¿Inversión extranjera para los centros históricos cubanos?, no de este modo
Elías Amor Bravo, economista
¿De veras creen por un instante que una ciudad que se está cayendo a pedazos puede ser de interés para algún inversor extranjero? Por favor, despierten a la dura realidad ya que, por muy saturados que estén los centros urbanos de las ciudades coloniales del Caribe, invertir en La Habana Vieja no es un desafío, es una auténtica bobería que no va a ningún sitio.
Pese a todo, los
comunistas publican en su prensa oficial panfletos para ver si logran atrapar a
algún ingenuo que pueda sentir algún tipo de atracción por la imagen de
escombros, basuras, apagones y hacinamiento urbano de aquella gran ciudad que
se llevó la historia de los últimos 67 años.
Lo más lamentable de todo es que los comunistas se creen que
La Habana Vieja pueda atraer inversiones sin perder su identidad. Pero ¿Qué
entidad? ¿Qué centro histórico? De lo poco que queda de una de las capitales
más bellas del Caribe, de América y del mundo.
Un poco de historia nos devuelve a la realidad. La recuperación del centro histórico de La Habana Vieja fue confiada a la oficina del historiador, que hizo lo que pudo cuando recibió el encargo de arreglar lo que entonces empezaba a ser un cúmulo de desechos. La belleza de la Habana Vieja desapareció tras las confiscaciones de propiedades por el régimen comunista y la huida de los propietarios habaneros para evitar la persecución y la muerte.
Por ello, durante los primeros años de la llamada revolución, el patrimonio todavía
conservaba buena parte de la belleza y esplendor de antaño, sin embargo, con el paso
del tiempo, la destrucción avanzó porque la propiedad privada había
desaparecido, y nadie que no sea dueño de lo suyo tiene el menor interés en
invertir nada.
De modo que, ante la inexistencia del sector privado, la restauración de La Habana Vieja se confió a la mano del estado comunista, escondido detrás de la oficina del historiador, que recibió el encargo de sostener y mantener una estructura económica capaz de financiar la conservación, mantener servicios, atender las necesidades de sus habitantes y generar recursos para intervenir en inmuebles e infraestructuras. La oficina se encontró con no pocas dificultades de todo tipo para hacer realidad su misión.
Conclusión, se restauró lo que se pudo, en fin, cuatro
calles más o menos, mientras que el desastre continuó avanzando por el resto de la gran
ciudad. Con todo lo que ha llovido desde entonces, y fracaso tras fracaso para
devolver a La Habana Vieja la belleza perdida, ahora nos salen con que la
solución del problema son las “transformaciones económicas y sociales” de junio
de 2026.
Entre los propósitos figuran ampliar la autonomía de las empresas estatales, diversificar las fuentes de financiamiento, facilitar la inversión extranjera, modificar los mecanismos de planificación y avanzar en la valoración y titulación de activos empresariales. Desde la oficina del historiador de La Habana (OHCH), se ha encendido la luz a la vista de estas "transformaciones" a las que dan la bienvenida.
Básicamente, porque permiten “actualizar un modelo económico que debe responder a las particularidades de un territorio donde conviven inmuebles de alto valor patrimonial, actividades comerciales y culturales, servicios públicos y una población residente con sus propias necesidades”. Un pensamiento que no puede ser más simple y que, por tanto, no logrará tener éxito.
Parece que se cree que puede ser muy bueno para La Habana
Vieja, la medida número 1, relativa a la ampliación de las facultades del
sistema empresarial estatal que comprende la flexibilización en la aprobación y
destino de las utilidades después de impuestos, la descentralización de
determinadas decisiones sobre precios y salarios y el diseño de instrumentos
financieros para capitalizar empresas sin recurrir al Presupuesto del Estado.
Quien se cree este tipo de cosas es Maite Núñez,
presidenta del grupo empresarial de la oficina del historiador que afirma que, "si las entidades estatales operan con mayor autonomía y en condiciones
similares a las del resto de los actores económicos, con capacidad para
realizar actividades lícitas sin abandonar su objeto social principal, van a
poder cumplir mejor con sus funciones". Es lo mismo de siempre, ¿Cumplir
funciones de qué y para qué? Restaurar está muy bien, pero hay que pensar el
destino desde el primer momento. Nada de eso está asegurado.
También hay grandes esperanzas con la creación del Programa Nacional de Valoración y Titulación de Activos Empresariales
Estatales. Una medida que permite inventariar los activos tangibles e
intangibles, valorarlos a precios de mercado y emitir certificados de propiedad
que puedan constituirse en garantías colaterales para créditos bancarios. Desde
luego, intentar ordenar el sistema de derechos de propiedad de La Habana Vieja
por esta vía puede ser el origen de un aluvión de reclamaciones porque los titulares de los activos que fueron confiscados van a instar en tribunales democráticos la devolución de sus propiedades. Emprender
cambios de esta magnitud en el marco de los derechos reales es una aventura que
no puede acabar bien.
