Empresas estatales rentables, mejores salarios
Elías Amor Bravo, economista
Un nuevo Decreto, el 164 De la organización del sistema
salarial, publicado en la Gaceta Oficial edición ordinaria número 63, descentraliza
y redefine la organización salarial en el sistema empresarial estatal de la
economía cubana.
Al mismo tiempo, otorga a las entidades mayores facultades para
remunerar a los trabajadores, a la vez que vincula el crecimiento de los
ingresos a la productividad y la capacidad económico-financiera de cada entidad,
mediante procesos de negociación con la organización sindical.
En definitiva, conceder más autonomía salarial a las
empresas estatales. ¿Es una buena medida? ¿Es una medida inadecuada?
El ministro
de Trabajo y Seguridad Social, Jesús Otamendiz dijo en la presentación de la
norma que ésta viene a sustituir al Decreto 138 de 2025, a la vez que forma
parte de las transformaciones económicas y sociales que impulsa el régimen para
fortalecer el papel de la empresa estatal socialista como pilar fundamental de
la economía nacional. De ese modo, el ministro de Trabajo toma la delantera
como uno de los dirigentes que más se ha apresurado para ser de los primeros en
cumplir con el mandato de las transformaciones.
Desde el
punto de vista económico, parece razonable y oportuno que las empresas tengan
plena autonomía en materia de organización salarial y gestión de los recursos
humanos, incluso cuando son de titularidad estatal y se rigen por las disposiciones
burocráticas. Otra cosa es que de los resultados apetecidos. El lastre de lo estatal es muy pesado y a veces cuesta deshacerse de él.
Al aceptar
que los salarios dependan de la productividad, se asume que los factores técnico-productivos
no se deben menospreciar, y de ese modo, no todas las empresas son iguales, lo
que implica que sus niveles de rentabilidad pueden ser distintos y sus posibilidades de pagar salarios también. En tales
casos, la aplicación de medidas homogéneas para todas las empresas, en materia
de salarios, puede trasladar efectos positivos o negativos. Lo ideal es que cada
empresa defina de forma individual su estrategia.
La relación entre salarios y productividad es una cuestión
central de la economía laboral. Se suele aceptar, en términos generales, una
relación positiva: cuando la productividad de los trabajadores aumenta, los
salarios tienden a aumentar también.
Para entender mejor de qué estamos hablando, conviene
definir productividad laboral, un concepto que mide la cantidad de bienes o
servicios que produce un trabajador en un determinado período de tiempo. Por
ejemplo, si un empleado fabrica 20 unidades por hora y, gracias a una nueva
máquina, pasa a fabricar 30, su productividad ha aumentado.
Es por ello, que cuando se obtiene mayor productividad en la
empresa, también son posibles mayores salarios ya que el trabajador que genera
más valor para la empresa permite salarios más altos sin reducir sus
beneficios.
Por otro lado, mayores salarios pueden conducir a mayor
productividad, es decir, salarios más altos pueden aumentar la motivación,
reducir la rotación de personal, atraer trabajadores más cualificados y mejorar
el rendimiento.
Sin embargo, a veces los salarios no crecen al mismo ritmo e
intensidad que la productividad, ya que aparecen una serie de factores que
pueden cortocircuitar la relación positiva, entre otros se encuentran, el poder
de negociación de los trabajadores, la competencia internacional, la
automatización y los cambios tecnológicos, la distribución de los beneficios
entre salarios y ganancias empresariales y las políticas laborales y fiscales.
En teoría, los salarios deben crecer a largo plazo en línea
con la productividad, ya que los trabajadores reciben una parte del valor que
generan. Sin embargo, en la práctica esta relación depende de esos factores
económicos, institucionales y del mercado laboral, antes citados, de modo que
pueden existir períodos en los que la productividad crezca más rápido que los
salarios o viceversa.
Por eso,
que la norma aprobada elimine la preceptiva autorización previa que exigían
disposiciones anteriores para aplicar nuevos sistemas de pago es una
oportunidad que las empresas deben aprovechar para definir su propia
organización salarial, de forma descentralizada.
La norma se
aplica a empresas estatales, así como también a grupos empresariales, filiales
con autonomía, sociedades mercantiles de capital 100 % cubano y las
instituciones financieras del sistema bancario nacional. Además, con
las adaptaciones previstas, la norma podrá aplicarse en las unidades
presupuestadas con tratamiento especial y en las organizaciones que financian
sus gastos con ingresos propios.
El director
de Organización del Trabajo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dijo
que este Decreto da continuidad al proceso iniciado en 2021 para ampliar las
facultades de la empresa estatal y colocarla en condiciones similares al resto
de los actores económicos. El propósito es que cada entidad pueda adoptar
las decisiones que mejor respondan a sus características productivas y
organizativas, sin más límite que su capacidad económico-financiera y el
cumplimiento de los principios establecidos en la legislación.
