Pero, ¿de veras sirve de algo la autosostenibilidad local?

Elías Amor Bravo economista 

Entre las consignas ideológicas que manejan los dirigentes comunistas cubanos para la economía de la Isla, la autosostenibilidad local aparece como una prioridad. Y la prensa estatal se dedica a azuzar el asunto, como en el artículo recién publicado en Granma y titulado ¿Cómo un municipio puede ser autosustentable en Cuba? Y la referencia es Camajuaní en Villa Clara. Da igual, podría ser cualquier otro.

Posiblemente, sea la constitución comunista de 2019 la única del mundo que ha llevado a su texto la autosostenibilidad del municipio al señalar en el artículo 168, que “el municipio constituye la unidad política-administrativa primaria y fundamental de la organización nacional, y goza de autonomía y personalidad jurídica a todos los efectos legales”.

Una definición que sitúa al municipio más cerca de la máxima franquista de “unidad de destino en lo universal” que lo que realmente es una entidad municipal. Para mayor inri, la constitución establece que la autonomía del municipio comprende, entre otros elementos, "la facultad para decidir sobre la utilización de sus recursos, y esta se ejerce de conformidad con los principios de solidaridad, coordinación y colaboración con el resto de los territorios del país, sin detrimento de los intereses superiores de la nación". Y quién se encarga de esta injerencia en la economía es la Asamblea Municipal del Poder Popular, que actúa como correa de trasmisión de las órdenes jerárquicas del partido y gobierno. Menuda autonomía.

La tesis que se sostiene en esta entrada del blog es que un municipio autosostenible es una idea precaria, absurda y que lleva al desastre, así como a graves injusticias económicas y sociales, si se aplica en extremo. Hay razones para ello.

Primero, porque los municipios cubanos no se encuentran distantes entre sí, ni mucho menos aislados en el territorio, más bien todo lo contrario. La población en Cuba está concentrada en zonas urbanas conectadas entre sí, si bien las comunicaciones necesitan inversiones para ser mejores, pero ello ofrece numerosas posibilidades de especialización e intercambio, que son las fuentes de la productividad económica.

Segundo, porque un municipio es una entidad jurídica administrativa que en ningún lugar del mundo produce bienes y servicios, sino que presta atenciones administrativas a los residentes, cobra impuestos, realiza inversiones cuando es necesario y en general, presta servicios públicos en función de sus presupuestos. En ningún caso, el municipio es una entidad económica. Esto tiene muy poco sentido. La economía municipal se logra por la dedicación de actores privados y estatales a sus funciones.

Tercero, las ideas comunistas relativas a que un municipio puede “obtener resultados económicos” que puede existir “iniciativa, creatividad y una dirección acertada de la economía municipal”, o que se asemeje a una entidad económica, se tienen que olvidar, porque no llevan a ningún sitio. Todo ello es atribuible a los actores económicos que existen en el municipio, no a la entidad.

De modo que si el municipio de Camajuaní obtiene superávit en sus cuentas por una mayor obtención de ingresos y una eficiente gestión del presupuesto local, eso está bien, y debería ser objeto de extensión a otras localidades como estilo de gobernanza. En Cuba, por lo general, las entidades locales son más eficientes en la gestión de sus cuentas que el estado, que es quien concentra los déficits más abultados y descontrolados. Pero de ahí, inferir la autosostenibilidad económica de Camajuaní es dar un peligroso salto en el vacío.

Si Camajuaní, su economía local funciona bien, es porque los actores económicos, trabajadores por cuenta propia, campesinos, artesanos y productores de todo tipo, pueden estar beneficiándose de unas condiciones más favorables en el entorno. Granma alude a la “capacidad que tiene el pueblo de la tierra de los valles y las parrandas para sobreponerse a las dificultades, y hacerlo, además, de manera creativa”. 

