Los cambios a la democracia en Cuba han echado a andar

Elías Amor Bravo economista 

Los comunistas cubanos no tienen remedio. Destrozan la economía y la convivencia pacífica en el país, y en vez de procurar una solución a la devastación que han creado, se reúnen en su sanedrín exclusivista, el Buró político del comité central del partido, para analizar lo que denominan “provocaciones orquestadas por elementos contrarrevolucionarios, organizados y financiados desde Estados Unidos con propósitos desestabilizadores”.

Por otra parte, como no podría ser de otro modo, otorgan la mejor calificación al “llamado del compañero Díaz Canel” que, por si alguien no lo recuerda, fue un alegato para promover el enfrentamiento civil. En esto están los comunistas cubanos en su cónclave, que según algunos medios oficiales contó con la participación de Raúl Castro. ¡Ah! Pero ¿es que alguien pensaba que el último de los Castro había dejado el poder?

La convocatoria tan repentina, los mensajes de apoyo a Díaz Canel y la extraña presencia de Raúl Castro (extraña porque algunas informaciones lo situaban en Venezuela) vienen a confirmar lo que ya se sabe. El comunismo cubano está en sus horas más bajas. No sabe qué hacer contra movimientos populares muy críticos con el modelo. La gente no solo quiere ayudas, medicinas y comida. La gente grita pidiendo libertad y fuera comunismo.

Esta vez, las protestas, difundidas gracias a los teléfonos y las redes sociales en tiempo real, no han sido anticipadas por los órganos del espionaje civil y la inteligencia de la seguridad del estado, y de ahí el cónclave comunista en el que, como mínimo, se van a apretar algunas clavijas. Eso está bien. Conforme haya gente que reciba castigo por no haber sido capaces de prever lo que está ocurriendo, e incluso, por no reprimir y castigar con la máxima fuerza al pueblo movilizado, mayor será el número de personas que romperán con la línea oficial y dejarán su carnet de militante comunista, y después, ya se sabe. De un día para otro, Ceaucescu en Rumania, acabó ajusticiado por los participantes de la misma manifestación que había convocado en su apoyo.

Las lecciones que deberían aprender los comunistas de Díaz Canel de lo que está ocurriendo en Cuba son varias y algunas de ellas se han anticipado en este blog.

Primera, que el pueblo cubano está harto del comunismo como doctrina oficial y política. Que el modelo de la constitución de 2019 no sirve para hacer funcionar el país, y que los experimentos rara vez salen bien, como la Tarea Ordenamiento o las tiendas en MLC.

Segunda, por lo mismo, el pueblo quiere libertades y un marco jurídico para la convivencia de naturaleza democrática y plural. La gente no quiere partido único y tampoco dictadura del proletariado. La gente no está de acuerdo con Díaz Canel en muchas cosas, pero quizás la más importante es que todo el mundo cree que Cuba es una dictadura, por muchos derechos que los dirigentes enumeren.

Tercera, que Díaz Canel en apenas dos años ha fracasado y su proyecto político también. Y que antes de que sea peor, lo suyo sería removerlo de la presidencia. El problema es ¿a quién proponer, y sobre todo, para hacer qué? Porque esto es lo importante, al margen de las personas. Saber hacia dónde va Cuba.

Cuarto, que se acabó la propaganda del régimen. Pese a la presión ejercida por esta, a todos los niveles, las manifestaciones populares permiten constatar que en la población se ha ido construyendo un discurso alternativo al oficial de las mesas redondas y de Granma, por lo que la política de comunicación institucional también ha fracasado.

Quinto, y como segunda derivada de la anterior, no se puede estar echando la culpa de todo lo malo a Estados Unidos, al bloqueo, al embargo, etc., etc. No deja de ser curioso que hace menos de 15 días el régimen obtenía una “victoria” política en Naciones Unidas al conseguir una amplia mayoría contra Estados Unidos por el embargo, y mientras que eso ocurría y los medios oficiales no hacían otra cosa que hablar de dicha cuestión, en Cuba se iba calentando la maquinaria para la explosión social.