El nuevo Decreto
establece que los salarios solo podrán aumentar a partir de una base de una
mayor eficiencia, productividad y creación de riqueza en la empresa estatal. O
dicho de otro modo, los niveles salariales dependerán de la capacidad económica
y financiera de cada empresa. En consecuencia, el crecimiento de los salarios vendrá
condicionado por el incremento de la eficiencia y de los resultados
productivos, de manera que mayores aportes generen mayores ingresos para los
trabajadores. El enfoque de la productividad de la economía de mercado,
aplicado al ámbito del sector estatal.
Las
autoridades sostienen que el objetivo fundamental de la norma es incrementar
los niveles productivos y la productividad del trabajo, teniendo en cuenta que
a partir de ahora, el aumento de los salarios será consecuencia de los
resultados y no un punto de partida.
La norma
hace desaparecer las restricciones establecidas por el Decreto 138 sobre la
estructura del fondo salarial y de ese modo, las empresas podrán diseñar sus
propios sistemas de remuneración, combinando salario básico, pagos por
resultados, incentivos y distribución de utilidades, siempre de acuerdo con sus
posibilidades económicas y previo acuerdo con la organización sindical.
A partir de
ahora, los directivos y gestores de recursos humanos van a tener un mayor
margen de decisión sobre las plantillas de las empresas, en la medida que los
salarios deberán planificarse anualmente en función de las capacidades
económicas y financieras de cada entidad. La norma señala que las unidades
presupuestadas con tratamiento especial que generan ingresos propios puedan
aplicar sistemas de incentivos a sus trabajadores, en correspondencia con los
resultados alcanzados.
Además de los aspectos salariales, el Decreto 164 fortalece la participación de los trabajadores en las decisiones relacionadas con su remuneración. De modo que, la organización del sistema salarial deberá evaluarse por la administración, acordarse con la organización sindical, analizarse en la Asamblea General de Afiliados y Trabajadores e incorporarse posteriormente al convenio colectivo de trabajo. Siguiendo este procedimiento, las decisiones sobre salarios dejan de ser un proceso exclusivamente administrativo y pasan a construirse con la participación de los colectivos laborales. La norma refuerza así el papel del movimiento sindical como representante de los trabajadores durante todo el proceso de negociación y aprobación de los sistemas de pago.
Asimismo,
el Decreto pretende preservar los principios de justicia social. Garantiza la
igualdad de derechos y oportunidades en materia salarial y mantiene el
principio de igual salario por trabajo de igual complejidad, sin discriminación
de ningún tipo pero no va a poder evitar que aparezcan empresas estatales que paguen salarios más elevados que otras, a pesar de que sean iguales. De nada sirve proteger el salario básico de los trabajadores, del que se dice que no podrá
disminuir, y establecer que ningún empleado pueda recibir una remuneración
inferior al salario mínimo vigente en el país, fijado actualmente en 3.210
pesos, si luego las empresas aparecen con cuadros distintos.
Cuando las
empresas registren pérdidas, y no conviene olvidar que en este momento hay 363 entidades del sector estatal en esta situación (con un aumento del 43% respecto del año anterior) deberán garantizar el salario básico de sus
trabajadores, pero no podrán aprobar incrementos salariales hasta recuperar su
capacidad económica y financiera.
El Decreto
introduce prevenciones para evitar diferencias excesivas en la distribución de
los ingresos, de modo que el salario máximo dentro de una empresa continuará
regulado y no podrá superar seis veces el salario correspondiente al cargo de
menor complejidad de la propia entidad. Ga error porque expulsará de las empresas estatales el talento que espera mejores retribuciones. Por otro lado, la distribución de utilidades, además, deberá
realizarse en correspondencia con el aporte individual de cada trabajador y
tendrá incidencia en el cálculo de su futura pensión.
Desde el
punto de vista económico, este Decreto 164 combina un modelo de organización
salarial orientado por los principios de la economía de mercado que relaciona
los salarios con la productividad, que otorga mayor autonomía para la empresa
estatal socialista, así como más participación de los trabajadores, mayor
flexibilidad en la gestión de los ingresos y una relación directa entre
eficiencia, productividad y salario. El principio que resume el espíritu de la
norma es claro: quien más aporta, más recibe.
Con ello,
las transformaciones de la empresa estatal buscan crear mejores condiciones
para elevar sus resultados económicos y, como consecuencia, incrementar de
forma sostenible los ingresos de quienes generan esa riqueza. De aplicarse
estas transformaciones, en la economía de las empresas estatales cubanas habrá
que decir adiós para siempre al igualitarismo, y surgirán diferencias que, en
algunos casos, podrán convertirse en foco de conflicto. La empresa estatal debe
mejorar sus resultados, de eso no cabe la menor duda, y en ese proceso de
mejora continua, incrementar los salarios debe servir para dar continuidad a la
rentabilidad. Lo que sucede es que a veces no resulta tan fácil.
Comentarios
Publicar un comentario