Valdés Mesa: ¿cómo producir 30 libras de productos agrícolas y 5 kgs de carne per cápita?

Elías Amor Bravo, economista 

Al ínclito Valdés Mesa lo tienen frito en Granma. Cada vez que le dedican un espacio, es para que diga cosas que no son ciertas e incluso, errores bastante, graves para un gobernante.

Véase si no, sendos reportajes aparecidos en el periódico comunista, dedicados al vicepresidente con temática agropecuaria.

El primero lleva un título detrás del que hay una gran mentira, “Explotar más la tierra que tenemos” es un mensaje que se hunde en la más absoluta falsedad, porque la tierra en Cuba, por desgracia, no la tiene nadie, y en este punto reside la dificultad para su adecuada explotación. Bien distintas serían las cosas si la tierra fuera propiedad de quienes la trabajan, pero esto es materia de otra entrada del blog.

El segundo mensaje es un error de política, si, uno más. El programa de autoabastecimiento local no sirve ni para atender las demandas de la población ni para que las explotaciones agropecuarias sean rentables. Para empezar, difícil será que garantice la seguridad alimentaria que busca el régimen.

De modo que Granma hace flaco favor a Valdés Mesa poniendo en su boca frases que no son ciertas o que son erróneas, y esto dicho ante máximas autoridades del partido y el gobierno en Granma, es de lo que se va a hablar en esta ocasión.

Los dirigentes comunistas no se cansan de proclamar que “la producción de alimentos para el pueblo sigue siendo una de las prioridades de la nación” precisamente este año, en que un informe del Programa Mundial de Alimentos situaba a Cuba en pie de igualdad con Haití sobre una posible crisis alimentaria. Sin divisas para importar alimentos del exterior desde marzo, por la desaparición del turismo, la única posibilidad es aumentar la producción interna. Pero este objetivo es muy difícil, casi imposible para los comunistas cubanos. Machado y Valdés Mesa se han percatado de ello.

Además, por mucho que se empeñen en insistir siempre en lo mismo, producir suficientes alimentos para dar de comer a todos los cubanos es un problema sin solución, que no se puede explicar ni por la eterna meteorología adversa, ni por las circunstancias concretas provocadas por la crisis del COVID-19 ni tampoco por el consabido y eterno “enfrentamiento al bloqueo” que siempre está en boca de las autoridades ¿Entonces dónde radica esa improductividad general del sector?

Un buen ejemplo de por qué la agricultura cubana no produce es el empeño en conseguir que cada municipio alcance su soberanía alimentaria. Esta idea es descabellada y no tiene referencia que valga.

Otro buen ejemplo es orientar la producción desde el gobierno con indicadores que nunca se sabe bien de dónde salen, si no es de la mente ofuscada por motivos ideológicos de algún planificador irresponsable. Vamos a ver, ¿de dónde sale que un cubano debe conformarse con 30 libras per cápita de alimentos procedentes de diversos cultivos de auto abastecimiento por año? ¿de dónde sale una majadería como está y por qué se mantiene en el puesto a quien la ha inventado? Otro tanto se podría decir de los más de 17.500 canteros sembrados de hortalizas y vegetales, para alcanzar 12 m² por habitante objetivo del programa de la agricultura urbana y familiar.

Lo mejor de todo es que los dirigentes comunistas analizan y debaten sobre esta materia, y así sabemos que en Granma, ante Valdés Mesa, se llegó a plantear que “para alcanzar la cifra de las 30 libras se necesita vender a los destinos del autoabastecimiento unas 11.221 toneladas de productos del campo, de las cuales se ha promediado hasta la fecha el 78% de la demanda, lo que representa 23,4 libras percápita”. Las cosas son mucho más fáciles en realidad.

No es extraño que la agricultura cubana sea improductiva. Si los responsables del sector se pierden en este tipo de debates, mal van las cosas. Ni se garantiza programa de seguridad alimentaria alguno, ni tampoco el consabido autoabastecimiento de los cultivos, ni mucho menos se estimula la siembra de proteína animal o el impulso que pretenden dar al desarrollo de las minindustrias locales y la eficiencia en la producción de semillas propias.

Los guajiros cubanos no necesitan arengas de dirigentes comunistas para saber cómo se sacan varias cosechas al año de plátano, yuca, boniato, malanga y otros cultivos. Los bajos rendimientos del boniato, y la insuficiente siembra de malanga, con una cobertura de apenas 410 hectáreas de las 1.638 que pueden cultivarse son un buen ejemplo de las notables diferencias de criterio entre planificadores y productores. La tierra sigue sin cultivarse, y habrá que explicar por qué ocurre esta situación, habiendo como hay una notable concentración de población ocupada en la agricultura cubana.

Lo curioso es que, en vez de tratar de resolver estos déficits, el viceministro primero de la Agricultura se pone a hablar en el mismo acto del “vínculo de los productores con la universidad como parte de la estrategia del programa de autoabastecimiento para favorecer la siembra de viandas, hortalizas y frutales, así como el rescate de cerdos criollos”. Y ante el auditorio lanza esta pregunta “¿Por qué no podemos producir los frijoles, el maíz, las papas que necesitamos, si para lograrlo tenemos tierra, ciencia, tecnología?”. Como si el campo cubano necesitara de la universidad para producir más y viceversa. Más alejado de la realidad no se puede estar, desde luego.

Valdés Mesa dijo que hay que lograr “placitas y mercados abastecidos”, en referencia al objetivo planteado por el gobierno de 5 kg per cápita de carne. Habría que preguntarle ¿qué se hace con los vegetarianos o con los veganos? Y además, se felicita que ya existen “atisbos” de que se pueden alcanzar 29 libras per cápita de productos del agro y 3 kg de carne, camino a la soberanía alimentaria en Granma.

Habría que explicar a Valdés Mesa que lo mejor que se puede hacer es olvidarse de estos objetivos cuanto antes y dejar que los productores agropecuarios decidan qué producir, cuánto y a qué precios. Con ello, se conseguiría dar señales eficientes a los mercados para que la demanda pudiera satisfacer sus necesidades de manera razonable, es decir, que los vegetarianos compren verduras, y que se puedan atender las necesidades de ingesta diarias, con absoluta libertad. La planificación y dirección centralizada por el gobierno de la producción solo sirve para dar contenido a arengas, reuniones improductivas de altos dirigentes y mensajes erróneos o falsos en la prensa oficial. El sector agropecuario cubano tiene que volver a ser eficiente y producir para todos en cantidad y calidad.

Una última consideración. No es posible lograr el autoabastecimiento y la soberanía alimentaria con el modelo en vigor. Hay que reconocer que el fracaso es absoluto y plantear desde cero las bases de una nueva política agropecuaria. La libertad es un requisito necesario pero no suficiente. Antes hay que resolver el problema de los derechos de propiedad de la tierra. Este activo debe pasar a manos de quién lo trabaja y produce. Mientras que esta decisión siga sin ser ejecutada, no habrá mejoría en el campo cubano, ni para producir para consumo propio, ni para exportar y sustituir importaciones. No habrá nada.



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