No es con ayudas a fondo perdido como se desarrolla una economía

Elías Amor Bravo economista

Parece mentira, pero son ya 63 años viviendo de donaciones internacionales a fondo perdido que, como cabría esperar, no han servido para lograr un mayor desarrollo económico y prosperidad de la nación. Ha sido justo lo contrario, es lo que tiene vivir de limosnas tanto tiempo.

Al parecer, para Díaz-Canel y los suyos es un mérito el desempeño en estos términos y por eso, no han escatimado en gastos a la hora de recibir en La Habana al director regional para América Latina y el Caribe del PNUD, el mexicano de Puebla, Luis Felipe López-Calva.  

Algunas precisiones iniciales. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) fue creado en 1965 a partir de la integración del Programa Ampliado de Asistencia Técnica de las Naciones Unidas de 1949 y el Fondo Especial de las Naciones Unidas de diez años después. El PNUD fue creado por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo asistencial de contribuir a la mejora de la calidad de vida de las naciones. El régimen castrista entendió desde aquel momento que tenía que trabajar este organismo.

Entre otros, en el PNUD son autores del sustituto del PIB como indicador del crecimiento económico, llamado Índice de Desarrollo Humano, al que el régimen comunista cubano se entregó con fervor, y por medio de sus distintos programas de ayuda tratan de promover el cambio y centralizar el crecimiento, por medio de presupuestos generosos que entregan a los países para estos fines. El PNUD está presente en 178 países y ha sido el responsable de poner en marcha los denominados Objetivos de desarrollo sostenible, ODS a los que Cuba se adhiere igualmente con entusiasmo. 

En La Habana, junto a Díaz Canel, que actuó de anfitrión al máximo nivel, el director regional del PNUD en América Latina fue recibido por la corte de dirigentes del régimen formada por Rodrigo Malmierca y Déborah Rivas ambos del ministerio del comercio exterior y la inversión extranjera que, realmente, no se entiende bien qué tienen que ver con donativos como los del PNUD. Y a ellos se sumó Iván Zverzhanovski, representante del PNUD en Cuba. Granma se hizo eco de la reunión.

Lo primero que trasladó Díaz Canel fue la gratitud por el apoyo que Cuba recibe del PNUD. Lo cierto es que, a la vista de los resultados concretos, sería conveniente realizar una evaluación rigurosa del impacto de los programas. Está por ver que hayan servido de algo. Pero ya se sabe, en estos casos, la inventiva de los dirigentes comunistas se sale de cualquier marco de referencia.

Y así, según Díaz Canel, agradeció al PNUD su participación decisiva en las prioridades del Programa de Desarrollo Económico y Social PNDES, hasta 2030, y también por supuesto, “la comprensión que ha tenido sobre los efectos del bloqueo a Cuba”. ¿En cuánto se valora esta ayuda? Nada de información. Lástima que no refiriese las consecuencias mucho más dañinas del bloqueo interno que el régimen hace a los cubanos. 

Agradeció, también, “de manera muy particular el apoyo del PNUD en el momento más complejo de Cuba con la pandemia del COVID-19, y en la concreción de una agenda de trabajo, donde hay una serie de temas coincidentes y en que se trabaja de manera conjunta”. Ni un solo dato cuantitativo de las ayudas recibidas por este concepto. Oscuridad absoluta.

Al parecer, uno de estos asuntos de “trabajo conjunto” ha sido el “Programa de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional” de Cuba, que cuenta con apoyo del PNUD. Recordar al respecto que Cuba fue incluida como uno de los países con mayor riesgo de crisis alimentaria (al nivel de Haití) por un informe de Naciones Unidas y que dicha circunstancia no sentó nada bien a los dirigentes del régimen. ¿Por qué no se ofrece información de cuánto dinero se ha recibido por este motivo y en qué se ha gastado? Nos sorprendería.

Al parecer también se recibió ayuda para el Sistema de Gestión de Gobierno basado en ciencia e innovación, el paradigma de Díaz Canel, y la comprensión de la innovación para el desarrollo del país, para “superar las vulnerabilidades ante situaciones de desastres”, aplicando los resultados obtenidos en Cuba a otros países insulares que presentan la misma problemática ambiental, todo ello desde el “compromiso de Cuba con cumplir los Objetivos de desarrollo sostenible”. Se insiste en que se debe ofrecer información del dinero recibido, pero nada, todo es oscuridad.

