El BCC y la inoperancia de la política monetaria

Elías Amor Bravo economista

Tal y como se lee en la página web, “el Banco Central de Cuba BCC es la entidad bancaria de Cuba. Fue creado el 28 de mayo de 1997 por el Consejo de Estado por decreto ley número 172, con la finalidad de dividir las funciones desempeñadas hasta entonces por su antecesor, el Banco Nacional de Cuba. Este Banco es quien guía la política monetaria financiera, crediticia y cambiaria". Es más, a continuación se define "la política monetaria como el conjunto de acciones que ponen en práctica los bancos centrales para controlar los tipos de interés y la cantidad de dinero circulante”.

Si eso es así, ¿Dónde está el BCC que no ejerce sus funciones de control? Las condiciones financieras de la economía son bien conocidas de los lectores de este blog: la definición del dinero M2 ronda el 121% del PIB, el efectivo en manos del público un 67,7%. Magnitudes de esta dimensión son difíciles de encontrar en otros países. La política monetaria ha fracasado de forma estrepitosa por culpa de la presión del déficit y el endeudamiento del régimen.

Pero si el BCC no ha tenido éxito con el control monetario, su balance es aún peor en materia del objetivo fundamental de mantener la estabilidad en los precios. A finales de 2021 la tasa interanual de inflación se elevó al 77,3% tras registrar en 2020 un 18,5%, y en los primeros meses de 2022, se mantiene alta, un 23,69%. Las previsiones apuntan al crecimiento como consecuencia del efecto sobre los mercados mundiales de materias primas, energía y alimentos, de la guerra de Rusia en Ucrania. Y, ¿Qué ha hecho el BCC en este tema?

Más grave aún es la desidia al constatar que el decreto ley número 361 adjudica al BCC de Cuba la misión explícita “promover, conforme a sus facultades, la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional y contribuir al desarrollo armónico de la economía”. Desde que la Tarea ordenamiento fijó el tipo de cambio del peso en 1x24 nada se supo de esta función del BCC, desempeñada por el mercado informal donde los cubanos, de manera independiente, están dando soluciones a la necesidad de muchos compatriotas de divisas para las funciones más diversas. Y el BCC cazando moscas.

¿Cuál es la razón de esta inacción de una entidad que debería estar en este momento adoptando decisiones valientes para hacer frente a los problemas de control monetario, de precios y de tipo de cambio? Otros bancos centrales están adoptando políticas monetarias para devolver la estabilidad económica a sus países, pero el BCC se encuentra inerte. Se sabe que existe un Comité de Política Monetaria que todos los meses analiza la evolución de las principales variables del entorno monetario cubano, y promueve la toma decisiones y/o recomendaciones de política a otras instancias de gobierno sobre temas monetarios, cambiarios y crediticios. ¿Qué es esto? ¿Qué es esto de promover recomendaciones para que otros actúen?

Parece que aquí reside el problema. El BCC carece de la autonomía que sus homólogos internacionales cuentan, para ejercer sus funciones. La independencia y autonomía del ejecutivo para poder tomar decisiones técnicas encaminadas a mantener bajo control las variables monetarias. Resulta que en Cuba ese objetivo es imposible. La prioridad es el régimen y partido. Y así en todos los ámbitos del estado, sometido a la jerarquía comunista y los principios ideológicos que la conforman. 

Se antoja que el BCC es un mero instrumento de decoración, que realiza sus análisis para que las decisiones las tomen otros. Una especie de florero sin autonomía ni responsabilidad que no puede cumplir las funciones que, en el papel, tiene encargadas. Y así, campean a sus anchas, los males generados por las políticas del régimen como la dualidad monetaria ( la necesidad de MLC se ha convertido en una prioridad para muchos cubanos) y cambiaria (porque subsisten los cambios del peso y MLC de circulación interna), la segmentación de mercados (entre quienes disponen solo de rentas en pesos y los que reciben remesas), los controles sobre precios (que se aplican en la canasta normada y en las tarifas de servicios, entre otros) y los flujos en divisas (sobre todo, de remesas).

Se sabe que el BCC dispone incluso de tres instrumentos de política monetaria para actuar en el ámbito de sus funciones, como el control directo sobre los tipos de interés, el encaje legal y las subastas periódicas de depósitos y financiamientos de regulación monetaria. Por medio de estos instrumentos, se pretende garantizar la estabilidad de la liquidez del mercado interbancario ¿Ha oído alguien hablar de esto?

En la web del BCC, en la sección política monetaria, aparece un total de 11 regulaciones de política desde 2005, siendo la más reciente de 2019, la Resolución número 173 de 31 de julio, del encaje legal. En 14 años 11 regulaciones. ¿Eso es mucho, es poco, es lo necesario?

De lo que no cabe duda es que con la que está cayendo, el BCC lleva tres largos años sin publicar una sola norma de regulación, que es otro de los instrumentos utilizados para ejercer sus funciones de control. Frente a lo que está ocurriendo actualmente, el BCC está desaparecido. 

No deja de ser lamentable que las estadísticas de los agregados monetarios que se ofrecen en la web de la entidad llegan solo hasta 2018, lo cuál sorprende si se tiene en cuenta que en el anuario estadístico de 2020 de la ONEI los datos están disponibles hasta 2020. Cuatro años de oscuridad sobre las magnitudes monetarias es un universo.

La desatención que se muestra hacia una entidad fundamental para el control monetario, de precios y de tipos de cambio, es palmaria. Al régimen no le interesa, eso es evidente, fortalecer o dar sentido a una entidad independiente y autónoma del poder político, que pudiera cuestionar sus decisiones. 

Los "lineamientos" de los congresos comunistas pasan por encima de cualquier principio o prioridad. La política monetaria cubana, tan necesaria como urgente, se encuentra diezmada por la voluntad de sus dirigentes. Recuperar las funciones del BCC será otro de los pasos a dar por un gobierno democrático.

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