Otro "gran logro" de la revolución: La Habana convertida en un huerto urbano

Elías Amor Bravo, economista

Los intentos actuales de los dirigentes cubanos por resolver el problema del autoabastecimiento en la capital están dando lugar a propuestas excepcionales, como los famosos patios de Marrero. Pues es muy simple, hay que olvidarse de lo que dicen que quieren hacer, antes que sea muy tarde. A los comunistas se les ha ido la cabeza al plantear una serie de acciones y programas dirigidos a impulsar el suministro de alimentos a más de 2 millones de habitantes concentrados en la capital. Una actividad que fracasa una y otra vez. Resulta que la idea de convertir La Habana en un huerto urbano fue expuesta y analizada por Valdés Mesa en un encuentro, este lunes pasado, con autoridades municipales. Parece mentira que haya gente que se dedique a estas majaderías, con todo lo que ha llovido en 62 años.

En el acto, según Granma, se presentaron como un éxito, los resultados alcanzados en 2021, consistentes en la siembra de 600 hectáreas de plátano y yuca en la capital. En una zona urbana, con altos niveles de contaminación, congestión de actividades y una densidad de población elevada, el cultivo de la tierra en algo que no sea jardines o parques para embellecimiento del paisaje, es un auténtico despropósito ¿Dónde han cultivado esos platanales o la yuca? Da miedo, solo pensarlo.

A partir de la información de Granma, una parte importante del terreno sembrado en la capital tiene su origen en el denominado "programa de 800 casas de cultivo rústicas para 2023”, de las que han terminado 85 (menos del 10%), con una contribución de 64 toneladas de productos, mientras que otras 54 casas están en diferentes fases de construcción. Y después, tiene su origen en la "agricultura urbana, suburbana y familiar para la siembra de hortalizas", que de 3,5 metros cuadrados por habitante a comienzos de año se ha crecido hasta alcanzar 4,34 metros cuadrados, de los 10 que proyecta lograr el país. Nada más y nada menos que 10 metros cuadrados para hortalizas.

En la reunión también se presentaron los trabajos para la recuperación de organopónicos, así como la incorporación de patios y parcelas a la producción de alimentos, los mismos que Marrero dijo que quiere activar, llamando a las puertas de las casas. De los 113.925 patios y parcelas, están sembrados 113.118. Para esto sí que hay datos.

También se pasó revista a diversos indicadores relacionados con la comercialización de productos del agro, uno de los puntos débiles reconocidos por las autoridades. Los municipios con menores cantidades per cápita fueron La Lisa (13,2 libras), Diez de Octubre (15,7) y Boyeros (15,8) debido al cierre de mercados arrendados y puntos de venta de trabajadores por cuenta propia durante enero y febrero (la represión contra los comerciantes del decreto 30, prosigue).

Se dijo que, en el caso de la ciudad, coincidieron hasta nueve formas diferentes de comercialización de productos del agro y que no existía política de comercialización propiamente dicha. Para alcanzar las 30 libras objetivo del plan, se exige producir más, incluyendo todas las formas de gestión, tanto en la producción como en la comercialización. En concreto, las autoridades insistieron que se debe revisar la comercialización en las diferentes formas de gestión, de manera que haya un equilibrio, sea seguro y equidad en los territorios.

En suma, se hizo un llamado a crecer y sembrar más en las distintas áreas de la capital, así como mantener el monitoreo permanente de la comercialización. Se dijo que Playa, con un per cápita de 17 libras en enero y febrero, no debe depender solamente de otros territorios, sino que tiene que sembrar unas 60 hectáreas de plátano y yuca. ¿Quién lo iba a decir, las viviendas lujosas de Miramar convertidas en casas de cultivo rústicas, con huerta en los patios?

Para abordar el tema de destrabar la comercialización, se propusieron medidas, como "la legalización de las diversas vías existentes hoy (ventas en línea, carretilleros sin licencia, por ejemplo), así como la creación de Unidades Empresariales Mayoristas y la entrega en arrendamiento de mercados agropecuarios”. También se dedicó atención a revisar las razones de los incumplimientos de Artemisa y los impagos a provincias como Artemisa y Mayabeque y la Empresa de Acopio, que se tradujeron en impagos a los productores. 

Hubo referencia a la necesidad de cumplir con los indicadores de los planes y velar por que, cuando se arregle la comercialización y se estabilicen las redes minorista y mayorista, los beneficios de los precios lleguen al productor, y no se queden en los intermediarios, como si estos no debieran tener una recompensa por su trabajo. Además, se insistió en que las empresas agropecuarias deben realizar una serie de acciones para obtener moneda libremente convertible citando como ejemplo la Empresa Agropecuaria Metropolitana, que sigue inyectando divisas a los recursos que necesita la agricultura.

Se habló también de la necesidad de completar y dignificar la red de comercialización de productos agropecuarios, velando tanto por la higiene y la presencia, como por la calidad de lo que se vende y los servicios. Valdés Mesa incluso habló de transformar la comercialización, tener productos de calidad diferente. No es sólo tener más mercados, sino también todos estos propósitos, en beneficio de la población. También insistió en dar mejor uso a las tierras disponibles en la capital y volvió a insistir en la necesidad de alcanzar los 10 metros cuadrados por habitante para la siembra de hortalizas. 

La Habana convertida en una “huerta fértil”. Una imagen que se remonta en el tiempo a mucho antes de la colonia. Es increíble que los comunistas persigan algo así, y, además, se empecinen en lograrlo, dedicando recursos y medios a este objetivo. Valdés Mesa concluyó relatando su sueño de que “esta ciudad maravilla lo será más cuando tenga todas sus tierras y patios sembrados”, y todo ello, dentro del precepto constitucional que apunta a la necesidad de fortalecer los municipios, con mayor autonomía y autoridad para impulsar su desarrollo. La Habana tendrá que cultivar ñame y malanga hasta en los jardines del Capitolio. Al menos, ya no hay gallinas.

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