Díaz Canel: la responsabilidad es de los otros

Elías Amor Bravo, economista 

No busquen referencia en la prensa oficial comunista de Cuba a la acción de la seguridad del estado contra un grupo de pacíficos disidentes en huelga de hambre, en el barrio San Isidro de La Habana. Por el contrario, el periódico Granma dedica un extenso artículo a articular un mensaje triunfalista de Díaz Canel que llega en un momento especialmente complicado en lo económico y social de Cuba. Triunfalista sobre todo, por el tono y contenido del mensaje, pero con un enfoque de achacar la responsabilidad de los males a los otros, como si el gobierno no tuviera qué decir. El artículo se titula “La complejidad es para asumirla como reto” una declaración del dirigente comunista que, igual que el boxeador que empieza a ver perdida la pelea contra su rival, va buscando a su coach para que tenga cerca la toalla.

Y cómo no, el gran vencedor del “año duro” ha sido el pueblo, encabezado por el Partido único que se ha enfrentado al eterno enemigo, culpable de todos los males presentes, pasados y futuros que no es otro que el bloqueo. Aquí podría concluir el eje del discurso de Díaz Canel ante los gobernadores y el intendente del municipio especial Isla de la Juventud reunidos al efecto, y también Marrero, Machado Ventura, y Valdés Mesa, y una amplia nómina de viceprimeros ministros y titulares de varias carteras. Junto al embargo, la relación de problemas se completa con la COVID-19, y sus implicaciones en el orden económico y también en el social. Ni un solo reconocimiento del fracaso del modelo social comunista. Y van.

Por el contrario, Díaz Canel considera que “se debe seguir avanzando en el cumplimiento de lo aprobado en el vii Congreso del Partido y los programas fundamentales de gobierno, y cómo no en la denoninada Estrategia Económica y Social y la Tarea Ordenamiento”. Como diría alguien, más de lo mismo siempre.

De modo que su discurso se dirigió a pasar revista a temas como “la construcción de viviendas, las afectaciones ocasionadas por la tormenta tropical Eta, el autoabastecimiento local, las inquietudes de la población ante el incremento desmedido de los precios de varios productos y el nuevo escenario epidemiológico que vive el país”.

Sin aportar datos estadísticos, como ocurre siempre en estos cónclaves, Díaz Canel dijo que en octubre pasado, el cumplimiento del plan de vivienda se encuentra al 98% de ejecución, si bien reconoció que continúa siendo un reto aumentar las cifras. Pregunta, ¿se ven realmente tantas viviendas construidas? Lo que se puede contemplar en las imágenes procedentes de la isla es que la destrucción patrimonial avanza de forma acelerada, y que lo único que se construyen son plazas hoteleras nuevas? A ver si Díaz Canel estaba hablando de habitaciones de hoteles.

La vivienda en Cuba es un problema porque el modelo social comunista no permite que empresas privadas lideren el sector. A pesar de los obstáculos que pone el régimen con su instituto de planificación física y las inspecciones, la construcción por esfuerzo propio, que es el único espacio que queda para la libertad en este sector, es la que muestra mayor dinamismo. De nada sirve querer construir viviendas en las comunidades agrícolas o dedicarse a evaluar la producción de cemento, la recuperación de daños ocasionadas por los ciclones y el estado de la documentación técnica de los inmuebles, si después no hay quien pueda asumir el proceso productivo con eficiencia y productividad. Aquí el cambio de modelo es urgente. Cuanto más tarden en reconocer el fracaso, más grande será la escasez de vivienda.

El segundo punto del discurso se refirió a “una de las principales causas de disgusto en la población durante las últimas semanas: el incremento desmedido de los precios, sobre todo, de los productos agropecuarios”.

Increíble la posición del régimen en este asunto. Como si no fuera de su estricta responsabilidad el descontrol de los precios, el gobierno prepara su argumentario para lo que se ve venir con la tarea ordenamiento. En este punto, Díaz Canel dijo que el tema de los precios “es asunto de gobierno muy importante, que tiene impacto en la circulación mercantil minorista, en el equilibrio y saneamiento financieros, y también en la población”, y en cierto modo, preparó las bases del discurso para lo que ven venir. Y por eso, Díaz Canel se quita del medio, y deja a la inefable Meisi Bolaños, para que explique las eternas acciones que el gobierno acomete contra las alzas de precios, y que nunca dan buen resultado.

El régimen reconoce “ilegalidades en los precios porque no son los adecuados y hay desbalance” y además, “la premisa es que no se pueden permitir precios abusivos y especulativos, y hay que salir a discutir, con los que en estos momentos están subiendo los precios, por qué lo están haciendo”. El mismo argumento que cualquier ciudadano de la calle es el que adopta, de forma irresponsable un gobierno que no quiere reconocer que la única responsabilidad de que los precios suban es suya, por limitar la oferta productiva, por expandir la cantidad de dinero en circulación y por su incapacidad para controlar el déficit.

