La Vuinex y el fracaso de la inversión extranjera en Cuba

Elías Amor Bravo economista

Cuando un gobierno crea una entidad para prestar servicios a la sociedad, tiene que comparar los beneficios que se derivan de los mismos con los costes de su creación. En el caso de la Ventanilla Única de Inversión Extranjera, Vuinex, de Malmierca, solo disponemos de información de uno de los lados de la ecuación. Una nota en Granma dice que propició contacto en 2021 con casi 90 potenciales inversores. Un resultado que se puede calificar de escaso y limitado.

Igualmente, se informa que, en 2021, se gestionaron 284 proyectos en fase de negociación, establecimiento, proceso inversionista y operaciones. Menos de uno por día. Desde luego, alguien en el régimen debe tener algún tipo de interés en que este artilugio intervencionista siga funcionando, a pesar de sus limitaciones, pero nada se ha dicho de cuál es su coste y qué representa para el presupuesto del estado mantener unan entidad que funciona a esta escala tan limitada. La conclusión es que habría que pensar qué hacer. Lo que genera, no debe pagar lo que cuesta.

Se recuerda que la Vuinex se creó para “ofrecer asesoramiento y acompañar a inversionistas nacionales y foráneos, desde que se identifica el interés de un negocio y durante la vigencia de este”. Esta es una actividad profesional, de consultoría privada especializada en la mayoría de los países que da lugar a un sector que genera valor añadido y beneficios pero que el régimen comunista cubano no quiere que pase a manos privadas.

Alguien podría pensar que resulta contraproducente que los actores privados precisen de que alguien perteneciente al estado, les diga lo que es mejor para su negocio; desde luego, los extranjeros llevan mucho tiempo haciendo con su dinero lo que creen conveniente, y muchos se quejan, en silencio, de lo que representa esta injerencia de la Vuinex en sus relaciones con los cubanos.

Según dice Granma, en tono enfático, “la existencia de esta entidad ha permitido avanzar en la facilitación de mecanismos y trámites que pueden resultar muy engorrosos cuando existe interés en invertir, algo muy positivo si se tiene en cuenta que destrabar todo aquello que entorpezca la apertura y desarrollo de negocios con capital foráneo es una prioridad para el Ministerio de Comercio Exterior (Mincex)”.

Convendría en este punto aclarar qué se entiende por engorroso en cualquier proceso inversionista, y aquí el régimen se llevaría la sorpresa que cualquier extranjero interesado en realizar algún negocio en Cuba, lo primero que destaca como “engorroso” es la normativa jurídica y la tramitación, compleja, jerárquica y llena de trampas, que el régimen fija para cualquier iniciativa inversora. Desde luego, también se quejan de la falta de recursos financieros, la escasa cualificación profesional de los trabajadores, o la obligatoriedad de su contratación por entidades intermedias, pero al final, el proceso burocrático es lo que acaba frenando a 1 de cada 2 iniciativas que intentan desarrollar negocios en Cuba.

Por esto, las acciones desarrolladas para dar visibilidad y promoción a la Vuinex tampoco han dado los resultados previstos. Los 15 acuerdos con organismos y entidades nacionales, entre los que se concentra la mayoría de los trámites, no han conseguido despejar la maleza de trámites absurdos que la normativa cubana en materia de inversiones extranjeras exige a los internacionales que desean asociarse con cubanos, que se acaban perdiendo en un sinfín de estudios, permisos, licencias y autorizaciones. El desánimo llega pronto.

Todo este reportaje de Granma sobre la Vuinex viene a justificar el desplome de las inversiones extranjeras en los últimos años, que los comunistas atribuyen al impacto de la pandemia y el recrudecimiento del bloqueo. Siendo que lo segundo es atribuible al aparato interno intervencionista del régimen, lo cierto es que la pandemia ha frenado las inversiones en América Latina, pero después en 2021 se produjo un despegue en todos los países que, en Cuba, por ejemplo, no tuvo lugar como consecuencia de las ataduras impuestas por la Tarea ordenamiento y el auge de la inflación, que provocó temores en los extranjeros a poner en marcha iniciativas en la Isla.

Por ello, estas cifras conseguidas en 2021, los 284 proyectos citados, que se encuentran en fase de negociación, probablemente ni siquiera pagan el sueldo de los empleados de la Vuinex. No cabe la menor duda que el instrumento de Malmierca para atraer inversiones extranjeras es un fracaso, y lo mejor que podía hacer es propiciar su cierre y destinar los recursos financieros que absorbe a otros programas más urgentes y necesarios.

Los comunistas cubanos tienen que entender que entidades intermedias como la Vuinex son innecesarias cuando se trata de negocios privados, se podría decir que son contraproducentes, y no aportan valor. Las relaciones económicas entre inversores y empresas que desean recibir el capital extranjero no precisan de organismos intermedios, salvo que se trate de fiscalizar y controlar las operaciones, lo que va en contra del espíritu libre con el que se mueve la actividad empresarial privada.

La inversión extranjera promovida por la tristemente célebre Ley 118, que se trasladó a la constitución comunista de 2019, no levanta cabeza en Cuba, por culpa del marco jurídico existente, y del modelo sancionado en el texto constitucional. Los inversores extranjeros desdeñan de una nación que se define como socialista y que incluye las confiscaciones y expropiaciones de derechos de propiedad en su norma básica. Luego están los niveles de rentabilidad que se pueden lograr, pero esa es otra historia.

La Vuinex de Malmierca es un fracaso, es incapaz de aumentar las inversiones extranjeras en Cuba dirigidas a producción de alimentos, energía, construcción, transporte, industria y comercio, y sus retos tecnológicos y de procedimientos, se van a quedar ahí, mirando cómo pasa el tiempo. Lejos quedan aquellas declaraciones enfáticas de los dirigentes que se iban a conseguir 2.000 millones de dólares al año de inversiones extranjeras. Otros países sí que han tenido éxito en ello, pero Cuba no. Y ese tiempo perdido no se va a recuperar jamás.

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