Feliz 20 de mayo para todos

Elías Amor Bravo economista

La historiografía del régimen comunista cubano se ha especializado durante 63 años en destruir el episodio histórico más importante ocurrido aquel 20 de mayo de 1902, en que Cuba consiguió cumplir, finalmente, el objetivo de las guerras iniciadas en 1868 de ser una nación políticamente independiente y para todos los cubanos.

El castrismo ha presentado aquel hecho como el nacimiento de una república neocolonial, corrupta, sometida a una potencia extranjera, con numerosos problemas económicos y sociales, y, sobre todo, una estructura social injusta heredada de la metrópoli.

Y si bien es posible que algo de ello existiera en la foto fija de aquella nación que vio la luz por vez primera antes los ojos asombrados del mundo, lo cierto es que, la historia posterior, con todas sus luces y sombras, dio lugar en 57 años a una de las potencias económicas, sociales, culturales y políticas más dinámicas de América Latina y del mundo.

Un país a años luz del estado de miseria y postración que existe en 2022. Una nación de la que, los cubanos, se sentían orgullosos. Nuestros antepasados que vivieran en aquella época y construyeron la República de Cuba, podrían sentirse muy orgullosos de lo que lograron. Y cada vez que pueden leer, desde donde quiera que estén, las majaderías que se describen en la prensa estatal comunista se deben sorprender sin duda desfavorablemente.

Por ejemplo, los comunistas critican la Enmienda Platt con la que nació la constitución de la República, pero ignoran que, gracias a ello, Cuba se encontró protegida de eventuales agresiones del exterior, ante las que no podría haber defendido su soberanía, por cuando carecía de un ejército en condiciones para ello. La Enmienda Platt fue beneficiosa mientras duró, y cuando se eliminó en 1934 Cuba reunía condiciones suficientes para avanzar en soledad dentro del concierto de las naciones.

La Enmienda Platt no impidió el desarrollo económico acelerado de la República en sus primeras tres décadas, la llegada masiva de inmigrantes y la consolidación de una estructura social moderna y avanzada para los estándares de la época. Martí, Maceo y los valientes mambises del Ejército Libertador podían estar satisfechos de su gesta histórica. Los supuestos “anexionistas” si es que alguna vez los hubo, se quedaron con las ganas. Entre 1902 y 1934 llegaron a Cuba para establecerse y desarrollar sus vidas, más del doble de los españoles que habían llegado en tiempos coloniales. La nación en 1934 había forjado su personalidad hispana y africana, única en el mundo. Y empezó a funcionar.

Un dinamismo tan espectacular, que la política de vecindad entre Estados Unidos y Cuba, transcurridos los efectos de la gran depresión y la época turbulenta de Machado, dio lugar a un nuevo modelo de relaciones económicas, que hizo que Estados Unidos volcara en la isla grandes sumas de capital, sobre todo en el azúcar, pero también en la industria o los servicios, generando una expansión económica larga que se extendió prácticamente durante dos décadas. Esta fue la época de los intercambios no solo económicos, sino tecnológicos, científicos, sociales, cuando en Cuba se vio la televisión en color primero en todo el mundo, o cuando el sistema financiero se preparaba para un gran salto a nivel de América Latina.

A finales de los años 50, el experimento era un éxito y el PIB per cápita de Cuba estaba por encima del de España o Italia, y los indicadores de bienestar social superaban los estándares promedio de América Latina. En 57 años desde aquel mágico 20 de mayo de 1902, Cuba se había transformado en una potencia (un ciclo de Kondratieff promedio dura 54 años), en la que cabía todo el mundo, y donde se daban las condiciones para emprender, vivir y soñar con cualquier futuro mejor. La prueba está en que el saldo migratorio de la nación seguía siendo positivo y decenas de miles de españoles, italianos, europeos del este, solicitaban todos los años su visado para establecerse en Cuba.

Y entonces, ocurrió lo que todos conocemos. Aquel mes de enero de 1959 una banda de aventureros se hizo con las estructuras del poder de una sociedad inocente, que aspiraba a cambios que el sistema político en vigor, en cualquier momento, hubiera aprobado. La constitución de 1940 había sentado las bases para una administración garantista, un aumento de la participación del estado en la economía y el diseño de amplios programas de atención social. Pero aquello no pudo ser, y el régimen castrista, el mismo que sigue en el poder durante 63 años, tiró por la borda la brillante historia de la nación de todos los cubanos, para crear una específica para los comunistas, los únicos que, a partir de entonces, tendrían todo el poder.

Al castrismo, desde entonces, se le puede acusar de numerosos actos negativos y las consecuencias de la ideología puesta en marcha son bien visibles. Pero si hay algo que merece ser cuestionado es la forma de interpretar la historia, destruyendo la memoria de los primeros 57 años de existencia de la República.

Si realmente aquella Cuba que nació en 1902, hoy hace 120 años, se hubiera correspondido con la visión que los comunistas han construido de la misma, (en esencia, una nación corrupta, con una sociedad escéptica, con una preocupación por la miseria y la pobreza social, el odio a los acaudalados, el analfabetismo, la politiquería, la represión y la violencia social, las prebendas y el cohecho, el racismo, la discriminación en el acceso a los empleos y las oportunidades culturales y sociales, con ciudades en las que elegantes edificios de apartamentos, hoteles se combinaban con burdeles, cabarés y salas de juegos en poder de la mafia, una sociedad de campesinos pobres que carecían de sanidad o educación para sus hijos, amenazados de desalojo) aquella nación no hubiera llegado a ningún sitio, y probablemente habría estallado en cualquier momento por el cúmulo de anomalías. Y sin embargo no fue así, Cuba prosperó, creó riqueza para todos sus hijos e hizo realidad muchos sueños. Incluso, los comunistas se adueñaron del poder sin guerra alguna. El ajuste de cuentas vino después, pero esa es otra historia.

Desde 1959 son varias las generaciones de cubanos que iniciaron la lucha por recuperar aquella nación que se perdió definitivamente. A ellos también hay que honrar y recordar en un día como hoy. Muchos murieron en el dolor del exilio de ver una patria destruida y no poder regresar a la tierra de nacimiento. Algún día, habrá que hacer justicia y reparar su extraordinaria contribución a la patria. Regresar al pasado será imposible, pero en algún momento habrá que definir una nueva trayectoria diferente de la actual, para que Cuba vuelva a ser un espacio en que quepamos todos, y no solo a los comunistas. Maceo, Martí y los valientes mambises así lo habrían querido, que nadie tenga la menor duda de ello. 

Feliz 20 de mayo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Murillo y la Tarea Ordenamiento: la culpa es de otros

El castrismo ante la encrucijada del modelo de turismo

¿Qué pasará con el peso cubano?