Otro pésimo año para el turismo

Elías Amor Bravo economista 

Los dirigentes de la política turística de Cuba están contentos porque la Isla ha superado en los primeros cuatro meses del año la cifra de visitantes en igual período del año pasado, de acuerdo con los datos ofrecidos este lunes en el evento de Turismo Sostenible por el ministro de Turismo, Juan Carlos García. De hecho, aspiran a alcanzar 2,5 millones este año.

¡Qué lejos de las cifras de 2019, el último año antes de la pandemia? Aquel ejercicio, según datos oficiales, a Cuba llegaron cerca de 5 millones de turistas. Alcanzar solo la mitad de aquel resultado es una previsión pobre, que debería ser objeto de revisión.

Pero lejos de asumir el desastre que viene, el ministro se sacó unas cifras, que todavía no se han publicado en la Oficina Nacional de Estadística, según las cuales llegaron al país más de 450.000 turistas hasta abril de 2022, una cifra que para los dirigentes comunistas del turismo cubano debe parecer un éxito, tal y como se presentó en una de las sesiones de la 40 Feria Internacional de Turismo, en Varadero.

Y que, sin embargo, si de nuevo se compara con el resultado del mismo período de 2019, antes de la crisis, el resultado fue que cerca de un millón de turistas entraron al país en las mismas fechas, o sea, este año se está un 60% por debajo, con su incidencia en ingresos, divisas, etc,

Desde esta perspectiva triunfalista y alejada de la realidad, el ministro García afirmó la esperanza del régimen de que “muy pronto nos recuperaremos”, y volvió de nuevo a culpar al “bloqueo” impuesto por el gobierno de Estados Unidos al mercado de dicho país (realmente el tercero por volumen de procedencia, incluyendo la comunidad cubana en el exterior principal componente en ese país) así como a los rebrotes mundiales del COVID-19 como el factor que explica los resultados de la campaña de invierno en Cuba. El ministro asume una relación entre rebrotes del virus y aplicación por los países de medidas restrictivas como el elemento que afecta al turismo en Cuba.

Anda equivocado el ministro; debería echar un vistazo a lo ocurrido en República Dominicana, Costa Rica o Cancún y se llevaría una gran sorpresa. En la República Dominicana, de enero a marzo de este año llegaron 1.430.295 turistas extranjeros, tres veces más que a Cuba, además, el 45% procedentes de Europa. Estos destinos, que compiten con Cuba en el mercado de invierno, han tenido éxito en atraer viajeros de larga distancia. Cosa que los dirigentes comunistas siguen sin lograr acertar, confiando en recuperar los canadienses, y algunos europeos, a falta de los rusos, que han preferido en este primer cuatrimestre del año disfrutar de sus vacaciones en el Mediterráneo español donde la crisis parece haberse alejado para siempre.

Y luego está la eterna incógnita del turismo de América Latina, que sigue dando la espalda a Cuba a pesar de que el ministro reconoció que están trabajando con mayor intensidad en los países de la región. De hecho, señaló que cuando Cuba se abrió al turismo el pasado noviembre, países como México y Argentina pasaron a ser de los principales mercados, si bien con porcentajes insignificantes.

En cuanto al rescate de los rusos, mal asunto para el ministro. Mientras la guerra siga con las atrocidades de Putin en Ucrania, los turistas rusos no llegarán al Caribe, y mucho menos a Cuba. El mercado ruso se dirigirá, aquellos que sobrevivan a la recesión que va a golpear a la economía con especial intensidad, a otros países cercanos, como Turquía. A medio plazo, Rusia no ofrece seguridad alguna para el turismo ni siquiera con esa búsqueda de “nuevas formas de conectar a ambos países” a las que se refirió el ministro, sin precisar cuáles, y que vienen a mostrar, una vez más, que el régimen comunista cubano, tan enemigo del imperialismo, da todo su apoyo a Rusia en una de las guerras más criminales de las últimas décadas.

Y luego quieren tener amigos del turismo. Esas cuatro personas que dice el ministro que cuando el turista regresa a su país, quedan como “amigos para toda la vida en Cuba”. Desde luego, y si el turista les ofrece una oportunidad de huir del país, serán mucho más amigos aún. Porque vivir en Cuba es un riesgo, un grave riesgo para los cubanos.

La venta de Cuba como país muy seguro para el turismo tropieza con las percepciones de millones de turistas internacionales, a los que repugna la invasión de Ucrania, en la que Cuba ha tomado partido por su socio, Putin. Esa identificación con el dirigente ruso hace que muchos viajeros rechacen la oferta de turismo en Cuba, por solidaridad con los ucranianos. Interpretar la demanda de turismo va más allá de los titulares que usan los comunistas cubanos. Y hay gente que se cansa. La República Dominicana, por ejemplo, sin tanto slogan, llena sus plazas hoteleras y ha dejado atrás la crisis.   

El ministro habla de niveles de satisfacción elevados. Dice tener encuestas, y añadió que “se la han agenciado para hacer maravillas”. Mejor es no saber, el caso es que los clientes rara vez repiten una vez que pasan unas vacaciones en Cuba, y eso debería ser motivo de preocupación para los hoteleros que siguen gestionando establecimientos con tasas de ocupación inferiores a la mitad de las que consiguen en destinos como Baleares, Canarias o Costa del sol.

Y Díaz Canel también tuvo su momento de gloria en esta feria de Varadero, y como informa Granma, señaló que “aquí estamos hoy, y extendió la gratitud hacia los amigos de la Isla, los de otras latitudes, por haber confiado en la capacidad del país, por la comprensión que han tenido de nuestra realidad, por el modo en que han sabido resistir presiones de quienes desean ver a la nación caribeña sola y derrotada”.

Otro error. Llevar a este tipo de foros el argumento caduco del embargo/ bloqueo es una pérdida de tiempo. Sugiero a los comunistas que con esas encuestas que realizan a los turistas, pregunten a ver cuántos conocen el embargo o saben de su existencia. Se van a llevar una sorpresa. Está bien que en estos tiempos difíciles de la COVID-19, Cuba reciba de sus amigos “apoyo moral, aliento, y también apoyo material”.

Pero una cosa es la amistad y otra bien distinta, el negocio. Y tal vez, Díaz Canel no lo pueda o no lo quiera entender, pero hay una gran distancia. Se puede contar con los amigos, por supuesto, siempre están al lado para ayudar y cooperar. Pero cuando se atiende un negocio, el cliente siempre tiene razón, y no es un amigo, sino alguien que paga por un producto o servicio y quiere sacar la mayor diferencia posible entre lo que recibe y lo que paga. ¿Dónde está el turismo en este intercambio de valor por precio? Me temo que a años luz de República Dominicana, Cancún o Costa Rica. Los datos son los que son. Lograr la fortaleza del turismo cubano pasa por reformas estructurales que alejen al estado del control y titularidad de los medios de producción. El modelo ideado por Fidel Castro a comienzos de los años 90 es un fracaso. No da para más. Ni siquiera para los amigos.


 

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