¿Cómo lograr encadenamientos en la economía cubana?

Elías Amor Bravo, economista

Bien por Granma. Tienen razón. Eso que dicen hoy que "consolidar las cadenas productivas y de valor hacia el interior de la economía cubana representa un imperativo (…) del que depende el desarrollo del país” es correcto. Tal vez un poco trasnochado, porque responde a un enfoque autárquico de mediados del siglo pasado, pero como instrumento de desarrollo económico es necesario. Otra cosa es que sea suficiente con enunciarlo en el texto de los llamados “Lineamientos” de Raúl Castro. En numerosas ocasiones, he señalado que una economía no se dirige a golpe de normas, decretos, regulaciones o lineamientos. Esa es una majadería comunista que no va a ningún sitio. Bueno, si. Como se ha visto en la experiencia de los últimos 59 años en Cuba, lleva al desastre.

Dicho lo anterior, y teniendo en cuenta que ese encadenamiento productivo puede ser necesario para “sustituir importaciones, permitir una mayor utilización de las capacidades industriales, generar empleos y contribuir a una mayor gestión empresarial”, esos objetivos no llegan solos, no caen como el maná, hay que luchar mucho y bien, para conseguirlos.

Para aquellos que todavía no lo sepan, los economistas denominan encadenamientos a los vínculos entre empresas, actividades y sectores que facilitan el despliegue de las fuerzas productivas de una nación, generando empleo, bienestar y riqueza. Cuanto más sólidos y estrechos son esos encadenamientos, más productiva y eficiente es una economía. La globalización de nuestro siglo, por el contrario, ha permitido añadir variables geoestratégicas a tener muy en cuenta para estos fines.

Y desde luego, lo primero que debemos señalar a Granma es que en una feria no se consiguen. Ni lo piensen. Las reglas de funcionamiento de una economía establecen para qué sirven las ferias. Y la V Feria de Negocios, celebrada estos días pasado en Cuba, no permite crear esos encadenamientos productivos. No es por nada. Simplemente porque las ferias están ahí para informar, dar a conocer, crear redes y relaciones, contactos, para conocerse, en definitiva, pero que esos pasos tentativos acaben convirtiéndose en las cadenas que dice Granma hay un gran trecho.

La Feria puede ayudar, pero no le pidan peras al olmo. Ayuda a la promoción de productos y servicios, genera oportunidades, da a conocer las potencialidades y los intercambios entre los diferentes actores de la economía, pero insisto, eso no es suficiente.

Si realmente quieren aprovechar las potencialidades de la economía cubana, que las tiene a pesar de que este año la que fue primera potencia mundial productora de azúcar, tiene que importar el oro blanco porque la oferta nacional es insuficiente para la demanda, hay que cambiar muchas cosas. Lo primero es abandonar la satisfacción y el triunfalismo ministerial, que eso no conduce a ningún sitio y empezar a olvidarse de tantos “niveles superiores de dirección”,  jerarquías, burocracia, planificación, y demás estructuras del régimen comunista que torpedean las fuerzas productivas de la economía.

Son los cubanos, como agentes económicos privados, libres y orientados por sus decisiones independientes, los que pueden ayudar a que la economía cubana tenga, como la de cualquier otro país del mundo, las cadenas necesarias para su desarrollo. No serán las burocráticas e intervenidas empresas estatales las que van a resolver el problema. La jerarquía económica que exige el estado, único dueño de los medios de producción, hace inviable cualquier encadenamiento entre empresas. Me decía un empresario español, no hace mucho tiempo, que en Cuba es más fácil hacer negocios con una empresa estatal, que ver a dos empresas estatales poniéndose de acuerdo para desarrollar un determinado negocio. La razón: la superioridad no las autorizaba.

La pregunta es, ¿cómo quieren crear encadenamientos así? Si un directivo de una empresa estatal cubana se arriesga a perder su puesto, por otra parte nada del otro mundo, si toma una decisión sin consultar al comunista de turno, que puede ser local, provincial o vaya usted a saber.

De qué encadenamiento se puede hablar cuando las decisiones, autónomas, ágiles, independientes y eficaces, se encuentran constreñidas por décadas de instituciones y entidades que no funcionan y que pesan sobre el día a día de la actividad económica, proyectándose incluso sobre los pequeños y controlados resquicios de actividad privada que hay en Cuba.

De verdad, la actualización de la economía cubana, necesita mucho más que una somera revisión y actualización de las normas que rigen el sistema empresarial. Necesita libertad de empresa privada, enriquecimiento, rentabilidad, decisiones autónomas e independientes del estado, dirigidas por la institución del mercado y los precios. No es bueno resistirse a lo único que puede ayudar a Cuba, como ya ocurrió antes en China o Vietnam.

Los empresarios cubanos tienen que empezar a dirigir la economía y a comprobar que sus decisiones tienen peso, reconocimiento y valor. No es solo un reconocimiento ferial de buenas prácticas, es mucho más que eso. Es reconocer el fracaso de 59 años de comunismo totalitario, y dar un giro de 180º hacia la libertad económica. Que las cadenas, necesarias para el desarrollo, surjan de los negocios de las empresas, basados en ventajas competitivas y generación de valor. Que no existan límites ideológicos a emprender nuevas oportunidades que permitan sacar al máximo las potencialidades de la economía cubana. Eso no se consigue autorizando a cuenta gotas una serie de ocupaciones a cuenta propistas, o entregando tierras en arrendamiento a bravos guajiros. Eso se consigue extendiendo la actividad privada empresarial a toda la economía, estableciendo un sistema jurídico basado en derechos de propiedad privada y suprimiendo el modelo de intervención estatal en favor del mercado y la libre empresa.

Verdades como puños. Ir en contra de eso es atrasar más aún el país. Dedicarse a contar coles, mangos o chirimollas no es lo que se tiene que hacer, sino facilitar la máxima producción de todos estos productos y llevarlos al mercado para que la gente los pueda comprar. Dejar que las empresas ganen dinero y que puedan reinvertir libremente sus beneficios en los equipamientos y medios de producción que tienen que actualizar para ser competitivos. Apartar al estado del control de esos beneficios empresariales y permitir que los trabajadores vean mejorados sus salarios cuando la productividad aumente, que lo hará.

Hay que olvidarse de la planificación central. No va a ningún sitio. Los empresarios deben tener autonomía plena al frente de sus organizaciones. Desarrollar al máximo sus potencialidades sin que el delegado comunista de turno venga a decir lo que se tiene que hacer. Ese es el futuro de la economía cubana si de verdad quieren consolidar los encadenamientos de la economía.

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