Pero además, se cita la labor “desarrollada por las 25 mipymes aprobadas allí, y de los más de 4.000 trabajadores por cuenta propia, quienes son capaces de producir cerca de un millón de pares de zapatos, botas o chancletas al año; además de ropa de trabajo, uniformes y artesanías de distintos tipos, para lo cual han debido buscar diversas alternativas y encadenamientos productivos que les permitan paliar el déficit de materias primas y otros insumos”.

A lo anterior, se añade la contribución “de sus más de 3.000 campesinos, encabezados por los cerca de cien integrantes del movimiento político productivo 90 por los 90, surgido en 2016”, que producen alimentos para mantener “unos 80 puntos de venta donde se comercializan productos a precios inferiores a los que priman en otros lugares”.

Bien, ¿ha escuchado alguien en este recuento al estado en esta enumeración de actores económicos? Por supuesto que no. Granma se ve obligado a citar “dos empacadoras que producen la mayor parte de los embutidos consumidos en la provincia; el combinado de bebidas Cubanacán, tres unidades avícolas, igual cantidad de minindustrias y una unidad empresarial de base productora de áridos para el programa de la vivienda, entre otros entes productivos, enumeró el intendente”. Este es el núcleo estatal en Camajuaní, donde los actores privados tienen mucho que decir de los resultados de la economía local.

¿En qué se basa, entonces, la autosostenibilidad que defienden los ideólogos comunistas?

Es difícil de justificar. Algunos ejemplos van justo en la dirección contraria. Piénsese en la Sociedad Mercantil Calzados Jona´s, convertida en mipyme capaz de producir 20.000 pares de zapatos al mes, a razón de mil pares diarios. No parece razonable que esos zapatos y sus variedades se destinen a Camajuaní solamente.

Otra mipyme que aporta al desarrollo de Camajuaní es la Jireh-Ebenezer S.R.L, que produce mil pares de chancletas e igual cantidad de botas de agua de PVC, además de algunas confecciones textiles, productos muy demandados a partir de la excelente calidad que poseen.

Está el taller Triple AAA, perteneciente al Fondo Cubano de Bienes Culturales, encabezado por Domingo Pérez Rojas, que procesa las recorterías de piel que le facilita la tenería de Caibarién, de donde salen guantes, zapatos y cintos.

En cuanto a los trabajadores por cuenta propia o como miembros de pequeñas y medianas empresas resuelven en el abastecimiento del calzado que necesita la población, así como la reparación, por estos actores económicos, de conjunto con el Fondo de Bienes Culturales, y algunas cooperativas de créditos y servicios y determinadas empresas, de 19 consultorios del médico y la enfermera de la familia, además del apoyo a otras instituciones como hogares de ancianos y de hogares de niños sin amparo familiar.

Bien. Todo este potencial económico, ¿Qué tiene que ver con la autosostenibilidad? Nada. Satisfechas las necesidades locales, la prioridad debe ser canalizar la producción rumbo a otros mercados del país, que precisen esos productos obtenidos en Camajuaní. Ese es el encadenamiento que se tiene que conseguir para que las entidades económicas aumenten su tamaño y cumplan con el objetivo de satisfacer las necesidades de los habaneros, santiagueros o pinareños. 

Porque Cuba es un mercado nacional, unido e interrelacionado. Y las entidades locales no se deben orientar al autoconsumo y la autarquía, sino a producir para 11 millones de cubanos que, como dijo Díaz Canel hace unos días a los polleros yankis de visita en La Habana, es un gran mercado a satisfacer. Los comunistas usan a su antojo la palabra mercado, pero no saben bien qué quiere decir.

Pues aquí tienen un ejemplo. El mercado es único y se llama Cuba, y el sector económico empresarial de Camajuaní puede ser más rentable y productivo si aumenta su escala de producción para atender a 11 millones. Esas son las trabas que hay que eliminar del bloqueo interno, que, apuesta por la autosostenibilidad, como dice Granma. Y un consejo al intendente de Camajuaní, que se olvide de la exportación, porque antes tiene un mercado nacional de compatriotas que, de buen seguro, estarán encantados de acceder a los productos y servicios fabricados por las empresas de su municipio.

 

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