Murillo y el enredo con la libreta de racionamiento

Elías Amor Bravo, economista

Estos días se han dicho muchas cosas en el espacio Mesa redonda, que dirige Randy Alonso. Uno de los comparecientes, Murillo, el zar de los lineamientos, dijo que “el desmonte de la libreta de abastecimiento tendrá que ser muy gradual” en referencia a ese documento histórico que, desde 1962, amarga la existencia de los cubanos. Estos, a diferencia de los ciudadanos de otros países, no tienen libertad de elección para consumir lo que les dé la gana. La libreta, creada en circunstancias históricas excepcionales, ha llegado a nuestros días y, casi seguro, continuará porque es el instrumento que posee el gobierno comunista para someter a la población, por la vía de hambre, la necesidad y la ausencia de bienes y servicios. Por eso, Murillo se hizo un enredo con la libreta y ni si, ni no, ni todo lo contrario.

Una justificación de la libreta para los comunistas es la gratuidad de los bienes y servicios que se suministran, pero nunca se mencionan los subsidios. En esta ocasión, Murillo reconoció el elevado coste de la libreta de racionamiento para las vacías arcas del estado comunista y el enorme volumen de subsidios que se destinan cada año a las empresas estatales que los producen. La razón no es otra que los bienes que se suministran con cargo a la libreta no son tan baratos como la gente piensa, ya que, para empezar, se obtienen por empresas ineficientes que necesitan subsidios del gobierno para lograr esos precios más bajos. 

Y creo que no hace falta advertir que el origen de los subsidios es la recaudación de impuestos y tributos que hace el gobierno del conjunto de la población cubana. Es lo mismo que el cuento de la sanidad y educación gratuitas, otra falsedad comunista, ya que los cubanos pagan y lo hacen en una enorme cantidad, por estos servicios que, además, suministra el mismo que cobra los impuestos, a saber, el estado comunista.

Por mucho que se empeñe en defender el instrumento, ni es eficaz, ni ha resuelto problema alguno para la población, ni funciona adecuadamente, ni tampoco es el mejor medio de facilitar el consumo estable a lo largo del mes. Los cubanos saben que la libreta es una preocupación más, nunca una solución.

En este perverso modelo que elimina la libre elección de los consumidores como motor de la sociedad, la libreta de racionamiento, su existencia durante 58 años, su contenido menguante y el hecho de que en 2020 todavía un ministro diga que se tiene que eliminar, pero “con cuidado” pone de manifiesto que todo el énfasis reformista de los comunistas cubanos es papel mojado y que, en realidad, lo que quieren es ganar tiempo y seguir dirigiendo los destinos de la nación, de la que se han apropiado hace 61 años.

Conviene señalar que el denominado “mecanismo de distribución normada de productos a gran escala en Cuba” es un instrumento tan perverso que incluso es perceptible en las estadísticas macroeconómicas. En general, en cualquier país del mundo el consumo en porcentaje sobre el PIB tiende a situarse en un 80%, siendo el privado un 70% y el 10% restante el que hace el gobierno. En Cuba, el consumo alcanza un porcentaje similar, pero el que realiza el gobierno y que luego reciben los ciudadanos, es decir, la libreta de racionamiento, llega a alcanzar un 40% de total siendo el otro 40% el que se realiza de forma privada por la población. 4 de cada 10 CUP se suministran por el estado comunista sin preguntar a los cubanos qué quieren, y en qué cuantía. Lo demás  es bien conocido de todos los que leen este blog.

A estas alturas de la historia, mantener el mecanismo coercitivo de la libreta es un atentado contra la libertad y los derechos de los cubanos. E incluso, más grave aún es lo que dijo Murillo que van a hacer, “dejar un grupo de productos, sin subsidios y por la libreta”. Eso es destruir mas aún, si cabe, lo que aun les queda, y someter no solo a los consumidores, sino a las empresas que, para sobrevivir, necesitan los subsidios del gobierno.

Además, el plan deja mucho que desear, ya que en una primera etapa quieren mantener la libreta de abastecimiento para asegurar el acceso de los ciudadanos a artículos básicos en condiciones de déficit de oferta y proteger contra el acaparamiento y la especulación. ¿Alguna vez la libreta ha asegurado realmente algo? Lo que asegura es miseria, escasez y deficiente calidad de producto. Y pretenden seguir con lo mismo. El acaparamiento y la especulación son comportamientos sociales como respuesta al sometimiento de la población al estado productor y distribuidor de bienes. Ambos comportamientos desaparecerán solo si cambia el modelo económico social comunista.

Además, Murillo se equivoca, porque no hay que esperar a que los mercados tengan otra situación y avancen un grupo de relaciones económicas y financieras, para entonces ir suprimiendo la libreta. Es justo lo contrario de lo que él afirma. Para que los mercados puedan consolidar su capacidad para gestionar oferta y demanda por medio de los precios, es necesario eliminar primero la libreta de racionamiento y dejar que productores y consumidores encuentren el equilibrio por sí solos, sin interferencias del estado comunista. La gran reforma de la economía cubana pasa precisamente por restaurar el mercado como instrumento de asignación de recursos y suprimir el ineficaz ministerio de precios.

En realidad, la libreta debería haber sido eliminada hace muchos años. Su mantenimiento obedece solo a razones políticas y de control que el régimen comunista sabe que le otorgan un poder coercitivo sobre los cubanos. Hasta Raúl Castro reconoció en el VI Congreso del partido único, que la eliminación de la libreta de abastecimiento había sido el asunto que provocó la mayor cantidad de intervenciones de los participantes en el debate de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución. Aquellas intervenciones, como suele ocurrir en el régimen comunista, pasaron a mejor vida y el gobierno ni siquiera las atendió, pese a reconocer algún dirigente que la libreta había sido origen de las profundas distorsiones existentes en el funcionamiento de la economía y la sociedad en su conjunto.

Castro reconoció que un instrumento que había sido introducido en los años 60 con una presunta vocación de igualdad, en el momento presente se había convertido en un obstáculo firme a aplicar el principio de que a cada cuál se distribuya según su capacidad y según su trabajo. Otra entelequia de los comunistas, que sigue sin tener una concreción, cuando el salario medio del país ronda apenas los 40 dólares, uno de los más bajos del mundo. Castro dejó el poder y nadie se volvió a acordar de la libreta.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, Murillo reconoció en la mesa redonda que el enredo que tiene con relación a la eliminación de la libreta es el cómo, cuándo y con qué gradualidad se procederá a esta decisión, que parece que puede llegar en cualquier momento, pero con la misma escasa convicción que caracteriza a los dirigentes comunistas, cuando se trata de prescindir de un instrumento de poder real. La libreta lo es.

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