Innovación en el sector agropecuario cubano: la apuesta por crecer y ser rentable

Elías Amor Bravo, economista

Acabo de leer en Cubadebate la historia de Karel Fragoso y de pronto, he vuelto a creer que Cuba podría tener un futuro económico y de prosperidad. Agradezco al autor de articulo los detalles ofrecidos de la experiencia de Karel con la tierra. Alguien que se incorpora a los arrendamientos de Raúl Castro, sin haber tenido experiencia antes, con la voluntad de dar a su vida un nuevo rumbo. Eso se llama aprovechar oportunidades y es un rasgo fundamental del emprendedor privado.

No hace falta extenderse en un hecho que no admite discusión. Uno de los retos más importantes que tiene el gobierno comunista cubano es alimentar a la población, logrando que el agropecuario sea productivo. En concreto, eso implica que haya carne, leche y derivados en cantidad y calidad suficientes. Lograr este objetivo parece que es una prioridad. En dicho sentido, la experiencia de Karel es un buen ejemplo a tener en cuenta.

El caso es que Karel recibió de las autoridades comunistas una humilde vivienda situada en medio de unas escasas 7 caballerías de tierra, abandonadas y ociosas, porque pertenecían a la Unidad Empresarial de Base “Dos Ríos”, de la Empresa Pecuaria Managuaco un ejemplo de la desidia comunista. Así que, lejos de tirar la toalla, Karel acompañado de su mujer, se puso a la tarea de poner en orden aquella tierra infectada de marabú para dedicarla a la ganadería, que era su objetivo. Motivación, ese es otro rasgo de los emprendedores privados. No importaron los sacrificios, que seguro fueron formidables. El deseo de ser independientes y tener un proyecto personal para la vida, es una fuerza que motiva a las personas para luchar contra los obstáculos. Los que sean, siempre que se puedan salvar.

Según relata el artículo de Cubadebate, Karel además prestó atención a la Ciencia y en su finca “Botón de Oro” se pusieron en marcha ideas aportadas por especialistas, universidades y centros de investigación. Karel actuó como innovador de esas ideas “científicas” a las que pudo tener acceso para aplicarlas con éxito a su empresa. Ese es otro rasgo del emprendedor privado.

Al cabo de once años de “entrega y también de tragos amargos” que no se tenían que haber producido, en los que tuvo que soportar todo tipo de “incomprensiones, petulancias, puertas cerradas e incrédulos”, nunca se rindió y en el presente su finca tienen más de 200 cabezas de ganado con la comida ecológica que él mismo produce. Es más, con 6 trabajadores contratados, la finca se autoabastece completamente. Sueño hecho realidad. Los emprendedores privados crear empleo, salarios y riqueza para otras personas. Ese es otro aspecto muy importante a destacar.

La historia de este emprendedor agropecuario cubano es un magnífico ejemplo a estudiar. De que a pesar de las trabas y los obstáculos del modelo social comunista, destinados a frenar y limitar la actividad emprendedora privada en Cuba, hay sueños que se pueden hacer realidad. 

El artículo de Cubadebate cuya lectura recomiendo, detalla con explicaciones interesantes, cómo se produjo el “milagro”. Recabando informaciones de distintas fuentes, viajando, contrastando experiencias, probando y cometiendo errores que después se corregían, Karel fue avanzando. Es decir, la aplicación del método científico a la implementación de su proyecto ganadero, lo que significa hacer las cosas bien y lo más importante, de forma diferente a los demás. Prueba y error. Y esa búsqueda de lo excepcional es otro rasgo fundamental del emprendedor privado.

Su apuesta por obtener un producto final de calidad excepcional, alimentado sin sustancias que puedan atentar contra la salud o el buen estado físico es un ejemplo de esa apuesta por ser diferente. Karel sin necesidad de que ningún planificador estatal le diga lo que tiene que hacer ha conseguido aumentar la producción y su calidad, y además, su apuesta por la mejora genética del ganado le ha dado resultados importantes. Por dedicarse a esa actividad, es cierto que el ministerio de agricultura le otorga un subsidio miserable, nada distinto a lo que ocurre en otros países, por otra parte, donde la promoción de la calidad del ganado es una política que se suele adoptar por su destacada importancia. Más o menos lo que hace Karel con las variedades Holstein Rojo y el Siboney de Cuba, es un buen ejemplo de lo que puede lograr un emprendedor privado.

Y Karel, no conforme con todo esto, sigue investigando e innovando para hacer mejor las cosas, trabajando con otras entidades, como un Grupo Ganadero, la Estación Experimental de Pastos y Forrajes “Indio Hatuey”, el Instituto de Ciencia Animal y un equipo de genetista, o el proyecto BIOMAS-Cuba y la Universidad “José Martí Pérez” de Sancti Spíritus, donde se ultiman detalles para la construcción de dos grandes biodigestores. También trabaja para preservar los árboles de la zona e incrementar las áreas de sombra porque estas le proporcionan  confort al ganado, tranquilidad y defensa contra el calor. Igualmente mantiene vivos a los microorganismos del suelo.

El artículo hace referencia a un breve intercambio de Karel con Díaz Canel el pasado mes de octubre en que se evaluaron alternativas tecnológicas para potenciar la producción de alimentos destinados a la ganadería bovina y dice, al respecto, que “en esa ocasión el espirituano le contó a Díaz-Canel Bermúdez sobre el progreso de sus tierras y animales, así como las proyecciones a mediano corto y largo plazo”. Díaz Canel se limitó a contestar, con distancia y sin mostrar mucho interés, que le pareció muy acertado lo que hacía, sin más. Al parecer, a la finalización del acto, Marrero debió darse cuenta de algo y felicitó personalmente a Karel, a diferencia de la frialdad mostrada por Díaz Canel.

Esta historia recuerda mucho a aquella vez en que Fidel Castro anunció a bombo y platillo que había descubierto una vaca chiquita que apenas comía y que producía gran cantidad de leche y de carne, y en un momento de descuido, un guajiro valiente que estaba entre los asistentes, levantó la mano y pudo hablar: “Eso ya está inventado, comandante, y se llama la chiva”. Imaginen el gesto de Fidel Castro cuestionado públicamente por aquel guajiro cuyo destino fue desconocido. El sector agropecuario cubano es incapaz de alimentar a la población porque ha sido dirigido por castros que no tienen ni idea de cómo se produce y para quién. Para que la experiencia de Karel se consolide hay que aterrizar, porque está todo en el aire. El aterrizaje dependerá de la rentabilidad de la explotación y su crecimiento a medio plazo. Y eso, por desgracia, no está garantizado en el modelo social comunista. Ojalá no se tenga que lamentar la pérdida de este emprendedor privado. Ojalá hubieran muchos más como él.

Ánimo Karel, el futuro de prosperidad y libertad de Cuba depende de gente como tú.

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