Díaz Canel: los pueblos en lucha y Cuba

Elías Amor Bravo economista

Díaz Canel en ese intento aburrido por emular a Fidel Castro y sus largos discursos cuando no era bien recibido en los foros internacionales, trasladó en la prensa estatal un mensaje a Estados Unidos durante la celebración de esa “cumbre de los pueblos” que han organizado en paralelo a la Cumbre de las Américas, a la que Cuba no ha sido invitada. Su mensaje dice muchas cosas: “dondequiera que haya pueblos en lucha, siempre estará Cuba. Y dondequiera que esté Cuba, estarán los pueblos en lucha”.

Al margen de lo que supone de declaración abierta de injerencia en los asuntos internos de cualquier país, que se reserva el régimen comunista cubano para sus aventuras, alguien autorizado de Naciones Unidas debería haber realizado de forma inmediata un comunicado de condena, por cuanto supone de ruptura de los principios diplomáticos de respeto y de buena convivencia, ese concepto de “lucha” de Díaz Canel, cuanto menos, inquietante.

¿De qué lucha habla Díaz Canel? Desde luego, no de la que ocupó a Cuba durante sus procesos emancipadores coloniales. Aquella fue una lucha respetuosa, valiente y memorable, pero acabó hace mucho tiempo, y la nación tuvo tiempo de sobra en más de medio siglo para mostrar al mundo que era un proyecto viable, próspero y capaz de atraer emigrantes y capitales  de todo el mundo.

A estas alturas de la historia, Díaz Canel anda inventándose “luchas” trasnochadas sobre un absurdo “intento recolonizador” de Estados Unidos, para entretener a su audiencia cuando la verdadera lucha la tiene dentro de Cuba. 

Y la tiene en dos grandes frentes que siguen activos y, además, interrelacionados entre si.

La lucha sigue tras el clamor popular que estalló el 11 J del pasado año y que reprimió con toda la fuerza de la seguridad del estado y la justicia amañada de Díaz Canel. Un clamor interno, no resuelto, que sigue, porque los cubanos están hartos de obedecer y esperar a que llegue un “hombre nuevo” a resolver sus problemas. Se les ha caído la venda de los ojos y saben que solo podrán lograr aquello por lo que luchen y trabajen. Las luchas del pasado se acabaron y las del presente demandan libertad, derechos humanos, prosperidad y pluralismo político. Un nuevo modelo de país.

El otro frente de lucha interna es la economía. Díaz Canel sabe que esta vez puede ser la última porque los márgenes de actuación son muy limitados cuando la crisis alimentaria provocada por la guerra de Ucrania estalle con todas sus consecuencias. Cuba, su economía, no está preparada para afrontar el escenario, y habrá crisis alimentaria, inflación, malestar social y lo que venga detrás. La lucha en este caso está clara. O se liberaliza la economía y se sientan las bases de un modelo distinto al que se recoge en la constitución de 2019, o la situación se va a deteriorar de forma dramática.

Son dos luchas internas que convergen en una sola. No hay que ir a buscarlas a ningún otro país del mundo. El tardo castrismo no tiene soluciones para estos tiempos. Gira alrededor de viejos enunciados que no sirven para afrontar el escenario de la cuarta revolución industrial, la digitalización o la globalización. 

Ni siquiera el castrismo entiende la nueva geopolítica, y en vez de aprovechar para tender una mano y reconocer que le han hecho un regalo inmerecido con la suavización del contencioso, Díaz Canel carga contra Estados Unidos, los acusa de la doctrina Monroe, de un sinfín de maldades, y de seguir siendo una amenaza para América Latina, ¿no será al revés, con esas “luchas” que Cuba ve allí donde no hay nada para entrometerse? Más o menos lo mismo que ha hecho el socio de Díaz Canel, Vladimir Putin en la pacífica Ucrania. ¿Es eso lo que quiere hacer Díaz Canel?

Lo más grave de todo es que esta política injerencista de Cuba en las luchas que existen en otros países se justifica por Díaz Canel por una presunta “solidaridad revolucionaria” que califica como el arma más formidable para quienes “creemos en el poder de las masas, en la fuerza telúrica de los pueblos movilizados y en la inspiradora lucha por la justicia social”. Desde luego, Díaz Canel ve las protestas por doquier, pero en Cuba las aplasta, por mucho que estén enfocadas a esa lucha por la justicia social. Increíble.

Y lo cierto es que Cuba ha tenido éxito en esa intromisión en otros países para apoyar esas “luchas” inventadas. Y ahí está Díaz Canel reivindicando lo hecho en Nicaragua o Venezuela, y aprestando su discurso para entrar en donde haga falta, ¿No es una amenaza para la paz en los países?¿No es una declaración de guerra en toda regla? 

Inventándose supuestos “castigos” Díaz Canel advierte a quien quiera escuchar, en clave alegórica, que “donde antes hubo una nación castigada, ahora hay tres, mañana habrá diez, pero que, si los pueblos se ponen en fila, no pasará el gigante de las siete leguas que va por el cielo engullendo mundos”. Ojo, cuidado con México, San Vicente y Granadinas, Bolivia, Honduras, etc. La nómina de “pueblos en lucha” de Díaz Canel está abierta y los modelos de intervención del régimen comunista cubano funcionan.

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