No. No va bien el sector agropecuario cubano

Elías Amor Bravo economista

Lo peor que se puede hacer a una persona es engañarla o tomarla por boba, o las dos cosas al mismo tiempo. Esto es lo que se puede concluir del programa Mesa redonda en que participó el ministro de la agricultura castrista, Ydael Pérez y que Cubadebate ha reseñado con un artículo titulado “A un año de aprobadas, ¿Cómo marchan las 63 medidas para dinamizar la agricultura?”

Pues marchan mal. Muy mal. No producen los efectos esperados, por mucho maquillaje que se quiera utilizar y ahora, además, como advierte un consejo de economistas de Davos en un informe trimestral, se avecina una crisis alimentaria mundial que no va a pasar de largo por Cuba, ni mucho menos. Como ocurre en estos casos, la culpa de todo la tiene el embargo, y lo demás, puro trámite.

Otro programa Mesa redonda perdido para los cubanos, en el que Randy Alonso se limitó a dar cabezadas de asentimiento a todo lo que decía el ministro comunista. Que si el régimen está preocupado por buscar soluciones y dinamizar la producción agropecuaria, que si los procesos en la agricultura llevan tiempo y algunos son largos, que si hay 63 medidas y 658 acciones con metas e indicadores medibles, que rinden cuentas a sus promotores, y un sinfín de argumentos explicativos que no convencen a nadie, porque una vez más, se entretienen con los indicadores de procesos y no con los resultados, que es lo que de verdad importa a la gente, comer todos los días. Muy comunista.

Yo pregunto, ¿a qué cubano le interesa que las decisiones del ministerio estén divididas en siete grupos relacionados con la gestión y las finanzas del sistema de la agricultura, el programa productivo, el sistema cooperativo, los cuadros del sector, la ciencia, innovación y comunicación o las comunidades agropecuarias? ¿A qué cubano le interesa saber que ya se han aprobado 16 políticas agropecuarias, siete decretos leyes, 11 decretos y 19 resoluciones, para favorecer y destrabar los temas relacionados con la producción? ¿A qué cubano le interesa saber que la Asamblea Nacional aprobó recientemente la Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional? Como si el hambre y la carestía de comida se resolviera publicando leyes y más leyes.

El ministro perdió una ocasión de oro para asumir su responsabilidad y hablar claro de por qué falta comida en Cuba. Seguro que lo sabe, y también que perderse en tanto indicador de proceso no es otra cosa que aburrir a una audiencia a la que le importa un bledo que haya una reordenación del ministerio o que se fortalezca el papel de los municipios, pasando empleados de un lado a otro, lo mismo que esa vieja idea de Raúl Castro de producir en tiesto, parques y jardines. 

En un momento de su intervención el ministro aludió a la reconversión de las empresas, que han reducido un 39% sus plantillas, sobre todo las OSDEs que, de una media de 180 trabajadores indirectos, ahora cuenta con menos de 70. Para evitar el pánico, dijo que no se trata de dejar en desempleo a la gente, sino de “reubicarlas” y citó el ejemplo de “compañeros que eran jefes de UEB que hoy son jefes de un colectivo laboral en una máquina de riego”. O sea que las UEB no servían de mucho, si se puede prescindir de cuadros. 

El ministro dijo que “se precisa buscar a más personas dedicadas a la producción”, parece que no tiene bastante con que casi el 20% de la población ocupada en Cuba esté en el sector agropecuario, y quiere más gente produciendo con el resultado de productividades más bajas. Por otro lado, habló de “estructuras infladas” así que no se sabe bien a qué atenerse.

También habló de aumentar la inversión extranjera reconociendo que en la agricultura no ha avanzado lo suficiente. En realidad, ha estado al margen de los proyectos, por la estructura jurídica de derechos de propiedad que tiene que cambiar. 

Se refirió a la banca de fomento agrícola, que en su opinión “ha sido muy bien acogida por los productores”, pero en realidad tiene una existencia marginal, ya que solo se otorgaron 1.800 millones de pesos el pasado año “fundamentalmente a productores vinculados con la producción porcina, la ganadería vacuna, y el cultivo de arroz, plátano, yuca y guayaba” sin que se hayan obtenido incrementos significativos de la producción como revelan los datos de ONEI.

Otros productos beneficiados como el tomate, la soya, el ganado porcino y el ganado mayor, los cuales se suman a otros como el arroz, el frijol, el maíz, la papa, el plátano, la yuca y el boniato, tampoco experimentaron mejoras, excepto el tomate. Los 18.282 créditos aprobados, no llegan ni al 10% de arrendatarios y productores independientes y los 5.000 millones de pesos son una gota de agua para las necesidades reales del sector. Los guajiros han dado la espalda a las “medidas dinamizadoras” de la producción agropecuaria. Han hecho lo correcto.

A continuación, después de hablar de que se necesita más mano de obra en la agricultura, el ministro dijo que “hay una gran cantidad de tierras por explotar”, y en este caso, una vez más, la responsabilidad directa es suya. En realidad si quedan en Cuba “tierras ociosas o deficientemente explotadas, un problema por solucionar en aras de elevar las producciones” el régimen tiene que reconocer que la propiedad colectiva de la tierra es un error estratégico y que procede su transformación a la propiedad privada, como hicieron chinos o vietnamitas.  