Ante este aluvión de “regalías” ¿Qué podría decir López-Calva ante Díaz Canel? Pues ya se pueden imaginar. Las reglas más exquisitas de la diplomacia se quedaron cortas ante los halagos recibidos por el dirigente del régimen cubano de este alto directivo de Naciones Unidas que afirmó que “Cuba ha sido siempre un gran aliado del multilateralismo, y eso lo apreciamos muchísimo”.

De modo que López-Calva declaró su intención de poner el PNUD al servicio del régimen comunista cubano, llegando a profundizar en los extremos del actual modelo de colaboración que, como se ha expuesto, es bastante amplio y generoso. Pero nada dijo de dinero contante y sonante. La sensación es que López -Calva forma parte de esa recua de dirigentes políticos que se sienten felices en Cuba y no muestran el menor interés por la represión de la seguridad del estado a los demócratas, o los miles de cubanos que cumplen condenas de prisión que en cualquier democracia no se habrían producido jamás.

Lejos de cualquier observación crítica a sus anfitriones, López-Calva dijo que “en lo personal, como mexicano, siempre es un privilegio estar en Cuba”. Las autoridades del régimen abrieron la caja para recibir más dinero. No tienen límite y esas donaciones a fondo perdido son las más preferidas. Sin embargo, no representan algo positivo para el crecimiento y desarrollo de la economía nacional. Son parches que no ayudan a lograr una mejora integral de la prosperidad de todos los cubanos. No obstante, el PNUD seguirá ayudando al régimen comunista cubano, y su directivo, López-Calva ni corto ni perezoso acabó ofreciendo poner la entidad a disposición de las autoridades castristas, y en cuestión de minutos desapareció para seguir con su visita, posiblemente privada y con otro color.

El tema de las ayudas a fondo perdido de los organismos internacionales a Cuba y su impacto en la mejora económica y social de la nación es una cuestión controvertida. Para las autoridades del régimen, esas ayudas son vitales para beneficiar todos los sectores económicos, pero cuando se analiza en qué han quedado tales programas, la sensación que se obtiene es bastante mediocre. A falta de una evaluación sistemática y rigurosa de estos programas de ayudas, como los del PNUD, lo que no se debe hacer es creerse a pie juntilla la propaganda oficial comunista.

Ocurre otro tanto con los 169 millones de dólares del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) que, según Granma, han beneficiado a 42.000 familias vinculadas al sector de la agricultura en la Isla en la modernización de los procesos durante diez años. La FIDA es otra agencia de Naciones Unidas dedicada al desarrollo rural, que mostró su interés en la promoción de las cooperativas agropecuarias en el país, como actores esenciales para garantizar la seguridad alimentaria.

Para captar fondos de este programa del FIDA los castristas han ideado una serie de compromisos con los objetivos de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible para aumentar la producción y la productividad de los cultivos estratégicos, principalmente del maíz y el frijol, así como del café y el cacao. El FIDA pretende mejorar la producción propiciando la mejora de las condiciones de vida de los hogares rurales, el crecimiento sostenible del sector ganadero, y el fortalecimiento de las organizaciones cooperativas de pequeños agricultores. Para lograr estos objetivos, se han otorgado tres proyectos financiados por FIDA, a través de los cuales se atienden 562 cooperativas y 124 entidades prestadoras de servicios, destinados a aumentar las áreas de riego, las inversiones en maquinaria e instrumentos y las entidades prestadoras de servicios como los laboratorios y empresas de semillas.

La realidad es que, viendo los datos de producción agropecuaria en Cuba en 2021 publicados por la ONEI, donde solo aumentó la producción de tomates, registrándose descensos en hortalizas, viandas, frutales, arroz, frijoles, lácteos, ganaderos, etc, habría que concluir que estas ayudas a fondo perdido sirven de bien poco. Las autoridades, por otra parte, son poco propicias a informar con transparencia del importe alcanzado por las mismas. En el caso del FIDA los 169 millones de dólares en diez años saben a realmente poco, pero del PNUD no se ofrecieron datos de las ayudas recibidas, y la oscuridad es la nota que caracteriza el marco de relaciones del régimen.

No es con ayudas a fondo perdido como se desarrolla una economía sino con inversiones orientadas por criterios de rentabilidad y eficiencia. Las ayudas pueden ser pan para hoy hambre para mañana. Su impacto limitado y puede acabar generando relaciones de dependencia política que no suelen acabar bien. El régimen debería reflexionar sobre estas cuestiones.  

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