Las empresas "cabezonas" de Diaz Canel

Elías Amor Bravo economista 

Los comunistas habaneros que asistieron al discurso pronunciado por Díaz Canel, con motivo de la asamblea provincial del partido, escucharon muchas cosas. Algunas todavía retumban en sus oídos. Granma no se quedó atrás, y como en tiempos de Fidel Castro, publicó las versiones taquigráficas de la presidencia de la República, con el título “¡Entregando el corazón a Cuba, así vamos por más!”

Del largo discurso, sin duda lo más llamativo fue la referencia a la situación de la economía, la defensa del modelo y el rechazo a cualquier cambio que vaya en una línea que no sea la revolucionaria, social comunista. 

Nada nuevo bajo el sol. Nadie esperaba otra cosa. Era un discurso para consumo interno, de gente que, posiblemente, no quería escuchar otra cosa. Ya se sabe que en materia de asuntos económicos, el pensamiento comunista es mucho más reaccionario que el liberal. 

El capitalismo liberal decimonónico ha evolucionado con el tiempo al equitativo estado de bienestar democrático, donde la concertación y el diálogo social, los sistemas tributarios y fiscales, han permitido a los países avanzar hacia la prosperidad e igualdad. 

El modelo comunista en la economía, verbigracia, Cuba, Yemen o Corea del Norte, apenas experimenta cambios. Por el contrario, se presenta ante sus acólitos como una apuesta firme por la resistencia, algo que dotado de una presunta "superioridad moral" no debe cambiar, porque está a prueba de cualquier injerencia liberal. 

Y así les va. Las economías del modelo social comunista son las más pobres y atrasadas del mundo. Las que lo ensayan por un tiempo, acaban teniendo graves problemas económicos.

Por ello, Díaz Canel pasó de largo por los principales ejes del discurso comunista más tradicional y reaccionario, pero tuvo algunas perlas que llamaron la atención. Y hoy todavía resuena como estridente, la referencia que hizo a las “empresas estatales cabezonas”.

La sorpresa llegó cuando se puso a hablar sin parar de su Estrategia Económico-Social,  que reivindicó como necesaria  para hacer frente al bloqueo recrudecido de Estados Unidos, mediante lo que definió como “desarrollo de la resistencia creativa”, otro concepto introducido en el discurso, definida como esa "capacidad que tiene el pueblo cubano de levantarse por sí mismo con su talento, con su esfuerzo, con su inteligencia por encima de la adversidad, y que no tiene nada que ver con el idealismo".

Según Díaz Canel, "sin esa resistencia creativa no puede avanzar la Estrategia Económico-Social que no puede ser una camisa de fuerza, sino que hay que verla desde un punto de vista, desde un enfoque dialéctico, siempre tener en cuenta que todas las soluciones que vayamos a darles a los problemas económicos tienen que ser soluciones socialistas, tienen que ser transformaciones socialistas, que nos permitan recuperar equilibrios sociales, mantener la propiedad social como hegemónica y aumentar la producción. 

Y para conseguir dicho objetivo, la empresa estatal socialista es esencial, dentro de la “matriz de actores económicos”, un tercer concepto nuevo, en la que están ubicados todos, estatales y no estatales, "diferentes, pero regulados por el Estado, estructurada y no fragmentada hacia el objetivo de la construcción socialista". Hasta tal punto, que según dijo, "si hay una empresa estatal o una pyme no estatal, ahí tenemos que tener Partido, tener Juventud, tiene que haber sindicato; ahí hay mujeres que tienen que ser atendidas por la Federación, ahí las personas son cederistas". Como en los viejos tiempos de Fidel Castro: para atrás, ni para coger impulso.

Por ello, en la Estrategia Económico-Social desempeña un papel fundamental la empresa estatal socialista. El futuro del país, el futuro de la construcción socialista del país porque según Díaz Canel "requiere del éxito de la empresa estatal socialista por la concepción ideológica que defiende y porque está encaminada a ser la principal en la satisfacción de las necesidades de nuestro pueblo".  

