Revisando precios y transacciones en los mercados castristas

Elías Amor Bravo, economista

La Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) ha publicado el informe “Ventas de Productos Agropecuarios. Indicadores Seleccionados en el período de enero-marzo del año 2016 de Cuba” que adquiere singular importancia con el debate que se ha abierto recientemente, tras la decisión de los comunistas de topar precios para, según ellos, aumentar el poder de compra de la moneda.

La publicación ofrece información interesante que permite realizar un diagnóstico del impacto y alcance de las decisiones comunistas de intervenir en los precios. A ello se dedica este post. Cabe empezar estableciendo algunos conceptos que se utilizarán después y que se refieren a las instituciones en las que los cubanos pueden comprar productos agropecuarios de alimentación, a saber, los llamados mercados agropecuarios de oferta y demanda, cuya principal característica es que en ellos los precios se determinan libremente, según la oferta y la demanda. Podríamos considerar que son los mercados que más se aproximan a los que conocemos en otros países.

Además, están los mercados agropecuarios estatales, los que venden los productos con precios de acopio centralizados a precios minoristas máximos, y por tanto bajo control directo del estado y sus mecanismos de intervención sobre la economía. En mercados estatales de La Habana, Artemisa y Mayabeque se venden los excedentes a precios de oferta y demanda, por decisión de las autoridades comunistas, otorgando cierta autonomía para comprar los productos que comercialicen, y pueden ser abastecidos por las empresas agropecuarias, comprar a terceros y vender productos agropecuarios, frescos o elaborados autorizados. Una cierta flexibilidad a la que la dirigencia castrista ha puesto límites tras el congreso comunista.

Finalmente, están los llamados puntos de venta, que comprenden las ventas efectuadas en los puntos de venta o Kioskos que se administran por cualquier base productiva (estatal, U.B.P.C, C.P.A y C.C.S), utilizando a sus propios trabajadores, e igualmente pueden pertenecer a campesinos dentro de su área de producción.

El análisis de la distribución de las ventas en estas tres instituciones comerciales, por denominar de algún modo, confirma que tanto en 2015 como en el presente 2016 y en el período observado, los mercados estatales concentran la mayor parte de las transacciones, hasta un 52,4% en valor y un 54% en toneladas en 2015, pasando a un 54,3% en valor y 55% en peso en 2016. Los denominados puntos de venta en 2015 alcanzaron el 40,4% del total en valor y el 40,8% en volumen, y en 2016 el 39% en valor y un 40% en volumen, en cierto modo, van a la zaga de los estatales. Por último, los mercados de oferta y demanda representan tan solo en 2015 un 7,2% en valor y un 5,2% en volumen, y en 2016, un 6,7% en valor y un 5% en volumen.

Estos datos confirman básicamente que los mercados estatales continúan siendo los que concentran la mayor cantidad de transacciones de bienes agrícolas que consumen los cubanos, y que además, experimentan un crecimiento en su participación relativa, a costa de los puntos de venta, que se estancan en sus cifras, y de los mercados de oferta y demanda que caen en términos relativos. Esta fotografía es la realidad a partir de la cuál el régimen comunista ha decidido topar precios. 

Cabe preguntarse por qué, y la respuesta se encuentra en el análisis de las diferencias de precios unitarios entre las tres instituciones. Si se realiza el cálculo del cociente entre el valor de las transacciones y el volumen objeto de comercio, cabe obtener un indicador de valor que se aproxima bastante al precio medio. Si hacemos 100 el nivel del indicador, tanto de valor como de volumen, en los mercados estatales, se obtienen los siguientes resultados.

En 2015 y en lo relativo a productos agrícolas, en los mercados estatales se obtiene el índice 100 que ya se ha señalado. En cambio, en los mercados de oferta y demanda  el índice relativo se sitúa en 155 (un 55% por encima) y en los puntos de venta, el índice 120, también un 20% más caros. En 2016, los mercados estatales para los productos agrícolas vuelven al 100 como índice, los mercados de oferta y demanda, 152%, un 52% más caros, y los puntos de venta, 121, con un porcentaje similar. Esto significa que los mercados estatales pasan por ser los más baratos por sus ventas de productos agrícolas a precios más bajos, siendo los puntos de venta los siguientes, un 20% más caros, y los de oferta y demanda, con un 50% más de precio, los más caros.

Por lo que respecta a los productos ganaderos, los resultados no difieren. En 2015 y en lo relativo a estos productos, los mercados estatales vuelven al índice 100, los mercados de oferta y demanda, 140 (un 40% por encima) y los puntos de venta, el índice 107, también un 7% más caros. En 2016, los mercados estatales para los productos agrícolas alcanzan nuevamente el 100 como índice, los mercados de oferta y demanda, un 219%, un 119% más caros, y los puntos de venta, 177, con un porcentaje del 77% más caros. Una vez más, los mercados estatales venden los productos ganaderos a los precios más bajos pero además, en los mercados de oferta y demanda se ha registrado un incremento muy fuerte en el período considerado de 2016, que tiene más que ver con el descenso registrado en los primeros (-30,3%) que con el aumento del 8,9% registrado en los mercados de oferta y demanda.

Los resultados que se obtienen de este análisis confirman que para los cubanos, acudir a los mercados, es una tarea realmente asombrosa, con diferencias de precios superiores al 50% en función de la institución a la que decidan acudir a aprovisionarse de sus alimentos. Es difícil encontrar en las economías de mercado libre diferencias de precios de esta magnitud, para productos parecidos, viandas, carne de res, frijoles, maíz, plátanos, etc.  Como se ha señalado, los mercados de oferta y demanda son los que registran precios más elevados, y también son los que presentan un menor peso en las ventas totales realizadas. 

Por el contrario, los puntos de venta aparecen como un serio rival de los mercados estatales, y en ellos, la función de acopio no está bajo el control comunista, lo que garantiza una mayor continuidad de los surtidos. El régimen castrista ha dibujado así una estructura de mercados y precios profundamente asimétrica e injusta, que plantea serios obstáculos a la libre elección de los consumidores y que genera graves y profundas diferencias sociales. El sostenimiento artificial de los precios por medio de subsidios e intervenciones directas no es una solución. 

Una mayor competencia y libertad de comercio permitiría romper esta estructurada estancada en la que los rígidos mecanismos de ajuste existentes, impiden la necesaria flexibilidad de productores y distribuidores. Mientras que el régimen solo atiende a la inversión extranjera y la captación de recursos internacionales para los proyectos faraónicos como el Mariel, está descuidando el patio trasero. Mala decisión. Cuando los cubanos conozcan estas diferencias, protestarán. No me cabe la menor duda.

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