La formación de precios en Cuba y la próxima devaluación del CUP: lo que viene

Elías Amor Bravo, economista

¿Es posible homogeneizar los métodos actuales de formación de precios y eliminar las distorsiones que impactan en el comercio interno, el externo y en el sistema empresarial? ¿Puede ayudar en algo la llamada "Estrategia" de Díaz Canel o la “tarea ordenamiento”?

A la primera pregunta intenta dar respuesta un articulo reciente en Granma. La segunda será atendida por este post. Según se señala en el artículo, “las autoridades reconocen que las transformaciones previstas en materia de precios deben ir acompañadas de otros cambios en sectores estratégicos, en políticas comerciales, salariales y fiscales que, en su conjunto y de manera gradual, permitan avances importantes en la vida económica y social de la nación”.

¿A qué cambios estratégicos se refieren? No es fácil dar respuesta a esta cuestión si se sigue al pie de la letra el artículo de Granma. Desde luego, no atienden a lo urgente y necesario.

Yendo al origen del problema, las autoridades insisten que la introducción del peso convertible (CUC) en las relaciones entre entidades y en la formación de precios mayoristas o la creación de las Tiendas Recaudadoras de Divisas con sus ventas en dólares estadounidenses, han sido, entre otras, "medidas implementadas para intentar corregir las deformaciones expresadas en la categoría económica precios, una de las más complejas y controversiales, y que tiene especial vínculo con las políticas salarial, fiscal y del comercio”.

Además de ello, "las decisiones de topar precios de determinados productos agropecuarios y el no incremento de los precios mayoristas y minoristas para no contrarrestar los efectos del aumento salarial al sector presupuestado, así como en las pensiones", se incluyen también entre estas decisiones de un Ministerio de Finanzas y Precios, encargado de suplir al mercado en la formación de precios en la economía cubana. Un caso único en el mundo.

En suma, ante estos problemas, el régimen acordó en documentos rectores del vi y vii Congresos del Partido Comunista de Cuba (PCC), revisar el sistema de precios y perfeccionarlo de manera integral, y en ello están, pero por un camino erróneo.

No es extraño que  concluyan que “los precios no exponen las señales sobre el comportamiento del mercado, debido a la desconexión entre los precios mayoristas y minoristas, lo que responde a la existencia de subsidios y al carácter recaudatorio de varios productos”.

Se enuncian como obstáculos al funcionamiento de los precios, la tasa de cambio para las relaciones entre entidades (1 usd = 1 CUC = 1 CUP), que “impide que los precios midan, objetivamente, los hechos económicos y desestimula las exportaciones y la sustitución de compras en el exterior, a partir de las deformaciones en el cálculo de los costos y gastos”, lo que tendrían fácil de arreglar cambiando dicha tasa, si no lo han hecho, por algún motivo será.

De modo que, con este cambio, “el precio del producto importado es inferior al nacional, lo que resulta totalmente contradictorio y acentúa la vocación importadora de la economía, cual lastre para la competitividad y la creatividad”, con el agravante que “la mayoría de las producciones, sustitutas de importaciones o con destino a la exportación, recibe altos montos de subsidios o tiene subsidios implícitos que se cubren con los precios de otras mercancías y servicios”. La vocación importadora obedece a factores estructurales mucho más complejos que el cambio.

Otro problema lo atribuyen a la utilización para la fijación de precios de “métodos de gastos, lo que propicia el encubrimiento de ineficiencias y su traslado a la economía, sin que sea visible, tanto por razones estructurales, tecnológicas, dificultades en los registros contables, la no implementación de sistemas de costos y otras irregularidades”.

Además, se observa que se venden “productos iguales con precios mayoristas diferentes, debido, principalmente, a la existencia de un mercado en CUC y otro en CUP” en “distintas entidades estatales, a un precio que contiene componentes en CUP y en CUC, en empresas mixtas, a un precio que considera el monto total en CUC y en las Cadenas de Tiendas y al Turismo, a un precio que contempla, en la mayoría de las producciones nacionales, el componente en CUC, al tiempo que se le financia a la industria por la diferencia en CUP”. La segmentación de espacios comerciales es responsabilidad del régimen comunista.

Como consecuencia de lo anterior, los precios no siempre cubren todos los gastos en los cuales se incurre. A lo que se ha sumado la aprobación de pagos de estimulaciones en CUC a trabajadores de varios sectores (lo que es relativamente reducido). Y añaden La situación se agrava cuando aparecen “convertidores diferentes al 1 x 1 para el tratamiento de la remuneración de los trabajadores en áreas priorizadas, como mecanismos de estímulo a esa fuerza laboral, que no son considerados en sus costos” en los casos de la inversión extranjera, la Zona Especial de Desarrollo Mariel o la construcción en obras priorizadas, donde se mezclan los aspectos relativos a la elaboración del presupuesto estatal.