Y tras este enunciado tan optimista hacia la empresa estatal, Diaz Canel anunció la frase que sorprendió a más de uno, “también tenemos muchas "empresas cabezonas", con mucha estructura administrativa de gestión, con mucha gente con los mayores salarios desvinculados de la producción y los servicios”. En ese momento, aunque no lo han dicho, se escucharon rumores entre los asistentes, porque a estas alturas del juego, nadie se esperaba esa referencia a la cabezonería empresarial, que traducido al lenguaje universal, es la ineficiencia e insolvencia empresarial, la pésima gestión.

Díaz Canel removió los cimientos del palacio de la revolución mientras se dirigía a la audiencia diciendo algo así como “que todo lo vamos a resolver, para que haya rentabilidad, no a partir de un análisis estructural, de un análisis económico-financiero riguroso sobre la rentabilidad, sino subiendo precios. ¿Y a quién afecta la subida de precios? A la población o al Presupuesto del Estado cuando vamos a compensar, para que no haya subida de precios a la población, con los subsidios de precios”.  

Y no contento con llegar al umbral de un territorio desconocido, sorprendente, lleno de luz en la penumbra comunista cubana, sentención diciendo, “Y ya la vida nos ha demostrado, y es un aprendizaje constante que tenemos, que la burocracia lo que genera son informes, controles ineficientes y reuniones que no se comen ni dan producción. Entonces, vamos a hacer también de nuestras empresas estructuras que organizativamente sean más eficientes”.

Alguien podría haber esperado la sentencia final, pero no llegó. Lástima que todo este análisis se salió de madre cuando Díaz Canel empezó a mencionar la participación de los trabajadores en las empresas, la presencia de las entidades importadoras y exportadoras de Malmierca, la misma matraca de la innovación y ciencia, las interfaces universidad-empresa, el desarrollo de las exportaciones, la economía circular y un sinfín de propuestas que no caben en un resumen como éste.

Si algo debemos recordar es que Díaz Canel quiere que la empresa estatal socialista tiene que dejar de ser "cabezona", y para ello "debe liderar la atención y la relación con el sector no estatal dejando atrás la ineficiencia, la inercia, el estancamiento que las caracteriza. Incluso, en este punto, se preguntó “¿Por qué no se aplican las medidas y se hace uso de las facultades que se les han otorgado a las empresas? Y todo eso lo tenemos que apoyar con el fortalecimiento del Partido, el crecimiento, la vida interna y la vida externa del Partido en sus estructuras en el sistema empresarial”. La pregunta es ¿pero cómo podrán dejar de ser "cabezonas" si él, que tiene todo el poder, no lo facilita?

Pues para ello, llegado el clímax del discurso,  planteó como soluciones “articular emociones e inteligencia con acciones revolucionarias, defendiendo y propiciando la resistencia creativa sin perder el entusiasmo y el optimismo revolucionarios, sin permitir el reblandecimiento del espíritu revolucionario, y para eso necesitamos crear conciencia para poder convocar al esfuerzo y a la entrega para crecernos ante el egoísmo, el individualismo y el pesimismo y continuar la marcha con valentía, con dignidad, con decoro, con elevada moral, con alegría, con confianza y con amor por Cuba, para que el Partido siga siendo el alma de la Revolución y la garantía segura de la unidad de los cubanos”. 

Y toda esa letanía, “hacerla con una defensa del socialismo desde los enfoques marxistas para evitar apartarnos del camino, sobre todo en un momento donde hay corrientes neoliberales que tratan de imponer sus criterios y muchas de estas ideas llegan disfrazadas de un manto semántico y emocional para confundir”. 

Crean lo cierto. Con esas iniciativas y la letanía, las empresas “cabezonas” no van a dejar de serlo. El responsable, Díaz Canel, aunque él no lo quiera reconocer.


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