La banca intenta atrapar a los cuenta propistas



Elías Amor Bravo, economista

Los bancos son, en cualquier país del mundo, excepto Cuba, instituciones privadas que desempeñan un papel fundamental en la economía al intermediar entre los que tienen ahorros y los que piden préstamos. Por realizar esta relevante función, los bancos ayudan al crecimiento de la economía, de la renta, la riqueza y el empleo, y como consecuencia, ganan dinero y retribuyen a sus accionistas que suelen ser millones de personas.

En Cuba, como los bancos son entidades estatales, se pierde este objetivo fundamental que debe guiar la operatoria bancaria (ganar dinero, rentabilidad) por lo que el contraste con el resto del mundo no resulta posible.

Hay que detenerse a observar la operatoria del sistema para trazar sus principales características. Se descubre, por ejemplo, que los criterios que sirven para otorgar préstamos son políticos, discrecionales y lo que es peor, las reformas “revolucionarias” eliminaron la historia de la operativa bancaria. Recuerdo que en Cuba existió desde los años de la colonia y luego la República, un dinámico y competitivo sector bancario, en ocasiones participado por el capital extranjero, pero también por cubanos nacionales, que fue completamente barrido por el régimen desde el inicio. Conviene recordar, igualmente, que la banca ha sido reactivada en los últimos años tras las reformas raulistas y que desde las nacionalizaciones y confiscaciones de los años 60, la banca en Cuba tuvo una existencia, digamos, errática, incluso criminalizada y penalizada socialmente. A pesar de ello, los cubanos tienen miedo y desconfían de los bancos. Lo cuál es lógico, a la vista de lo que ha sido la trayectoria histórica del régimen.

Vayamos por partes. La banca en Cuba no puede funcionar porque los cubanos no tienen ahorros que depositar en los bancos. Más de 5 millones de cubanos tienen sueldos medios que rara vez superan los 24 dólares mensuales, lo que deja poco margen para abrir cuentas en los bancos y ahorrar. La gente vive al día. La economía castrista presenta uno de los porcentajes de masa monetaria sobre el PIB más elevados del mundo, alrededor del 50%, lo que confirma que prácticamente toda transacción se realiza en líquido.

Incluso los cuenta propistas no utilizan la fórmula de los depósitos en bancos y prefieren mantener posiciones de liquidez, porque, primero no reciben gran retribución por hacerlo (los tipos de interés que retribuyen el ahorro son erráticos, discrecionales y apenas cubren las alzas de precios) y no conviene olvidar que en Cuba subsiste un amplio temor, y justificado por lo ocurrido en la historia, a la confiscación de ahorros y depósitos bancarios. En ese sentido, no existe confianza en la sociedad hacia la banca. No se abren cuentas corrientes, no se trabaja con cheques, los sueldos se pagan en sobre y rara vez en cuenta corriente, ni tampoco se realizan cargos o anotaciones en cuentas por los servicios, ni mucho menos, se contratan planes de pensiones o de seguros, que existen en otros países.

Como consecuencia de ello, desde la perspectiva de la obtención de recursos financieros, el sistema bancario en Cuba es muy rudimentario, y trabaja principalmente con los fondos estatales que, por las limitaciones presupuestarias, no podrán ser nunca muy importantes. Esa ausencia o escasez de ahorro interno en Cuba es uno de los factores que limitan, por ejemplo, la entrada de capital extranjero.

Por otro lado, los préstamos que se han empezado a autorizar, principalmente para los cuenta propistas, presentan problemas similares. Las condiciones de los préstamos (plazos, intereses, comisiones, son prohibitivas para pequeños negocios). Además, la pregunta es ¿qué aval puede presentar un cuenta propista para solicitar un préstamo cuando su negocio (el paladar, la tienda, etc) no es de su propiedad, sino que se realiza, en general, en un local propiedad del estado, al que paga un alquiler? Si el estado castrista no se convierte en avalista solidario, lo que evidentemente no va a suceder, el banco no podrá conceder el préstamo en condiciones normales, salvo que el cuenta propista pueda aportar como garantía su casa o su automóvil, que son las únicas “propiedades” que admite la constitución del régimen. De hecho, aunque no lo dicen, ya se han producido algunos quebrantos de cuenta propistas que han perdido sus activos afianzados, lo que supone otra forma de extraer activos por parte del estado.

Como consecuencia de esa limitación jurídica al crecimiento y desarrollo de la propiedad privada,  los préstamos que se conceden son de escasa cuantía, en promedio rara vez superan los 400 dólares, y se dirigen a financiar circulante, nunca activos fijos, con lo que ello supone de riesgo de insolvencia para el deudor, es decir, que no se devuelva.

Por un lado, los bancos no tienen suficiente ahorro de la población para prestar a los cuenta propistas, por otro, estos tampoco se fían de la abundante información que se les pide ni tienen respaldo financiero (excepto aquellos que reciben remesas del exterior, por ejemplo). Y lo mismo está ocurriendo en la agricultura, donde la limitación a la extensión de la tierra, impide que los préstamos vayan dirigidos a aumentar el tamaño de las parcelas y la mejora de los rendimientos.

Esto es otro elemento del embargo interno de la economía castrista, que frena sus posibilidades de crecimiento. Los cuenta propistas por ejemplo, podrían aumentar la escala de sus operaciones, convertirse en propietarios de sus establecimientos, y para acometer esas operaciones, contratar como en cualquier país, operaciones de crédito continuas, líneas de crédito, que les permitirían prosperar. En Cuba los préstamos son individuales, para objetos concretos que se tienen que justificar y detrás los “notarios” certifican unas propiedades (vivienda, autos) que en muchos casos, ni siquiera son de los cuenta propistas, sino de antiguos dueños que fueron confiscados en el inicio de la revolución. Un auténtico caos.

A resultas de ello, la banca en la economía castrista no cumple con ninguna de sus funciones. Ni actúa como intermediario, ni ayuda al crecimiento de la renta y la riqueza, ni sirve para dar seguridad jurídica a las transacciones entre particulares. Hace falta una reforma en profundidad del sistema, que lo lleve hacia bancos privados, que puede convivir con cajas de ahorros (por ejemplo vinculadas a cooperativas) así como bancos extranjeros con sucursales que aporten know how y tecnología. La situación es muy complicada actualmente.

Respecto a lo que me preguntas sobre los cuenta propistas, en efecto, tal y como están regulados,  son privados, pero solo en lo relativo a la gestión de su actividad. En algunos casos, también son propietarios de los medios de producción, pero los barberos, por ejemplo, o los paladares, alquilan al estado no solo las instalaciones sino los medios de producción, lo que los convierte en una especie de siervos medievales de unos señores que se apropian de sus rentas. Eso limita el carácter privado del emprendedor en Cuba, los cuenta propistas no son emprendedores ni mucho menos empresarios, pero pueden llegar a serlo si el régimen les deja crecer y aumentar la escala de sus operaciones. Tengo mis dudas que esto sea posible actualmente. 

En todo caso, el problema principal es que en la economía castrista, los cuenta propistas están funcionando actualmente al margen de la Constitución que rige el país de 1992. No existe mención alguna al cuenta propismo, y de hecho, el texto constitucional sigue primando la propiedad estatal sobre cualquier privado, y mantiene el derecho a la confiscación de bienes. Este es un aspecto muy importante porque de la misma forma que se han autorizado, en cualquier momento, puede darse marcha atrás. No lo creo posible, por interés del propio “neocastrismo”, pero esa opción sigue abierta.

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