Dicen que no han subido los impuestos a nadie (falso, que le pregunten a los emprendedores privados) e insisten en la falacia marxista de que continúan ofreciendo salud y educación gratuitas para todos, y la consecuencia de todo ello es un déficit descontrolado y una posición externa de la deuda impagada al Club de París que tendrá consecuencias muy negativas para la gestión de la economía. Al final, la culpa de los precios es de los cuentapropista en esa batalla del estado comunista contra la libertad económica.

Si realmente quieren que sea transparente la gestión de precios, el instrumento se llama mercado y la acción a desarrollar, eliminar el ministerio de finanzas y precios por inservible. Lo tienen fácil, esa es la única opción para que la inflación con la tarea ordenamiento no alcance el rango de grave problema nacional, como cabe esperar de la devaluación anunciada del peso. Díaz Canel aún no parece ser consciente de lo que va a caer con este proceso que califica de complejo, pero inevitable. Y que no olvide, la única responsabilidad de lo que vaya a ocurrir es suya. Escurrir el bulto es mala cosa.

Otro eje del discurso fue el eterno objetivo de incrementar la producción agropecuaria, más aún, en el contexto actual de daños provocados por la tormenta tropical Eta en varias zonas del país.

Pues bien las soluciones para Díaz Canel son las mismas de siempre que no dan los resultados buscados, que si consolidar los polos productivos, que si romper trabas, potenciar las experiencias de los mejores productores, y darles uso a las tierras ociosas, para destacar el autoabastecimiento municipal. Al parecer se han dado cuenta que la cuestión no es entregar tierras ociosas, “sino controlar y estimular que se utilicen y aporten”.

Hay que decir que por mucha “entrega de tierras ociosas” que se haga, los objetivos de producir más quedarán lejos, porque la clave se encuentra en los derechos de propiedad. El campesino cubano no quiere cesión de tierras que en cualquier momento se pueden revertir a su dueño, el estado, sino poder comprar, vender, alquilar y gestionar la propiedad en un mercado libre de tierras que permita ajustar las dimensiones de las parcelas a los objetivos técnicos y productivos. La apuesta por el municipio y los sistemas productivos locales es un antagonismo obsoleto de lo que necesita el campo cubano para ser más productivo y eficiente. No reconocer el fracaso de estas políticas es continuar con los mismos problemas que bloquean internamente las capacidades productivas del país.

Acabó el discurso el dirigente comunista haciendo referencia a los “retos” como “el incremento de casos positivos de la COVID-19 que se ha experimentado durante los últimos días”, que se atribuye a los viajeros que llegan al país. El régimen comunista cubano se debate entre abrir aeropuertos y hoteles en la temporada alta para obtener las divisas que necesita para cumplir compromisos, o cerrar fronteras y evitar brotes de la enfermedad que irán en aumento por el incremento de la movilidad. Díaz Canel dijo que “uno de los mayores retos, dentro de la nueva normalidad, es lograr mantener bajo control la situación” insistiendo en la “responsabilidad de los viajeros y de las familias” para evitar los contagios. Qué curioso, siempre la responsabilidad es de los otros.

En este punto Marrero fue el encargado de implicar a los asistentes el cumplimiento, con rigor, de lo establecido por el Ministerio de Salud Pública y señaló al respecto que “urge incrementar la exigencia y eliminar el relajamiento de las medidas que, en muchos lugares, se han generado para minimizar la transmisión”. ¿Cuántas veces habrán dicho esto mismo?

Reconocer que “estamos viviendo tiempos complejos y, en todos los años de Revolución, todos los tiempos lo han sido, y todos los tiempos también para nosotros en el futuro van a ser complejos” y no aportar soluciones a los problemas, sino quedarse con el mensaje triunfalista de que “la complejidad es para asumirla como reto” no es propio de gobernantes responsables. Y mucho menos es de recibo declarar que “nosotros hemos mostrado capacidad para enfrentar los retos y los desafíos” porque no es verdad.

Para demostrar responsabilidad y capacidad un gobierno tiene que dejar libertad a los ciudadanos, a las empresas, a los agentes económicos para que interactúen de forma eficiente y responsable en pos del bienestar colectivo y el desarrollo económico. La revolución lleva 61 años bloqueando internamente a los cubanos, y ahora hay una oportunidad histórica para dar un paso al lado y dejar que la sociedad asuma realmente el liderazgo. 

Sin ese ejercicio de responsabilidad real de los otros, el régimen cubano se acerca a una de las etapas más complejas de su existencia. Bueno es reconocerlo, pero no asumir un liderazgo insuficiente, incapaz y obsoleto desde el estado. Díaz Canel debe saber que estos tiempos difíciles que vienen no se afrontan con “resistencia para preservar la enorme obra de justicia social de la revolución” como él dice, sino con una firme apuesta por las libertades económicas, la propiedad privada y el mercado.

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