El futuro de los comunistas cubanos no pasa por la economía

Elias Amor Bravo economista

Un artículo de Granma titulado “Hay que analizar la realidad desde todos los puntos de vista”, acompañado del subtítulo “Se realiza con la premisa de que el Partido debe ser la fuerza que revoluciona a la Revolución”, falta a la verdad, confunde y, desde luego, mucho ruido, pero pocas nueces. Leyendo estas dos líneas titulares me viene al recuerdo el viejo refrán castellano que dice “cuando el río suena es que agua lleva”. Y no puedo menos que sentirme defraudado de ver qué limitado es un discurso político e institucional que sigue insistiendo, a pesar del fracaso, en que todo se tenga que discutir en Cuba con la referencia única del partido comunista. ¿Es que no se cansan?

Porque en realidad, por muchos mensajes que destinen a “erradicar los formalismos y a promover permanentemente el debate entre los revolucionarios”, por mucha “necesidad de seguir apostando por una resistencia creativa, que contribuya a sortear los obstáculos que impone a diario el bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos”, por mucho que se apueste por “la ciencia, y en cómo se aplica”, los comunistas cubanos se han quedado sin discurso para afrontar un entorno mundial complejo, en continuo cambio, y más aun después de la invasión de Rusia a Ucrania. 

Las cosas cambian, y lo hacen tan rápido, que es necesario evolucionar y adaptarse a los tiempos, plantear nuevos retos y escenarios, cambiar. La agenda es esa; por el contrario, enrocarse en posiciones obsoletas más propias de la guerra fría de mediados del siglo pasado, no es sensato.

Me refiero a las asambleas provinciales de balance del partido comunista, que empezaron este viernes por Pinar del Río, que suponen la continuidad al 8º congreso de abril del año pasado, y en las que participa Díaz Canel.

Si en vez de arrojar toda la responsabilidad de la crisis estructural y grave en que se encuentra Cuba a la actual administración de la Casa Blanca y el embargo, se exigiesen responsabilidades a los dirigentes que no cumplen, y ahora tienen un magnífico dato para ello. En enero entraron en Cuba poco más de 86.000 turistas, en República Dominicana más de medio millón. El responsable de este resultado debería ser cesado fulminantemente, porque estos datos definen un pésimo encuadre de la política turística cubana.

Pero no. Sale más rentable atacar al vecino del norte, acusándolo de “recrudecer de manera enfermiza” algo que no existe. Vayan a las estadísticas de comercio exterior de Cuba y Estados Unidos de 2021. Más de 300 millones de dólares. Vayan a las remesas. Más de 6.000 millones de dólares. Vayan a los pocos turistas que llegaron, Estados Unidos el segundo puesto. ¿Dónde está el embargo? ¿Qué más quieren?

Bueno pues, la respuesta a esa pregunta la ofrece el informe que se debatirá en Pinar del Río.  

Lo primero que quieren es que cada municipio tenga sistemas productivos fuertes. Bien, pero ¿ de qué depende que se logre ese objetivo? Desde luego, no de que existan organizaciones locales comunistas que lo hagan posible. Pretender que la militancia comunista logre municipios prósperos es pedir peras al olmo. La implementación de las 43 medidas para perfeccionar la empresa estatal socialista, o las 63 de la agricultura y las 93 de la industria del azúcar son papel mojado después del cambio en la escena mundial provocado por los crímenes de guerra rusos en Ucrania.

Lo segundo, es que se quiere lograr “exigencia de ejemplaridad, combatividad y búsqueda de un compromiso superior de los cuadros y dirigentes administrativos del partido comunista”. Si no lo han logrado en 63 años, ¿por qué motivo esto se va a conseguir ahora?

Para llegar a cuestiones asombrosas, Díaz Canel dijo que en Pinar del Río siempre se ha cultivado tabaco y que si bien “hay que seguir cosechando tabaco, y cada vez con mayor calidad, por lo que representa como renglón exportable, también es preciso producir los alimentos que demanda la población”. Se ve que Díaz Canel no entiende la importancia que tiene la especialización productiva y las ventajas productivas que se derivan de ello. En cualquier país del mundo, “zapatero a tus zapatos”. Ahora la agenda de los comunistas cubanos consiste en que todo el mundo produzca de todo y a escala local. ¿Saben lo que va a ocurrir? Yo lo anuncio, que nadie producirá nada, y al final ni tabaco, ni alimentos.

En tercer lugar, dicen querer “desterrar los formalismos en las organizaciones de base y hacer que en ellas se discuta todo lo que le interesa a la militancia y a la población, en especial aquellas cuestiones que más les afectan directamente”.

Díaz Canel debería hablar más con todo el mundo. Pienso que lo que sabe y dice es lo que le dice la corte de aduladores que está a su alrededor. Que si el núcleo, que si la base, que si los jóvenes, que si los trabajadores, que si la militancia comunista. Pregunte al cubano de a pie, el que no está motivado por un partido único en descomposición, y verá cuáles son los problemas que preocupan a la sociedad.  

En cuarto lugar los comunistas quieren que “no se permitan ineficiencias a ninguna forma productiva”, que se “elaboren fichas de costo objetivas a cada campesino, hasta llegar a precios más ajustados a los gastos, para que estas no escondan la ineficiencia”. Más distracción en el surco, en vez de concentrar la actividad en producir y con libertad, que es lo que necesita el campo cubano para ser más próspero.

En quinto lugar, Díaz Canel elogió “el sistema de dirección que tiene en cuenta el criterio del colectivo”, pero luego quiere que los dirigentes de las empresas estatales arriesguen y rindan cuentas. En este esquema de naturaleza maoísta, todos deciden, pero solo uno es responsable. Pues qué bien, así quiere Díaz Canel que Cuba prospere.

También se insistió en la necesidad de contar con un “capital humano con firmeza ideológica” para que el partido sea la fuerza que “revolucione la revolución”. Y digo yo que ese capital humano en cuanto tiene la menor ocasión, solo aspira a marcharse de Cuba para hacer realidad sus sueños en cualquier otro país del mundo, incluso en aquellos en que la salud o la educación no son “gratuitos” (tampoco lo son en Cuba, pero ya se sabe).  

Chinos y vietnamitas supieron qué hacer con el obsoleto partido comunista que aún dirige estos países a nivel político, y además, en régimen de monopolio. Lo aparcaron de la realidad económica y social, relegándolo al ámbito de los despachos ministeriales y organizaciones del sector estatal, pero nada de municipios fuertes, ni de bases, ni de empresas estatales o medidas obligatorias para la agricultura. El pacto consistió en entregar el funcionamiento, la dirección y la propiedad de la economía al sector privado, y en Cuba, ni se lo plantean.


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