Sexto, la economía es importante. El malestar social que ha provocado el estallido popular tiene mucho que ver con el deterioro de la economía como consecuencia de la Tarea Ordenamiento que se empezó a aplicar el pasado 1 de enero. El año pasado, con la pandemia en sus niveles más elevados, la gente aguantó la crisis y no hubo protestas. Pero este año, con el tipo de cambio del peso descontrolado, la inflación con tres dígitos, los salarios nominales perdiendo poder adquisitivo, los subsidios en picado y la gente angustiada por la falta de alimentos, todos ellos efectos de la Tarea Ordenamiento, la situación ha cambiado y la responsabilidad es del gobierno y su cabezonería por implantar una política innecesaria, mal diseñada, peor ejecutada y carente de rigor y credibilidad.

Séptimo, creer que este estallido social se puede controlar y eliminar por medio de la represión del aparato de la seguridad del estado. Gran error. Los manifestantes han gritado bien claro “no tenemos miedo” y este mensaje es esencial para entender lo que se está produciendo en Cuba que es una ruptura del marco de convivencia impuesto por el régimen comunista. Más represión hará muy difícil salir del agujero, lo que se tiene que hacer es abrir espacios o desaparecer. No hay alternativa-

Octavo, la atención internacional hacia Cuba es máxima. A diferencia de crisis anteriores que pudieron pasar más o menos desapercibidas, además existe una comprensión, apoyo y adhesión general hacia el pueblo que participa, de forma espontánea, en las manifestaciones que se extienden por todo el país. Los principales dirigentes mundiales han advertido a Cuba de las consecuencias de aplicar una dura represión contra los manifestantes. Habrá que ver qué ocurre con los desparecidos y detenidos que son cientos.

Noveno, se tiene la impresión de que la institucionalidad del régimen no sirve para resolver los problemas de fondo que golpean al país, y que no hay recambio para ello. La incorporación de Raúl Castro al cónclave comunista confirma que no hay futuro, sino que se vive del pasado, un pasado remoto que se pensaba superado, y que vuelve a la palestra desde los peores lugares de la memoria.

Décimo, hace mal Díaz Canel en creer que los que le apoyan, los "revolucionarios", son los dueños de la calle. Se equivoca, porque realmente son muchos menos. Y si se celebrasen elecciones democráticas en este momento, la oferta encabezada por Díaz Canel podría ser extraparlamentaria. Los comunistas, que se sienten arropados por sus dirigentes, mañana mismo cambian de chaqueta y se sitúan en las coordenadas del cambio político. Ha ocurrido en todas las dictaduras que han evolucionado a la democracia. Y en Cuba puede ocurrir. Quedarse solo es muy triste.

La semilla está en el suelo y fructificará. Por mucho que quieran lograr lo contrario, el pueblo ha hablado y lo ha hecho con una claridad de primer nivel. Los dirigentes si fueran responsables, se pondrían a trabajar. No lo son, y por ello, les espera lo peor, una larga agonía que puede traer consigo la ruptura. Reconocer que Cuba ha iniciado una marcha hacia las libertades, el pluralismo político, la democracia y el respeto a los derechos humanos, sin los comunistas, es algo más que evidente. Tratar de frenar ese proceso, una locura.


Comentarios

  1. Impecable análisis. Si este punteo o decálogo es cierto solo en un 50%, el cambio hacia la democracia sería irreversible. Desde 10 mil km de distancia, tengo mis dudas. Y veo a China desembarcando con $ y know how represivo. Xi no dejará ir a Cuba.

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  2. ¡Excelente análisis! Mis felicitaciones al autor

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  3. Estoy impresionada, por la claridad, seriedad, y sobre todo la ausencia de sensacionalismo y de pesismismo, de este escrito.

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