Maite Núñez cree que las dos disposiciones cambian las
posibilidades de aprovechamiento económico de los recursos empresariales. La
idea es que un inmueble o una infraestructura que no se utiliza plenamente
podría convertirse en una fuente de ingresos o servir de respaldo para obtener
financiamiento. No obstante, a pesar de estos mecanismos no está clara la
posibilidad de utilizar un activo, su titularidad y las consecuencias de
comprometerlo como garantía. De modo que seguimos más o menos como al principio.
En este punto, conviene señalar que la oficina del historiador está integrada por nueve empresas
con diferentes formas de organización: estatales, sociedades mercantiles y una
empresa mixta, además de tres mipymes asociadas. Sus funciones incluyen
actividades que van desde la concepción de proyectos hasta la promoción del
patrimonio, la gestión inmobiliaria, el turismo y el comercio minorista.
Maite Núñez cree que las “transformaciones” pueden
ampliar las posibilidades de estas entidades para acceder a mecanismos de
financiación, establecer alianzas y aprovechar sus activos a la vez que
actualizan las condiciones para aprobar sus planes económicos y las decisiones
relativas a la distribución de las reservas voluntarias, aspectos que, según
señala, fortalecen la autonomía empresarial.
Se pretende, de este modo, que la oficina del historiador, asumiendo
una mayor responsabilidad sobre la gestión de los recursos, la eficiencia de
las empresas y su capacidad para generar ingresos”, pueda ayudar a sostener
actividades y servicios que forman parte de la recuperación integral del Centro
Histórico de la Habana Vieja.
Y aquí es donde entra en juego la inversión extranjera, ya
que las “transformaciones” plantean la creación de empresas mixtas y contratos
de asociación económica internacional, la extensión de los derechos de
superficie hasta 99 años y de usufructo por más de 50 años en determinadas
actividades, así como la posibilidad de realizar operaciones de compraventa de
unidades residenciales mediante negocios inmobiliarios.
En particular, la medida número 126 plantea expresamente
permitir la inversión extranjera en La Habana Vieja y otras zonas
patrimoniales. Por su parte, las transformaciones vinculadas al turismo
incorporan modalidades como arrendamientos, usufructo oneroso y venta de inmuebles,
con aprobación caso a caso.
Hay cierto optimismo entre los comunistas por lo que esto puede suponer para mejorar espacios que requieren grandes inversiones, como ocurre en los centros históricos. Y aquí es donde empiezan los problemas, ya que se asume por los dirigentes que la decisión sobre qué actividad económica instalar, qué inmueble utilizar y bajo qué condiciones hacerlo no puede depender exclusivamente de la rentabilidad esperada.
Si. Han oído bien. La eterna obsesión contra la riqueza. Pues es que, si no se tiene en cuenta los beneficios, entonces, ¿A qué
aspira la oficina del historiador para realizar su actividad? Tal vez, ¿Qué llegue algún regalo de papa Noel o de los reyes
magos? Es lo mismo de siempre. El odio a la rentabilidad empresarial, la riqueza y el
beneficio del régimen comunista cubano acaba cercenando las oportunidades de la economía. En este
caso, la captación de proyectos de inversión extranjera para los centros
históricos se puede ver comprometida desde el primer momento, y por muchas
facultades que otorgue el gobierno, acabar siendo un fracaso.
Pero aquí no acaba la historia, porque a continuación, viene el despilfarro comunista que convierte
la inversión en el centro de La Habana en un auténtico vía crucis.
Denlo por hecho. La oficina del historiador exige a todos los inversionistas
extranjeros a la hora de presentar sus proyectos que deben garantizar el empleo
local y la prevención del fenómeno de la gentrificación. Además, les preocupa la gentrificación en La
Habana Vieja. Vamos, que se dejen de boberías, en La Habana la gentrificación
ya llega a Santiago de las Vegas e incluso más lejos.
También exigen que las inversiones cuenten con estudios de impacto
patrimonial. En fin, que se busque algún amiguete doctor universitario que elabore una
tesis doctoral más para presentar los proyectos, aunque tarde cinco años.
Y es que estos proyectos de inversión deben ajustarse igualmente a las
líneas estratégicas definidas para el territorio y cumplir los requisitos
establecidos para su presentación. Vaya usted a saber dónde se encuentran estos
requisitos, cuáles son y qué significan, en términos de operatividad.
Porque no contentos con lo anterior, los comunistas proclaman que la
aplicación de las “transformaciones” requiere mecanismos que permitan
seleccionar las inversiones más convenientes para el territorio según el criterio
de la oficina del historiador que acabará teniendo la voz cantante en todo el
proceso. Decisiones políticas. Y ya se sabe lo que esto quiere decir.