Si el ministro quiere que “nuestro pueblo sienta que hacer producir la tierra sea parte de su proyecto de vida”, lo que se tiene que hacer es dar la tierra a quien la trabaja, pero darla con todas las consecuencias, para que se pueda aumentar, reducir, vender, alquilar, o decidir libremente su uso sin consignas ideológicas o partidistas, solo con criterios de eficacia y rentabilidad.

No parece que esta sea la apuesta el ministro. Para él es más importante atender a los colectivos laborales como parte del proceso de la entrega de tierras. Citó los más de 1.500 colectivos laborales, con casi 15.000 trabajadores, que podrían beneficiarse de las medidas aprobadas, pero reconoció “que no en todos los lugares son recibidas del mismo modo (…) encontramos problemas con los jefes, porque no cambian sus métodos. Eso no crea sentido de pertenencia en los trabajadores y necesitamos una gestión eficiente también allí”.

Por lo que respecta a la entrega de tierras el ministro se mostró crítico y señaló las demoras en los cumplimientos de los plazos y resistencia de las administraciones para entregar terrenos ociosos. El panorama es desolador: solicitudes fuera de término que se tiene que solucionar a golpe de gestión política, muchas más en proceso y el pueblo pasando hambre.

El ministro habló de “trabajar con más intencionalidad con los productores, acercarse a ellos y proponerles tierras”. Pero destacó al respecto que “no aspiramos a concentrar la propiedad de las tierras en usufructo, sino la gestión de esos terrenos”. Y se justificó con la entrega de tierras a la ganadería, que, de más de 7 mil hectáreas de tierra entregadas, por culpa de la falta de pienso importado no se han logrado aumentos de producción.

En producción ganadera, leche y carne el ministro habló de la recuperación de más de mil vaquerías típicas, así como de la eficiencia de los más de 150 mil productores, los 27.000 ganaderos con diez o más vacas que “son clave en nuestros planes y los estamos visitando” para entregarles tierras. Al parecer no funciona, les quieren dar hasta cinco caballerías de tierras, pero el promedio ronda las 1.5. Nadie quiere aportar su trabajo y esfuerzo a algo que nunca será suyo. A ver cuándo se enteran. El ministro reconoció que se decrece en la masa ganadera y dijo que “tenemos poco más de 3.5 millones de cabezas de ganado, pero solo el 40% de nuestras vacas paren. Aunque vamos cumplimento el plan de leche, esta es un área donde igualmente se puede hacer más”.

En cultivo ecológico, el ministro señaló que se ha crecido en las áreas cultivadas, pero un resultan insuficientes. Por ejemplo, en los plátanos faltan 28.000 hectáreas, mientras que la malanga necesita otras 11.000 y la yuca más de 50.000. La pregunta inquietante es ¿Quién y cómo decide esas áreas cultivadas con ecología y por qué?

También señaló que, en el cultivo de viandas y vegetales, “se podía hacer más” y citó como ejemplo la autonomía de los municipios para concertar precios como estímulo a la producción, mientras contribuye a no elevar en exceso los costos. En sus planes está recuperar la agricultura urbana.

En otro momento, señaló que en Cuba hay 4.494 cooperativas y más de 400.000 productores y recordó que “en el Buró Político se aprobaron 17 soluciones para las cooperativas y que actualmente se trabaja en una nueva norma legal que les otorgue más independencia”. La forma organizativa está en crisis.

Respecto a la formación de cuadros, con la que se mostró poco satisfecho, señaló que se trabaja en las competencias y en la proyección del cuadro e insistió en que “tenemos que seguir mejorando el trabajo con los jóvenes”. 

Reservó otra parte para hablar del papel de los científicos y la ciencia, que en su opinión ha permitido avanzar en la gestión basada en la innovación habiéndose logrado “247 innovaciones, 33 temas y 117 indicaciones del presidente”.  Al respecto dijo que “persisten insatisfacciones. Hay que buscar mecanismos que nos permitan que lo que se ha logrado en un productor se extienda con más rapidez a otros”. 

En resumen, el ministro defendió la aplicación de las 63 medidas de la agricultura justificando su impacto positivo, pero no ofreció ni un solo indicador de resultados de mejora. Aun estaba muy cerca la publicación reciente de ONEI con el balance negativo del sector agropecuario en 2021. Por ello, siguiendo las líneas del ministro Gil, el titular de agricultura se sumó al discurso oficial de que “se está avanzando, aunque no es para sentirse complacidos. Estamos totalmente insatisfechos”. 

La pregunta es ¿Qué avance gradual o no se debe alcanzar para lograr estar complacido con algo que obviamente no funciona? Porque a este paso, o se identifica un nuevo modelo para el sector agropecuario cubano, o la crisis alimentaria que anticipan analistas y expertos está más cerca que nunca. Y puede ser cierto que la solución no está en importar los insumos como dijo el ministro, sino que se tiene que buscar aquí, pero tal vez, sean otros los que la deban buscar e implementar. A los cubanos no se les puede engañar por más tiempo. Ni tomarlos por bobos. El plato de comida diario no está asegurado. La cosa está cada vez peor.

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