Los intermediarios del comercio exterior: bloqueo. No gracias

Elías Amor Bravo economista 

Incentivar el comercio es ahora otra de las líneas de frontera de los dirigentes comunistas cubanos. Lo primero que deberían pensar es cómo hacerlo, cuando el país es incapaz, primero, de satisfacer las necesidades de sus habitantes. Pero así son las cosas en el régimen comunista cubano, y ahora les han entrado las prisas por importar y exportar y, además, que lo haga el sector privado, los emprendedores. Esa es la idea que expusieron Díaz Canel, Marrero y Malmierca en un encuentro con representantes de entidades que se dedican al comercio exterior para las formas no estatales de gestión, La información procede de Granma.

Este intercambio con directivos de entidades con facultad para ofrecer servicios de comercio exterior a formas de gestión no estatal, al parecer, partió de la preocupación de los propios emprendedores (mipymes y trabajadores por cuenta propia), con insatisfacciones por la manera en que se dan algunos de estos servicios.

Alguno de los participantes destacó lo que es evidente, “aunque aquí hemos conversado con empresarios estatales que tienen una claridad exacta de lo que el país quiere, y en sus intervenciones han ofrecido un enfoque integral, objetivo, comprometido, no en todos los lugares es así, por lo que el propósito de este encuentro es mejorar mecanismos creados y salir conscientes de su importancia”.

Esta idea de utilizar intermediarios del comercio exterior para impedir que los emprendedores privados puedan realizar libremente sus importaciones y exportaciones fue una idea del ministro Malmierca, aplaudida con euforia en el octavo congreso del partido comunista, porque se concibió, al menos en su inicio, como un potente instrumento de recaudación de divisas para las arcas del estado. Allí, después de los consabidos debates, denominaron la medida como de "perfeccionamiento del comercio exterior a partir de defender la eficiencia, la calidad y la profesionalidad que debe caracterizar a estas empresas estatales socialistas”.

Y por arte de magia, las agencias intermediarias se colaron en la Estrategia económico-social, y pasaron a ser una referencia para los dirigentes del régimen. Para las entidades importadoras-exportadoras se exigió que “tuvieran en cuenta la heterogeneidad de los diferentes agentes económicos, y que cuando van a dar un servicio tienen que ponerse en el lugar del que lo solicita, pensar en qué trato este aspira a recibir, que debe ser el mejor”. Se ve que no lo han hecho. Ni siquiera se lo han debido plantear.

Por mucho que Diaz Canel traslade mensajes en la línea de cooperación y servicio a los actores económicos no estatales, estos agentes intermediarios saben que, si no existiera la obligación de hacerlo, nadie contaría con sus servicios. Los actores económicos tienen que incorporar a estas agencias intermediarias del gobierno porque es obligatorio y si no lo hacen no pueden tener relaciones comerciales con el exterior. ¿Bloqueo? No. Gracias. 

Estas entidades estatales intermediarias que incrementan los costes del comercio exterior y ponen trabas para su ejecución, no ofrecen las garantías de servicio “profesional, adecuado, ágil” que reclamó Díaz Canel. Su existencia es solo debida a motivos políticos e ideológicos, y eso, a la larga, acaba siendo negativo.

Bien distinto sería que los actores económicos contratasen libremente estos servicios de promoción del comercio exterior porque generasen un valor añadido. Si ese fuera el caso, los emprendedores cubanos tendrían la necesaria confianza en estas instituciones estatales, y pagarían por sus servicios. Pero no es así, las contemplan como lo que son, una imposición del régimen para controlar las operaciones de comercio exterior y centralizar en las arcas del estado todo el movimiento de divisas. La eficiencia que les reclamó Díaz Canel se sabe bien que es de boquilla, porque lo importante es lo otro, que vigilen, controlen e impidan que los actores económicos crezcan con sus operaciones exteriores. ¿Bloqueo? Si. Gracias.

Malmierca Díaz trató de justificar el pésimo funcionamiento de estas entidades y para ello recordó las dificultades que hubo para implantar esta medida, que llegó en agosto de 2020, durante la pandemia. Por medio de resoluciones en la Gaceta Oficial, el régimen pensó que estas entidades podrían conseguir rápido la atención de las formas de gestión no estatal para realizar sus operaciones de comercio exterior a través de ellas. Se equivocaron. La economía no se crea con resoluciones administrativas. 

También resaltó otras dos medidas aprobadas posteriormente, pero que tampoco han avanzado como se debiera. Una “la dirigida a fortalecer el mercado mayorista con proveedores extranjeros; o sea, poner en consignación o en depósitos aduanales o en asociación con el capital extranjero las mercancías en el país”. La otra "crear mipymes estatales especializadas en brindar servicio a las formas de gestión no estatal, y tampoco marcha a buen ritmo; solo se han creado tres y todavía no funcionan a plenitud por una serie de dificultades en su puesta en marcha”. Parches y más parches, sin abordar el núcleo del problema.

Perdidos en este punto, donde los fracasos superan con creces cualquier previsión, a Malmierca no se le ocurrió otra cosa que recurrir al mismo argumento que el ministro de agricultura para justificar por qué las “63 medidas” no dan resultado. En opinión del ministro Malmierca “falla la comunicación social, debemos ser mucho más activos en divulgar las posibilidades que se están dando”. Un mensaje que los dirigentes castristas lanzan continuamente, y con el que parecen querer trasmitir que ellos hacen lo correcto, pero que viven en un país de tontos desinformados, que son incapaces de ver las enormes ventajas que se obtienen de las políticas económicas. No se puede estar más alejado de la realidad cuando se piensa así.

El caso es que solo hay 58 empresas aprobadas por el gobierno para hacer comercio exterior para las formas de gestión no estatal, pero 21 no lo han hecho aún; 16 porque no han concluido los trámites, y cinco lo tienen todo listo, mas no han hecho ninguna acción de comercio exterior. Un consejo: podrían suprimirlas todas y empezar de cero. Están a tiempo aún, poner bridas a los empresarios privados es una torpeza que no llega muy lejos. No solo por las trabas burocráticas, la lentitud o por el contenido mismo de los procesos, y los elevados costes de la intermediación. Lo peor de todo es la obligatoriedad, algo que es rechazable de primer plano por quien decide emprender con autonomía e independencia.

Estamos ante un año y medio perdido en el área de la exportación e importación por las formas de gestión no estatal. Una actividad en la que todos coincidimos, es fundamental. Los estudios realizados con emprendedores, así lo confirman, Los comunistas lo ven para unas determinadas cosas, los que creemos en la libertad económica y la prosperidad, para otras, pero el caso es que ahí está el balance. Miedo da esa idea de que quieran avanzar hacia lo que llaman en Granma un “estadio superior”. Díaz Canel, Marrero y Malmierca han fracasado una vez más, y lo que es peor, no quieren hacer lo único que cabe en estos casos. Bloqueo. No, gracias.


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