Kiobet Sánchez, subdirector del Plan Maestro, señaló que un grupo negociador, integrado por especialistas de diferentes áreas de
la institución, será el encargado de la evaluación de las propuestas y
determinar su pertinencia para el centro histórico. No obstante, el grupo se
encuentra en una fase de construcción, “con el propósito de que
las decisiones no dependan de percepciones individuales, sino de criterios
medibles”. El colectivismo nunca ha dado buenos resultados en estos casos.
El grupo ha diseñado unas herramientas como una guía para que los inversionistas presenten sus proyectos con
información homogénea: aspectos financieros, modelos de gestión, compromisos
ambientales, entre otros... A partir de esa información, otra herramienta
permite evaluar las propuestas y asignar un peso específico a las distintas
variables. Kiobet destacó que los criterios sociales y culturales tienen mayor
ponderación en este territorio, sin excluir la responsabilidad ambiental y la
eficiencia económica. La intención es evitar que la primera propuesta que
llegue sea considerada automáticamente la más conveniente y contar con
elementos para comparar las alternativas.
Por otro lado, la oficina trabaja en el diseño de una cartera de oportunidades a partir del análisis de más de 400 inmuebles de su titularidad. Por medio de este instrumento, se pretende condicionar la actividad del inversor extranjero, obligándole a realizar los proyectos fijados por el régimen y no los que traiga en su cabeza el foráneo. Es más, o menos lo mismo que ocurre con el resto de las inversiones extranjeras, donde esta cartera ha sido un freno evidente para el desarrollo.
Encima, por si no fuera suficiente,
la cartera de oportunidades en La Habana Vieja tendrá indicadores como el
grado de protección patrimonial, las dimensiones, la ubicación, la demanda y la
compatibilidad entre las características del edificio y la actividad que se
pretende desarrollar. El régimen se quiere enterar de todo antes que nadie y acabar decidiendo aquello que realmente le interesa.
Y aquí es donde entran los criterios políticos y las
majaderías comunistas, por ejemplo, un edificio con un alto grado de protección
puede requerir condiciones más restrictivas para las inversiones que otro con
mayor flexibilidad. Otro tanto ocurre con la localización: una actividad que
implique movimiento de mercancías y operaciones de carga y descarga necesita
condiciones de acceso distintas a las de un espacio destinado a usos
culturales. El caso es intervenir, meter la mano, controlar y hacerlo con alto grado de obsesión por manejar el
proyecto de inversión de un actor privado. Así, a ver quién se atreve.
Se pretende desde la oficina que las inversiones sirvan para
la recuperación del patrimonio y la vivienda social, como principales
prioridades identificadas por el grupo negociador. Para ello se pondrá en
marcha una herramienta denominada co-desarrollo, mediante la cual una inversión
podría vincularse con acciones destinadas a atender déficits identificados en
otras áreas del territorio. El Plan Maestro trabaja en una cartografía que no
solo localiza los inmuebles disponibles, sino que también registra carencias
relacionadas con servicios de uso cotidiano, en escuelas, círculos infantiles y
farmacias.
Sin duda, la oficina del historiador confía que la apertura a la inversión inmobiliaria pueda favorecer la recuperación de edificios deteriorados y atraer recursos que hoy son insuficientes. Sin embargo, puede provocar tensiones en zonas donde los inmuebles tienen un elevado potencial de revalorización y conviven con residentes de ingresos limitados.
El economista Joel Ernesto O’Marrill identifica precisamente esa dualidad. Advierte del riesgo de gentrificación que viene provocado por el hecho de que inmuebles que hoy tienen precios bajos debido a la situación económica, la falta de inversión y la escasa demanda pudieran aumentar considerablemente su precio si las condiciones económicas mejoran. Según este economista, en ese escenario, quienes dispongan de capital para invertir podrían adquirir propiedades y beneficiarse de esa revalorización, mientras que los habitantes históricos, con menores ingresos, podrían quedar expuestos al desplazamiento.
Por mucho que se piense en un elevado riesgo de la gentrificación, nada indica que las reformas asociadas al paradigma marxista en que los derechos de propiedad privada no fueron debidamente respetados, pudieron acabar ocasionando los efectos, incluso peores, que señala el economista. Si la propiedad sigue siendo toda estatal, y se particulariza en forma de registros falsos que no se corresponden con los verdaderos titulares de los activos, los efectos de la gentrificación pueden ser despreciables.
