El triunfalismo no sirve para atraer el turismo internacional

Elías Amor Bravo, economista

Leo en Granma, con el triunfalismo que caracteriza al diario oficial comunista, que “Varadero está preparado para recibir visitantes internacionales a partir del 15 de octubre”. Me parece muy bien, pero la pregunta que hay que formular es otra, bien distinta, ¿Están los viajeros internacionales preparados para ir a Varadero a partir de entonces?

El gobierno comunista cubano, sin divisas del turismo desde marzo, se apresta, quizás de forma precipitada y atropellada, a una nueva campaña de estacionalidad invernal. Para ello, según la nota oficial, “ha dispuesto un grupo de medidas y de protocolos sanitarios para recibir visitantes internacionales”. Esta actuación a la desesperada tiene mucho que ver con el absoluto fracaso que ha supuesto abrir el conglomerado turístico a los nacionales durante el verano, del que aún no se han facilitado datos oficiales. En Cuba, el turismo interno es inexistente, con salarios por debajo de los 40 dólares mensuales. Hace tiempo que el gobierno debería saberlo.

En este momento, el principal problema de los destinos turísticos de sol y playa en todo el mundo es el miedo de la población al contagio por coronavirus. Sin embargo, el mercado, y no el estado por medio de su intervención en la economía, ha empezado a ofrecer soluciones prácticas a este nuevo escenario.

En España, por ejemplo, este verano, que se ha caracterizado por un notable descenso del turismo internacional, sin embargo, se ha producido un aumento espectacular del turismo rural con niveles de ocupación cercanos al 100%, mientras que los hoteles de playa quedaban prácticamente vacíos. Los turistas, sobre todo nacionales, buscan las ventajas de esa oferta alejada de las grandes zonas urbanas y playas, que apuestan por la calidad, la soledad, la posibilidad de acercarse a la naturaleza en entornos históricos que se van recuperando, en vez de pasar una quincena tomando el sol y baños de mar o saliendo de noche al chiringuito. Estos cambios en las preferencias de la demanda turística se están produciendo desde hace décadas, pero el COVID19 ha provocado una aceleración espectacular de las tendencias. El modelo turístico a nivel global se diversifica, y lo que antes era un producto homogéneo dirigido a costes competitivos a todo el mundo, ahora se segmenta y cada vez se hace más específico y exigente.

¿Alguien sabe si el gobierno comunista cubano dispone de planes concretos de actuación o adaptación al nuevo escenario? La obsesión de las autoridades es llenar habitaciones hoteleras, apostar por el sol y playa y que el ingreso medio por turista no caiga demasiado, pero las cuentas no salen. Y ahora es necesario invertir más para atraer turistas de países lejanos, cuyo temor es el contagio y las consecuencias que ello puede tener sobre sus vidas y haciendas.

El régimen comunista cubano, que ha hecho de la salud y la sanidad unos de sus logros, intenta implementar una táctica de última hora para atraer los turistas, prometiendo servicios médicos en los hoteles que atiendan a diario a los viajeros, formación para el personal de atención al público, así como la mejora del estado de las instalaciones y la calidad de los servicios (la desgraciada muerte de un empleado de líneas aéreas al caer el ascensor del hotel en que se alojaba, pende como una espada de Damocles del sector).

Con todas esas medidas, como la apertura gradual de hoteles, junto al cumplimiento estricto de los protocolos higiénico sanitarios aplicados con nivel de seguridad, no existe garantía absoluta que el COVID19 pueda disparar el número de contagios entre los turistas que viajan a la isla. Y ese, y no otro, es el temor del canadiense, holandés o español que decida confinarse en Cuba este invierno a pasar unos días en un hotel. Porque el viajero debe saber que en la isla lo van a confinar, y que sus posibilidades de contacto con la población, que es el punto fuerte del turismo cubano, van a ser nulas. En tales condiciones, el atractivo pierde muchos puntos.

En todo caso, para que el turismo internacional vuelva a Cuba, el gobierno comunista tiene que conseguir, cuanto antes, que Cuba vuelva a ser un país fiable. Por ello, uno de los primeros objetivos sería conseguir que en los países de origen se eliminen las restricciones de viaje al Caribe, por ejemplo, porque si ese “alta” no se produce, difícilmente se producirán los desplazamientos. Y para conseguir este resultado, no cabe duda que la lucha contra el COVID19 y los rebrotes es una absoluta prioridad, así como ofrecer informaciones transparentes, verídicas y contrastables de los casos, porque nadie, en su sano juicio, va a tomar una decisión que afecte a la salud a partir de datos de dudosa calidad.

No creo que los gestores de los hoteles del gobierno estén para aguantar una nueva campaña invernal con cifras bajo mínimos. Ayudas como las que existen en otros países para compensar el cierre de actividad, en Cuba han sido insignificantes. La temporada de invierno es la única posibilidad de salir adelante para los emprendedores privados, con pequeños negocios, orientados al turismo, pero estos tendrán problemas porque, como ya se ha dicho, el gobierno comunista ha anunciado su intención de confinar a los turistas en las instalaciones hoteleras y limitar sus desplazamientos, lo que afecta negativamente a la demanda.

Por todo ello, la posible debacle que se anticipa del sector tiene mucho que ver, en tales condiciones, con la incertidumbre sanitaria que existe a nivel mundial. El complicado panorama que describen las cuarentenas de algunos países europeos, como Alemania y Reino Unido y los rebrotes y primeras restricciones de Francia o España, van a condicionar, ya lo están haciendo, la demanda de turismo al Caribe este invierno.

La esperanza del gobierno comunista cubano en que el turismo invernal salga adelante tiene mucho que ver con su capacidad para garantizar el funcionamiento de un corredor turístico que de garantías suficientes a los viajeros y que atraiga la atención de los tour operadores que igualmente están padeciendo la caída del negocio en sus beneficios. Se ha conocido, en estas condiciones, una propuesta formulada por Canarias para este año, con relación al turismo de invierno. 

Las islas afortunadas comienzan su temporada alta en diciembre, y por tanto, comparten con Cuba esa apuesta por el sol y playa en invierno. Se está planteando la realización de test rápidos de antígenos en origen, siempre voluntarios y realizar un control de la pandemia que garantice no superar una media 51,3 casos por cada 100.000 habitantes. En esta propuesta de actuación se encuentran involucrados todos los eslabones de la cadena, desde las empresas hasta las administraciones y los centros sanitarios.

El gobierno cubano tiene que estar atento a estos movimientos en el tablero internacional por parte de las potencias turísticas. Los corredores turísticos son una opción, lo mismo que la urgente corrección de la mala imagen que se desprende de sucesos como la caída de un ascensor en un hotel habanero causando la muerte de un usuario. Controlar de forma eficiente los rebrotes y ofrecer información verídica y transparente. 

Sería lamentable que los viajeros no tuvieran restricciones en sus países a viajar a República Dominicana, Cancún o Jamaica y sí a Cuba. En ello, debe funcionar mejor la gestión del modelo turístico, excesivamente dependiente de las decisiones políticas del gobierno y su organización empresarial vinculada al ejército y la seguridad del estado. Tal vez ha llegado el momento de hacer las cosas de forma distinta apostando por la iniciativa privada. Lograr que Cuba aparezca ante el mundo como un destino responsable y seguro requiere mucho más que triunfalismo.

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