Se citan igualmente, “los altos niveles de subsidios que se otorgan a los precios minoristas de los productos que conforman, especialmente, la canasta familiar normada, dígase arroz, frijoles, azúcar, pollo, otros cárnicos normados y regulados; así como los servicios básicos de electricidad, gas, agua y telefonía básica”, la “existencia de muchos niveles de circulación de las mercancías hasta su destino final” o la insuficiente “descentralización de la aprobación de los precios mayoristas” en tanto que “en los precios minoristas persiste una alta centralización y han sido pocas las potestades conferidas, en ese sentido, a las instancias municipales”.

Por último, se citan como obstáculos en la formación de precios “las carencias de personal calificado en materia de precios, las insuficientes acciones de control e inspección, las fisuras en la capacitación y la falta de un funcionamiento sistémico de la información sobre precios, desde su formación, aprobación y aplicación, constituyen agravantes”.

A partir de este diagnóstico, las autoridades sostienen que “en la actualidad, los precios expresan el comportamiento de la economía con todas sus irregularidades”. Sin embargo, lo reflejan mal, de forma deficiente y distorsionada, por “la poca flexibilidad, tanto en los métodos de formación mayoristas como en las facultades para la aprobación de los precios por las diferentes estructuras empresariales”.

En cuanto a las distorsiones de los precios minoristas en el comercio interior, las autoridades consideran que la actual segmentación del mercado: uno normado en CUP, uno liberado en CUP y CUC y, recientemente, uno en moneda libremente convertible (MLC) es un factor determinante en la inadecuada formación de los precios, sin olvidar el ámbito político e institucional, ciertamente complejo, que se encarga de la determinación y aprobación de los precios.

Con los precios normados, se reconoce la existencia de notables problemas de funcionamiento, pero con la formación de precios en el mercado liberado en CUP, las distorsiones son incluso mayores, “al reconocer un componente en CUC, como norma para las materias primas y materiales importados, y un componente en CUP” como ocurre con “el programa de materiales para la construcción, en el cual coexisten varios métodos de formación de precios”. De un lado, se comercializan productos a precios sin subsidios, donde se reconoce el componente en CUC, con un multiplicador de 25, y el componente en CUP del precio mayorista.

Casos parecidos se encuentran en el caso de “los precios de línea económica y con subsidios que se aplican en los programas del Sistema de Atención a la Familia (SAF) y la merienda escolar, ambos incluidos dentro de las actividades de la gastronomía” actualmente sometido a discusión en la llamada Estrategia. En ambos, ocurre que el costo real de los productos suminisrados es superior, lo que afecta la gestión empresarial y exige más subsidios de un presupuesto menguante.

Volviendo al punto inicial, si realmente las transformaciones previstas en materia de precios deben ir acompañadas de otros cambios en sectores estratégicos, en políticas comerciales, salariales y fiscales que, en su conjunto y de manera gradual, permitan avances importantes en la vida económica y social de la nación, los pasos que están dando son inadecuados.

Hay pocas cosas que los economistas pueden acreditar con cierta solvencia en la ciencia que nos ocupa. El mercado, como elemento fundamental en la determinación de precios, a partir de la oferta y demanda. Cuando se logra el equilibrio eficiente, se vacían los mercados y lo que es mejor, satisface las necesidades de demandantes y oferentes. Además, es un equilibrio estable: si la economía es expulsada de dicha posición por cualquier factor externo, el mercado asegura un retorno vía ajustes de oferta y demanda.

Sin embargo, se comprueba con estupor que en todo el discurso de las autoridades castristas no existe una sola referencia a un instrumento que fue proscrito por las transformaciones revolucionarias a partir de 1959 y, desde entonces, perseguido y reprimido con violencia para evitar su consolidación fuera del ámbito de la economía informal, donde es un éxito.

Al mercado se le pueden imputar fallos, y por supuesto, la ciencia económica ha estudiado las soluciones a los mismos, pero nadie puede negar que no sea un elemento esencial en la formación de precios, desde luego, mucho más eficiente que un ministerio burocrático, por otra parte, único en el mundo, titulado de “finanzas y precios” al que el comunismo castrista adjudica las políticas de precios centralizados, controlados y topados que han llevado a los consumidores y productores cubanos a la situación actual, por otra parte, bien conocida por las autoridades.

La llamada "Estrategia", de la que tanto hablan las autoridades, o la “tarea ordenamiento” tendrían ante si un gran espacio de innovación en materia de políticas públicas, recuperando el mercado como instrumento de formación de precios y de asignación de recursos en Cuba y dejarse de obsoletos intervencionismos con las "meriendas y la gastronomía estatal". 

El mercado es libertad de elección, motivación, satisfacción de necesidades, asignación eficiente de recursos y con ello, el logro de una economía dinámica y próspera. El estado precisamente se debe dedicar a otras cosas. La devaluación en ciernes del CUP va a dar el primer susto de muerte al modelo social comunista de intervención en materia de precios. Lo veremos.

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