El Banco central y la seguridad de las transacciones: el río suena

Elias Amor Bravo economista 

Estamos acostumbrados a que en el régimen castrista, cada vez que suena el rio es porque agua lleva. Los lectores de este blog ya saben de qué hablo. Y en ese sentido, es inquietante la información publicada en Granma según la cual el Banco Central de Cuba advierte sobre medidas para la protección del dinero electrónico, para evitar estafas y robo, y culpan de ello a una aplicación delictiva de la tecnología que, según Granma “transverzaliza un amplio espectro de procesos sociales”.

Sinceramente, que en un país donde comer algo todos los días sea una aventura indescriptible y que la gente, en lugar de hablar de “apagones” lo haga de “alumbrones” que el Banco central ande preocupándose de que en los envíos de transferencias entre tarjetas en moneda libremente convertible (MLC) se compruebe de forma necesaria “que el número de la tarjeta de destino comience con 9225” nos devuelve a episodios de paranoia castrista de esos que, con bastante frecuencia, utiliza el régimen para alejar de la opinión pública ese drama cotidiano que es vivir en la Isla.

De modo que los dirigentes, detrás de esa marioneta que es el Banco central de Cuba, una institución que carece de la más elemental autonomía para desarrollar una política monetaria, quieren, “evitar estafas y proteger la seguridad de los clientes en tiempos en que el acceso a las tecnologías puede ser un arma de doble filo si no se toman determinadas medidas”. De ahí viene esa palabrita de marras de “transversalizar”.

La campaña ha llevado al Banco central a publicar en su web un listado de algunos de los errores más comunes que cometen los usuarios, “y que pueden facilitar el acceso de personas inescrupulosas a sus tarjetas magnéticas y cuentas”. Es lo mismo que con los coleros, los revendedores, y ahora los que trabajan en el mercado informal. Allí donde se abren espacios de libertad, el paquidermo de ineficiencia castrista entra para destruir cualquier proceso de libertad y flexibilidad económica, y lo que es peor, se inventan “transversalidades” para crear enemigos allí donde no los hay.

Y luego viene la segunda parte. La nota de Granma justifica esas medidas del Banco central porque se vive “en tiempos en que se generaliza la llamada banca electrónica, asociada a los procesos de informatización de la sociedad, y por ello se tiene que proteger de forma eficaz el dinero electrónico”.

La pregunta es inmediata:¿cuántos cubanos acceden a la banca electrónica? El dato es desconocido, pero el ministro Gil dio una cifra el otro día que no se olvida fácilmente. De la circulación minorista de la economía, el 67% se nomina en pesos cubanos y el resto 33% en mlc, que es esa moneda electrónica creada por el régimen comunista para evitar una dolarización de la economía a partir de 2021.

Ls transacciones electrónicas en pesos no solo son marginales, es que además, son de menor tamaño que las realizadas en mlc. Por otra parte el cobro de honorarios y pensiones suele ser sacado del Banco para realizar transacciones que se pagan en efectivo en la economía. No en vano, la definición del dinero en sentido amplio M3 en porcentaje sobre el PIB en Cuba, un 120% es la más elevada del mundo.

En Cuba se usan poco los medios de pago electrónicos, y la poca gente que los utiliza son los que reciben remesas o pagos del exterior en divisas que se convierten en mlc. Esos temores del Banco central de que “las personas compartan por servicios de mensajería de internet y otros canales similares, datos de sus cuentas, imágenes de sus tarjetas e incluso, la contraseña de estas” son infundados.

Es lo mismo que la retahíla de recomendaciones sobre las contraseñas seguras que no sean de fácil determinación, la separación de tarjetas de sus pines y la no difusión de información alguna. En esa misma línea está la recomendación de consultar periódicamente las operaciones, informar rápidamente al banco en caso de pérdidas y si se notara alguna falta de dinero del que desconozca el titular, hacerlo saber a la entidad, y de confirmarse la estafa, realizar la denuncia pertinente. Todas actuaciones de sentido común que los cubanos que usan los servicios de la banca electrónica, conocen perfectamente y no necesitan de entidad “protectora” alguna para ello.

El Banco central quiere que la gente adquiera una cultura tecnológica y de uso seguro, que permita proteger nuestros bienes “y contribuir a que el Banco Central de Cuba, también pueda cumplir, de la forma más eficaz posible, esa función, siempre bajo la premisa de que tenemos en ello una alta responsabilidad”. Y los cubanos lo que quieren es que no se vaya la electricidad y que desparezcan los apagones, que haya comida en los comercios y que se deje de pensar en la huida del país como el único proyecto de vida. 

No se enteran los dirigentes o no se quieren enterar y hacen ruido con esto de la seguridad bancaria, cuando este es uno de los problemas menores del país. En todo caso, la seguridad debe empezar por el banco, y no por el cliente, y tal vez el Banco central debería preguntarse qué hace la entidad cuando ocurre alguno de los supuestos que ha venido explicando. Nos llevaríamos otra sorpresa.

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