Marrero: "el pueblo no come planes". Valdés Mesa "hay que diversificar cultivos"

Elías Amor Bravo, economista

No cabe duda que la producción de alimentos para todos los cubanos continúa siendo el principal problema para las autoridades comunistas, al que no saben dar solución.

Dos informaciones en Granma dan cuenta de esa cuestión y ofrecen motivos de preocupación, al observar por dónde van los mensajes oficiales y las posibles soluciones al problema..

De un lado, Marrero durante un encuentro con directivos del ministerio de la agricultura y de su sistema empresarial, para analizar las proyecciones de trabajo del sector en 2021 dijo que la agricultura “lo que tiene que hacer es producir más comida, en definitiva ¿Cómo incrementar la producción de alimentos?".

De otro, Valdés Mesa, en un recorrido por varias obras de interés para el campo en Villa Clara, acabó diciendo que “es inaplazable que los agricultores cubanos giren su mentalidad productiva hacia la diversificación de los cultivos, que no pretendan vivir de uno solo de ellos”.

Nada de hacer referencia a transformaciones estructurales en la distribución de los derechos de propiedad o de ayudas financieras para mejorar la escala técnica de las explotaciones o un mercado mayorista competitivo gestionado por la iniciativa privada. Las autoridades ofrecen enunciados generales y arengas para trasladar a los guajiros una responsabilidad que no es de ellos: la improductividad general del sector primario cubano.

Marrero declaró que existe “una desvinculación entre las bases productivas y las estructuras empresariales y estales de la agricultura cubana”, en referencia a una cifra que anunció según la cual hay más de 2.000 cooperativas con problemas económicos y financieros, parra añadir que este problema “viene desde antes de la Tarea Ordenamiento”.

Explícitamente está reconociendo que el sistema no funciona, que está obsoleto y que clama un giro de 180º. ¿Cómo se puede aceptar pacíficamente que un sector, el primario, se encuentre en crisis estructural y financiera? El ministro puede afirmar que este problema ya estaba antes de la Tarea Ordenamiento, pero lo que tiene que reconocer públicamente, es que la aplicación de estas medidas no ha hecho otra cosa que agravar más aún la situación. 

Por eso, tiene toda la razón Marrero al decir que “el pueblo no come planes”,  pero es incapaz como máximo dirigente del gobierno dar por enterrada la planificación estatal dela economía y acelerar la transformación hacia un nuevo modelo, equiparable al que existe en otros países, el que funciona realmente, la economía de mercado. Está bien reconocer el fracaso, pero hay que actuar.

La producción de alimentos no se resuelve dentro del modelo económico y social vigente en Cuba, porque frena la motivación, el motor de la rentabilidad y de la libre elección, que son ejes fundamentales para que una economía funcione y genere recursos para ir creciendo de año en año, de forma sostenible, a la vez que se realiza una asignación eficiente de los mismos.

Murillo sabe que con la aplicación de la ciencia y la innovación, como exige su presidente, no se producen huevos o leche y carne parra 11 millones de habitantes, porque lo primero es tener una razón para volver todos los días al surco, y no encontrarse con que, al final de los esfuerzos y trabajos de un ciclo productivo, la cosecha se quede en la tierra porque alguien de acopio decidió no pasar a recogerla. Mientras esa desidia y abandono en el campo cubano no llegue a su fin, habrá problema de alimentos, por mucha ciencia e innovación que se haga. De eso, al igual que de los planes, no se come.

Y con Marrero lanzando este mensaje, que si se llevase a la  práctica otro gallo cantaría, Valdés Mesa anda diciendo lo de que los agricultores deben girar su mentalidad hacia la diversificación de cultivos y “establecer objetivos, metas e indicadores para medir en todo momento los resultados, porque resultados es lo que necesita la población”. ¿Diversificar cultivos? Y además lograrlo con los recursos propios, sin pensar en las importaciones de insumos, buscando soluciones alternativas, basadas, ¿cómo no? por supuesto, con las diferentes indicaciones emitidas por la dirección del país para la producción de alimentos a lograr en el corto plazo.

¿Qué quieren que les diga? Marrero en su discurso fue yendo de fracaso en fracaso, mostrando que no dan una en el blanco. Entre el despilfarro permanente del “autoabastecimiento municipal y la entrega mensual de 30 libras per cápita de viandas, hortalizas, frutas y granos” que no se ha alcanzado jamás, por ningún territorio, los incumplimientos de los planes de entrega de carne de ganador menor y de cerdo o las obligadas importaciones de pollo, el recuerdo a las plantas proteicas (la moringa) de Fidel Castro, al programa de agricultura urbana, suburbana y familiar, una iniciativa de Raúl Castro, igualmente fracasada, y que se basa en el cultivo en patios y parcelas. 

Y finalmente la entrega de tierras en usufructo que pese a haber superado 2 millones de hectáreas con 200.000 productores (un 73% de ellos privados), no consigue alejar la hambruna de la economía cubana. Viejos problemas que conviven con otros nuevos, como el envejecimiento de la población ocupada en el campo cubano y la necesidad de incorporar jóvenes o los problemas de impagos a los productores, una situación agravada por la Tarea Ordenamiento.

Y con este panorama, insisto devastador y reconocido por Marrero en su arenga a los funcionarios del ministerio, Valdés Mesa introduce el mensaje de diversificación de cultivos. Alguien debió pensar que estaba de broma, porque este proceso tiene sentido en el ámbito de un estadio superior en el que, una vez alcanzada la satisfacción al 100% de las necesidades de la población con la producción principal, se procede, a continuación, a especializar los cultivos para atender los segmentos especializados que van apareciendo en el mercado y que desean, una vez satisfechas las necesidades básicas, consumir otros productos más especializados y diversos. Por ello lo primero es lo primero, y no como sugiere Valdés Mesa, diversificar por diversificar.

En 62 años, estos dirigentes políticos se han dedicado a intentar garantizar el uso eficiente de los recursos del estado comunista, pero de tanto esfuerzo, han arrastrado a la agricultura a la improductividad en que se encuentra. Recurrir al programa de autoabastecimiento municipal en el territorio, como ejemplo de esa diversificación, es una majadería que no admite discusión. La agricultura cubana se enfrenta a graves problemas para atender las demandas de la población, pero los responsables están bien identificados y este hecho no admite cuestión.


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