Los fracasos de la revolución para Díaz Canel: la alimentación (1)

Elías Amor Bravo, economista 

Díaz Canel dijo en el consejo de ministros, último de septiembre, que “el fracaso no será nunca una opción para la revolución”. Y está bien que piense eso, e incluso que lo diga, pero cuando en su periódico oficial comunista lo desmienten todos los días, es porque algo no funciona bien. O Díaz Canel vive alejado de la realidad, lo que es bastante probable, o en Granma le quieren mover la silla. O las dos cosas, que tal y como está el patio en Cuba en este momento, celebrando incomprensiblemente 60 años de la creación de una mafia de delatores, que han hecho la vida imposible a gente decente, hasta obligarlos a huir del país, no se sabe como va a acabar la historia. Desde luego, bien, no.

Dicho lo anterior, en Granma han desmentido el tono triunfal de Díaz Canel en un artículo en el que, una vez más, vuelven a tratar el fracaso de la agricultura y la ganadería para alimentar al pueblo cubano. Y como siempre, Machado Ventura al frente de las consignas a los guajiros, relativa a “la necesidad de trabajar con el sentido de la urgencia que demandan las actuales circunstancias por las que atraviesa el país”. Consignas y más consignas, pero los alimentos siguen sin aparecer por las bodegas estatales y cuando se presenta alguno, la cola se encarga de acabar rápido con las existencias. Decir a los guajiros cubanos que tienen “que trabajar con preparación, mayor tesón e inteligencia para producir más, perfeccionar el sistema de contratación, comercialización y acopio, así como velar por los precios y el destino de las producciones”, me parece un insulto de muy mal gusto, y a estas alturas de la historia, mejor ni opinar.

Y como apuntan los indicadores, la situación cada vez es peor. Machado Ventura ha dicho ante representantes del sector, que “en lo adelante solo tendremos los alimentos que seamos capaces de producir”. Esto empieza a ponerse muy feo. Porque si lo único que se va a proporcionar a la población es lo que se produce, entonces la crisis alimentaria que anunciaba el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, está a las puertas, y no hay nada que la pueda frenar.

Los dirigentes comunistas cubanos, como Machado Ventura, son incapaces de salir del fracaso al que han llevado a la otrora próspera agricultura cubana, porque no quieren ver la realidad y se aferran a lo que llaman “nuestro proyecto socialista” que en el caso del campo cubano, solo ha sido un fracaso. Díaz Canel, debe ir tomando nota.

La solución de Machado consiste en “producir más con los pocos recursos que tenemos, para lo cual hay que sacar las reservas que existen en todas partes, que no son pocas, y desterrar la ineficiencia que muchas veces aflora en determinados lugares”. 

Bien, empecemos a ver cómo. ¿De qué recursos habla? Si, es cierto, la agricultura es el sector que absorbe más empleo de la economía, un 17% del total en 2019, pero improductivo, ya que se encuentra atado a granjas estatales o a tierras cedidas en arrendamiento que nunca serán de propiedad privada. Hay recursos, de acuerdo, pero ¿de qué reservas habla, cuando los guajiros tienen que pagar los insumos en moneda convertible?

Que diga Machado Ventura si hay algún arrendatario que gane dinero con sus tierras y que tenga después que someterse a las majaderías de acopio. Estamos de acuerdo en que se tiene que desterrar la ineficiencia, pero eso requiere transformar la estructura jurídica de los derechos de propiedad de la tierra para que el guajiro sea dueño real de la tierra y sienta la motivación necesaria para hacerla crecer y más próspera. Los comunistas son ajenos a esta realidad.

Una realidad que es la única solución para paliar la crisis alimentaria que está en ciernes. Sin divisas para importaciones a Estados Unidos de granos y carne de ave, que se deben pagar al contado, como ha venido siendo habitual, la seguridad alimentaria, eso que los comunistas llaman la “soberanía alimentaria” se va a bolina. Y lo peor es que nadie está haciendo planes para resolver lo que viene. Atrapados en la improductividad, sometidos a las directrices de los consejos locales comunistas, sin combustible, sin materias primas ni aperos o insumos, ni fertilizantes, con la tierra limitada, en las granjas estatales ya se sabe, y los arrendatarios hacen lo que pueden, tratando de preparar las tierras que tienen cedidas, pero luego pasa lo que pasa. Y Machado Ventura con sus arengas.

Los comunistas resuelven esta grave situación alertando a los guajiros, que saben mucho más que ellos lo que es la tierra y como se le saca producción, de que hay que usar productos orgánicos “ante la carencia de fertilizantes, herbicidas y plaguicidas, además de propiciar el intercalamiento de los cultivos y un mejor uso de las máquinas de riego”, o que se tienen que fomentar “los polos productivos e incorporar a la producción de alimentos todo el fondo de tierras disponibles, como son las áreas ociosas pertenecientes a ingenios azucareros paralizados”. Parece mentira que esto no se haya hecho, pero el arriendo de tierras llega hasta donde llega. Y no da para más.

De ese modo, el campo cubano se mueve entre lo imposible y los incumplimientos, que dejan tierras sin atender, pero que se podrían poner en explotación si la propiedad privada fuera el modelo jurídico de organización. De nada sirve la implicación de los municipios en el tema. Para Machado Ventura, es más importante “defender la Revolución desde el surco” y como señala “aportar los cinco kilogramos de proteína que requiere la familia”.

Si, desde luego, así les va, aportando proteína sin más, sin atender a las necesidades de los consumidores, tan variadas, tan diferentes, tan complejas, que con estos planteamientos de granja colectiva del siglo pasado, se entiende por qué el fracaso del sector agropecuario, agricultura y ganadería. Concretamente, en esta última los incumplimientos son notorios y graves, tanto en leche como carne, y aquí los problemas son de la más variada índole y apuntan una vez más a la organización jurídico productiva del sector.

Llegados a este punto, ¿qué piensa hacer Machado Ventura para resolver el fracaso de la revolución en el sector agropecuario? La idea procede de la consigna a los consejos locales para la producción y autoabastecimiento municipal y consiste en crear “un amplio movimiento de masas, que involucre al pueblo en las labores agrícolas de siembra, limpieza y cultivo, entre otras atenciones”, ¿Pero esto no es un dèja vu? Una vez más, ¿van a mandar a la gente a trabajar al campo? ¿A quién, o quienes, cuando y cómo?

Mal asunto. Vuelven a las andadas, las tristes escenas de los años 60, cuando un cubano que deseaba salir del país debía compensar con trabajos forzosos en el campo, o los niños durante la fracasada “escuela al campo”, o las guardias de fin de semana. ¿No se cansan de lo mismo de siempre? ¿Es que no hay ideas nuevas, de progreso y bienestar real? Dada la preocupación puesta de manifiesto por Machado Ventura por la carestía de alimentos en La Habana es muy probable que la presión comunista caiga sobre el sector agropecuario de las provincias cercanas. Pero, ¿esto será suficiente?

El fracaso de la revolución es más que evidente. Andar por el país, como Machado Ventura, contando la superficie de tierras que se ponen en explotación para la próxima campaña, o si se sustituyen materias primas de la importación por nacionales, o la superficie sembrada realmente, es un ejemplo de que las cosas se han descontrolado de forma total, y que el campo cubano, agricultura y ganadería, es incapaz de dar solución a las necesidades de alimentación de la población. 

Ese “sacarle jugo al campo” del que habla el viejo dirigente comunista, no se logrará con el actual modelo social comunista. Las trabas son demasiado importantes, pero están más en la ideología y la mentalidad, que en la realidad. Toca hacer algo, y cuanto antes.


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