Se pretende evitar una modificación de la composición social y cultural del barrio, según la cual el centro histórico podría terminar habitado principalmente por personas de mayores ingresos o residentes extranjeros, alejándose de la cultura y las dinámicas de la comunidad que le han dado identidad. Convendría recordar el cambio en la composición social y cultural tras la llamada revolución, que generó en la zona el efecto justo contrario que acabó degradando hasta la actual situación. La preocupación por la gentrificación que se plasme en las condiciones exigidas a los inversionistas puede ser otro factor que aleje al capital del centro histórico.
Desde la oficina se destaca que uno de los aspectos más
sensibles de las “transformaciones” es la posibilidad de valorar y titular activos estatales para utilizarlos como respaldo de créditos. Se acepta que los
certificados de propiedad de los activos empresariales puedan constituirse en
garantía colateral.
Desde el punto de vista financiero, un activo puede
utilizarse como garantía de un crédito, siempre que sea exhibido por su
titular real. Esta medida, en principio, parece factible para su aplicación por
empresas propietarias de inmuebles como para personas que busquen
financiamiento para desarrollar actividades económicas. En este último caso, la
posibilidad de exhibir derechos reales, activos de propiedad privada, es muy
limitada y no parece que vaya a funcionar, privando más de la mitad del mercado
potencial a realizar estas operaciones.
Los comunistas advierten de su preocupación. Si el crédito
no se paga, el activo comprometido puede perderse. En el caso de bienes
patrimoniales estatales, que pudieran participar en esta financiación, surgen
interrogantes sobre las condiciones jurídicas bajo las cuales podrían
utilizarse como garantía y las consecuencias de un eventual incumplimiento. La
mayor parte del capital inmobiliario de la zona pertenece a esta categoría.
Por otro lado, el régimen de vivienda que existe en Cuba
impide su embargo, eso si, con notables limitaciones para su utilización colateral, salvo
determinadas condiciones. Esta circunstancia es otro factor que frena la
inversión y posterior gestión de los inmuebles, por eso, es necesario analizar
el marco jurídico aplicable antes de extender estos mecanismos a viviendas o
inmuebles estatales.
Los comunistas se sienten igualmente preocupados por la
diferencia que existe entre movilizar un activo para obtener recursos y
comprometer su titularidad (en caso de que exista) para hacer frente a una
obligación financiera. Cuando se trate de un inmueble patrimonial, el problema
adquiere una dimensión que supera su valor económico: la pérdida de ese bien
puede afectar recursos culturales cuya recuperación y conservación responden a
un interés colectivo. Al final, no se hará gran cosa. Otra vía muerta de
antemano.
Y luego está el rechazo comunista a la valoración a precios de mercado. Se sostiene que el valor económico de un edificio no agota su significado histórico, arquitectónico, cultural o social. Un inmueble puede tener un potencial comercial determinado y, al mismo tiempo, conservar atributos patrimoniales que condicionan los usos y las intervenciones posibles.
Por eso, el desafío consiste en evitar que la valoración financiera se
convierta en el único criterio para decidir sobre el destino de estos bienes. Aunque la protección patrimonial, la titularidad y las condiciones de uso formen parte de la evaluación para aprovechamiento económico, los elementos financieros son fundamentales. A estas
alturas, inventando el chocolate con leche, cuando ya lo está desde hace mucho
tiempo.
Los indicadores que deben permitir evaluar la implementación
de las “transformaciones” en uno o dos años, se clasifican en dos grupos. En
una primera etapa, los indicadores monetarios, fundamentalmente el tipo de
cambio y la inflación, permitirían observar señales tempranas. Una reducción de
ambos sería, en su criterio, indicativa de una evolución favorable.
En un horizonte de uno o dos años, propone prestar atención
a los indicadores productivos, especialmente a la producción agropecuaria e
industrial, cuyos resultados pueden observarse en los informes trimestrales del
producto interno bruto (PIB).
Peor se sitúa el resultado último en la evolución del salario
real. El éxito de las transformaciones debería reflejarse en una mayor
capacidad de consumo de los trabajadores, lo que requiere que los salarios
crezcan por encima de la inflación. Esto dependerá tanto de la desaceleración
de los precios como de una mayor capacidad productiva de las actividades
empresariales y presupuestadas para pagar mejores remuneraciones.
En el caso específico de la oficina del historiador, las entrevistas han servido para identificar otras dimensiones: cuántos inmuebles se recuperan, qué inversiones llegan a concretarse, qué empleos locales generan, qué compromisos sociales y ambientales cumplen y cómo contribuyen a resolver necesidades del territorio. En la oficina creen que el desafío será convertir los diversos mecanismos en resultados concretos y demostrar que una mayor apertura económica puede contribuir a recuperar el patrimonio sin debilitar la vida social que da sentido al centro histórico. Una apertura comprometida, controlada e injerencista, que no respeta los derechos de propiedad, no llega a ningún sitio. Deberían saberlo ya. Han tenido tiempo suficiente para ello.
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