Decisiones fundamentales en momentos clave: la propiedad en la agricultura cubana


Elías Amor Bravo, economista
¿Cómo se proponen los comunistas cubanos asegurar la alimentación en medio del azote del COVID19? Gran preocupación. ¿Qué solución hay que dar a la alimentación durante la pandemia? Granma dedica un reportaje especial en el que presenta las conclusiones de tres reuniones territoriales celebradas durante el fin de semana con participación de Machado Ventura, Valdés Mesa y Monteagudo, este último miembro del secretariado comunista.
¿Por dónde le entra el agua al coco? La cosa no está para tomársela a broma. Se trata ni más ni menos que el eterno problema del régimen comunista en los últimos 61 años, ¿cómo asegurar los alimentos que necesitan los cubanos, pero ahora, para mayor calamidad, en medio de una pandemia cuyas consecuencias pueden ser dramáticas?
Porque la cuestión es la misma de siempre. Mucho análisis, estudio, planificación, explicaciones, justificaciones, consignas, pretextos y compromisos ideológicos y partidistas, pero las viandas siguen sin llegar a la mesa. Ya no se puede perder tiempo, y hay que ponerse a producir alimentos de la forma más eficiente y rápida posible. Atrás quedó el momento de valorar recursos, esfuerzos, pensar qué hacer y cómo hacerlo, porque las necesidades son acuciantes, y van a caer como una pesada losa sobre el paquidermo ineficiente que es la economía cubana.   
Cierto es que, sin recursos financieros y divisas, la importación de alimentos resultará complicada, y aunque se puedan paliar situaciones temporales de penuria con las compras de carne de pollo y granos a Estados Unidos, el dinero no da para más. Por lo tanto, la respuesta tiene que venir de dentro, de los agricultores cubanos, de las cooperativas, de las pequeñas unidades de producción que han sobrevivido a las políticas raulistas que han asfixiado con impuestos y precios imposibles de Acopio a muchos de los valientes agricultores que se lanzaron a sembrar las tierras arrendadas, sabiendo que nunca serían suyas ni se sus herederos. La agricultura estatal prácticamente ha muerto, sus cifras se han reducido a la mínima expresión, de modo que no se le puede pedir el menor esfuerzo.
El cubano se comportó como un gigante en cuanto el régimen comunista abrió la producción privada en el campo hace casi 10 años, pero las reformas se quedaron muy cortas, no quisieron ir al centro de la cuestión, y por ello, siguen sin darse los resultados que la sociedad necesita. Ese agricultor cubano que quiere ser independiente y libre del estado, no necesita órdenes, ni consignas, ni vítores, ni mucho menos reuniones con Valdés Mesa o Machado Ventura para que les digan lo que tienen que hacer o qué tienen que sembrar.
Lo que necesita es que le dejen trabajar, que le permitan hacer crecer el tamaño de las tierras que cultiva (aunque no sean suyas), vender con libertad sus productos a los mejores precios posibles y sin cuotas de compromiso obligado, y por qué no, apropiarse de la ganancia obtenida con su esfuerzo para dedicarla a aquello que considere necesario. No se trata de nada excepcional, es lo mismo que en cualquier otro país del mundo. No hay motivo alguno que justifique que en Cuba las condiciones técnico productivas las tenga que dirigir un partido de ideología comunista.
El problema es cómo lograr que el agricultor aumente su producción en el muy corto plazo, cuando todo son obstáculos y trabas, empezando por el régimen de derechos de propiedad que le impide ser propietario de las tierras que cultiva, a lo que se añaden las dificultades de comercialización, los elevados impuestos (incluso cuando no cultiva una tierra que no es suya), la falta de insumos y en determinados momentos, la falta de mano de obra. Todo son problemas, y el gobierno, que debería estar para resolver esas trabas, y despejar de incertidumbres el escenario productivo, lo que hace es precisamente aumentar los problemas.
Los dirigentes comunistas no tienen remedio. Andar diciendo a los agricultores cubanos que hay que “trabajar con realismo, buscando resultados, porque lo que no hagamos aquí no va a venir” es un insulto en toda regla a quienes luchan todos los días para sacar adelante sus cosechas frente a un estado que solo les pone dificultades por delante.
Solo de este modo se pueden entender los llamados que se hicieron en alguna de las reuniones a “estimular el uso de bioplaguicidas, potenciar el trabajo de los llamados Centros Reproductores de Entomófagos y Entomopatógenos, de impulsar la producción de plantas medicinales, de aprovechar las siembras intercaladas, de promover la acuicultura, la agricultura urbana”, tareas que no sólo representan parches al problema, sino que llegan tarde en el momento en que nos encontramos.
Las medidas para fomentar la agricultura cubana y afrontar la crisis del COVID19 son cualquier cosa, menos lo que necesitan los bravos agricultores independientes cubanos.
Cito algunas, textualmente, para no aburrir al lector, pero realmente las hay para todos los gustos: "usar el combustible con mucha racionalidad; favorecer, con el combustible disponible para los tractores, el proceso de rompimiento de la tierra en los espacios donde se hace difícil hacerlo con bueyes; prepararse bien para la campaña de siembra de frío y las siguientes etapas; plantar yuca, boniato  y todo tipo de cultivo posible para enfrentar la situación temporal del nuevo coronavirus; crear las condiciones que lleven a la sustitución de importaciones de alimentos para seres humanos y animales; sembrar mucho más maíz; utilización máxima de materia orgánica, humus de lombriz y bioproductos  de fabricación nacional como fertilizantes, así como de tabaquina, hidrato de cal y derivados del Nim en sustitución de plaguicidas que no llegarán del exterior; potenciar el trabajo de los Centros Reproductores de Entomófagos y Entomopatógenos; impulsar la producción de plantas medicinales; cumplir el plan de producción de azúcar del país y garantizar a la vez la entrega de los derivados que sirven de alimento animal y asegurar las cantidades suficientes de alevines para sembrar y resembrar nuestros embalses para el desarrollo acuícola del país”.
No tendrán éxito. Si se estudian por encima, es fácil comprobar que no van al origen del problema. Sin embargo, Cuba necesita alimentos de su agricultura. Para lograr este objetivo, el actual es un momento excepcional para revisar grandes errores cometidos en el pasado.Trasladar al agricultor la propiedad de los medios de producción, en concreto la tierra arrendada al estado, es una decisión fundamental que el gobierno comunista tendrá que tomar en algún momento. Si quiere más producción de alimentos para la población, esta es la dirección correcta. Estoy seguro que los guajiros cubanos responderán en positivo. No tengo la menor duda de ello.

Comentarios

  1. Excelente Blog... Saludos desde Chile.

    ResponderEliminar
  2. Seria bueno que ademas de que los campesinos puedan comprar motos electricas y carros en dolares, se les permita comprar tractores y otros materiales ppara incrementar su productividad.
    Cual es la logica de ofertar productos suntuarios (por asi decirlo) ante la necesidad de aumentar la produccion?

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Murillo y la Tarea Ordenamiento: la culpa es de otros

El castrismo ante la encrucijada del modelo de turismo

¿Qué pasará con el peso cubano?