dinero. Este es otro de los brazos del llamado bloqueo interno de la economía castrista, que se observa claramente en estas sesiones de la Asamblea nacional cada año.
La Asamblea escuchó todos estos datos, dándoles su aprobación, como no cabría esperar otra cosa, y planteó a Murillo alguna pregunta sobre la Resolución No.17, inherente al sistema de pago por rendimiento, a la que el ministro anunció que se le va a quitar la penalización del salario mínimo para favorecer a los productores. Buena noticia. Ya veremos si se lleva a término. De igual modo, Murillo explicó que la Resolución No. 100, referida a la distribución de utilidades, está sujeta a modificaciones. Dos asuntos ciertamente importantes que no merecen más detalle en Granma, pero que podrían cambiar el curso de los acontecimientos de la economía castrista. Cabría suponer que este tipo de demandas proceden de los intereses de un sector cuenta propista que debe estar tocando las puertas de los miembros de la Asamblea para que, de algún modo, defiendan sus intereses. Ya veremos si se consolida. También, los parlamentarios preguntaron al ministro por las formas de pago para el sistema presupuestado y empresarial, insistiendo en la necesidad de poner en igualdad de condiciones a trabajadores estatales respecto a los de otras formas de gestión, donde se devengan salarios más atractivos. No se conoce la respuesta de Murillo. Tampoco la conocemos nosotros.

Una vez más volvió a surgir el tema de la dualidad monetaria y cambiaria, como consecuencia de las cuestiones planteadas por algunos miembros de la Asamblea, y Murillo continuó con el mismo planteamiento de siempre relativo a la complejidad de la gestión de estas medidas, de modo que 2015 volverá a ser un año perdido, en que no se den pasos hacia la normalidad monetaria en la Isla, tan necesaria para que el crecimiento se arraigue.

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