Cuba en tiempos de pandemia: bloqueo vs venta de servicios médicos


Elías Amor Bravo, economista

La obsesión con el bloqueo de Estados Unidos forma parte del ADN del régimen comunista cubano desde el derrumbe del muro de Berlín, cuando se perdió la subvención soviética y acabó el comercio con el bloque de países comunistas dependientes de la URSS.


La realidad es que Cuba, desde 1959, comercia y realiza todo tipo de operaciones económicas y financieras con todos los países del mundo, sin límite alguno, excepto Estados Unidos, que limita los pagos en líquido y en determinados artículos concretos (alimentos, medicinas, etc).


Sin embargo, todos los dirigentes políticos del régimen utilizan el argumento del bloqueo, sin limitaciones y acaban asignándole pérdidas cuantiosas que inciden en la actividad económica del país. Los medios oficiales se encargan de dar la oportuna difusión a dicha propaganda que ni siquiera en momentos difíciles como el actual, se diluye.


Varios ejemplos recientes ayudan. Estados Unidos abandona la OMS y Díaz Canel condena lo que supone de “desatender las responsabilidades dentro de la Organización Mundial de la Salud, cuando son los más necesitados”. Cuba no paga sus deudas y atraviesa una grave tensión financiera, y el responsable de ello es Estados Unidos. No hay ámbito de la realidad socioeconómica cubana que no tenga  que ver con el bloqueo.


En efecto, Díaz Canel no ha dejado ni un solo instante de plantear el bloqueo en medio del azote de la epidemia, como un “desafío para el país” que, en su criterio, se ha recrudecido más aún si cabe en las últimas semanas. Sin embargo el dirigente castrista insiste en que el bloqueo no tendrá éxito en “quebrarnos, asfixiarnos y los adversarios tuvieron que aprender que cuando afirmamos que somos Cuba y somos continuidad, no es una mera consigna”. La entrada en vigor del Título III de la ley Helms Burton tiene mucho que ver con todo esto, si bien el alcance jurídico de sus disposiciones ha sido, hasta la fecha, bastante limitado.


Con mensajes contra Estados Unidos y el bloqueo, es evidente que en el régimen comunista de la Habana, la última frontera de la “guerra fría” los cambios ni están ni se les esperan, y por ello, la situación continuará por los mismos derroteros, salvo que el pueblo cubano asuma la dirección histórica de su país.


Cabría preguntarse por qué este recurso al embargo/bloqueo con tanta insistencia.


En primer lugar, porque sirve para justificar la gestión desastrosa que ha sido el origen de la crisis estructural del modelo económico y social, que ya no es capaz ni de dar de comer a todos los cubanos. Un modelo que ha obligado al pueblo cubano a sobrellevar esa historia de “resistencia”, cargada de todo tipo de privaciones que tienen su origen en la pésima gestión interna. El bloqueo económico que realmente preocupa a los cubanos es el que plantea su gobierno contra ellos.


En segundo lugar, porque ayuda a sacar el debate político lo realmente urgente y necesario. ¿Cómo es posible que Díaz Canel para hacer frente a las “adversidades propias del momento”, se disponga a plantear un “huracán de creatividad”? Es realmente el momento de ponerse a esa actividad, cuando la creatividad puede resultar innecesaria para diseñar un modelo del que tampoco hace falta pensar demasiado, ya que existe, es bien conocido y su aplicación directa ha dado frutos positivos en antiguos países con un sistema económico como el que impera en Cuba en los últimos 61 años.


Tercero, apostando por soluciones que tienen poco que ver con las necesidades reales del pueblo cubano. Me refiero a la afirmación de Díaz Canel de que la economía y sociedad cubanas no dejarán atrás esta crisis si no es por medio de una “articulación entre fuerzas civiles y militares”. Más orden y disciplina, el mix que fascinaba a Raúl Castro, y que nunca consiguió imponer por la fuerza. En concreto, Díaz Canel, ha dicho  que “hubo y persisten indisciplinas”, reconociendo que las cosas no van todo lo bien que esperaban, confiando al Partido único y al gobierno la misión de poner fin a dichos comportamientos, felicitando públicamente a los que han adoptado “medidas disciplinarias correctivas”. Un canto a la represión y los represores.


Cuarto, recuperando “el legado” de Fidel Castro para acercarse a los sectores más reaccionarios del régimen, que todavía existen, y a los que plantea la idea de que poner en valor de mercado los servicios y la participación privada en la prestación de servicios “resulta inservible e inútil para hacer frente a los graves problemas derivados de la COVID19 en materia de salud pública, ciencia, recursos humanos”. Para después contradecirse al poner en venta los médicos cubanos a nivel mundial. Por desgracia, recuperar las ideas de Fidel Castro es devolver a Cuba a una situación indeseable, de mediados del siglo pasado, cuando estamos en la segunda década del siglo XXI. Algo habrá que hacer.


Y todo ello porque el objetivo de la Habana es vender, como sea, servicios médicos. No hay ocasión en que Díaz Canel no traslade al mundo la oferta de sus servicios sanitarios, que permiten obtener a Cuba los 2.600 millones de dólares que cierran el balance deficitario del comercio de bienes. Diaz Canel se apoya en su disposición a “compartir con el mundo lo que él denomina la “obra de la revolución cubana” basada en “los estudios de la evolución de la COVID19, los protocolos de atención a enfermos, las soluciones tecnológicas y farmacéuticas, el arsenal de técnicas de respaldo a la atención médica” entre otros.


Se habla de “compartir con la humanidad”, pero nada de eso es cierto. Venta y ganancia de la diferencia entre la facturación por médico y lo que el régimen les paga después, casi siempre a niveles salariales medios cubanos. Para los galenos, salir del oscuro panorama del país, ya compensa. Para el gobierno cubano, un mecanismo controlado de “remesas” que garantiza divisas al estado comunista para atender puntas de liquidez. La sostenibilidad de este negocio no está garantizada pero es evidente que hoy por hoy es el capítulo del comercio exterior que aporta divisas al gobierno. Desde los tiempos de Fidel Castro, ¡viva su legado!

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