Reformistas y reaccionarios: la unidad del discurso se rompe

Elias Amor Bravo, economista

Si algo ha caracterizado al régimen comunista de La Habana ha sido la unidad. Históricamente, la posición de la llamada “revolución” hacia los acontecimientos económicos, políticos y sociales ha venido dominada por la unidad, y cuando aparecía alguna nota disonante, simplemente era reprimida.

Sin embargo, esa supuesta unidad se acaba de romper y ha saltado hecho pedazos. Basta con prestar atención a los discursos de los máximos dirigentes, Díaz Canel y Marrero. El principio de unidad se ha roto y cada uno va por libre.

De un lado, Marrero ante un grupo de autoridades políticas de Pinar del Río insistió abiertamente que: “tenemos que desatar nuestras fuerzas productivas”. Ni una referencia a la revolución.

De otro lado, Diaz Canel ante su consejo de ministros insistió: “se trata, ante todo, de salvar la revolución”.

Esto es lo que hay.

Mientras que el primero habla de “desatar las fuerzas productivas y eliminar la burocracia” como parte fundamental de la implementación de las transformaciones económicas y sociales aprobadas recientemente, Diaz Canel aprovecha cualquier ocasión para reiterar que “Cuba no volverá al capitalismo y que seguirá siendo socialista”.

¿A qué vienen estos discursos en apariencia distintos y distantes en la cúpula del régimen?

Pues ya lo habíamos observado en alguna entrada anterior del Blog.

El discurso de Marrero se dedica a reivindicar las transformaciones y su aplicación a los distintos actores económicos, está más alineado con la organización de todo lo que se tiene que hacer y se permite, incluso, cuestionar la metodología del régimen para este tipo de operaciones, “a golpe de reuniones no vamos a avanzar en un proceso tan complejo” en una clara referencia al lastre que supone la burocracia jerárquica que frena los procesos de cambio en la Isla.

Por el contrario, Díaz Canel se ha convertido en líder de un proceso agotado, la llamada “revolución”, que ya no tiene justificación, e insiste que su hoja de ruta para la implementación de las transformaciones económicas y sociales aprobadas en el país “pasa por el respeto a las enseñanzas de Fidel y Raúl, la historia revolucionaria y la no rendición”. Este mensaje lo lanza cada vez que puede y la prensa oficial, casualmente, no escatima esfuerzos para presentar estos dos discursos de los máximos dirigentes del régimen.

Constatado este fenómeno, que rompe con la tradicional unidad de discurso de los castristas al abordar las cuestiones políticas, económicas y sociales que afectan a la nación, hay muchas razones para que este juego se convierta en una práctica continua.

En primer lugar, se crean, de manera artificial, distintas “sensibilidades” dentro del régimen que pueden llevar a pensar en la existencia de diferencias dentro del aparato comunista del estado, sobre cómo afrontar el futuro económico y político del país, algo así como “reformistas” y “reaccionarios”. La conclusión es inmediata, que cada uno se sitúe donde se sienta más a gusto. Los reformistas estarían más alineados con el discurso de Marrero, los reaccionarios se vinculan en mayor medida con las posiciones de Díaz Canel ¿Se prepara el régimen para una especie de transición política?

En segundo lugar, plantea un escenario para afrontar las consecuencias de las transformaciones. Si sale mal, siempre habrá forma de trasladar responsabilidades a unos u otros, lo que suele ocurrir dentro del régimen, recuérdese, por ejemplo, las consecuencias de la tarea ordenamiento de 2021. De algún modo, esa preparación de escenarios de fracaso apunta a que las autoridades no las tienen todas consigo, y saben que el impacto de las transformaciones ni se va a percibir a corto y medio plazo, ni va a resolver los graves problemas estructurales de la economía.

En tercer lugar, es conveniente tener claro que estas discrepancias no surgen de forma espontánea, sino que han sido bien estudiadas y calculadas en términos de su impacto, sin dejar nada a la improvisación. Es más, lo rápido que ha surgido este contraste de posiciones Marrero-Díaz Canel sobre las transformaciones, indica que ya se había elaborado desde hace mucho tiempo, y que ahora se saca a la luz con los objetivos señalados.

De modo que Marrero se vuelca con la implementación de las transformaciones, sobre todo en aspectos relacionados con el otorgamiento de una mayor autonomía a la empresa estatal, la flexibilización de la gestión y desarrollo de las formas de gestión no estatales, el redimensionamiento de la administración central del Estado, la reforma salarial y la creación de mecanismos de protección social, y Díaz Canel insiste en que Cuba jamás volverá al capitalismo, siempre seguirá siendo socialista y que las transformaciones son necesarias para salvaguardar la revolución y sus supuestas conquistas sociales.

¿Cuánto puede durar este contraste de posiciones?

Pues tanto como se extienda el proceso de negociaciones con Estados Unidos. La aparición de este escenario de dos posiciones contrastadas en las filas del régimen de La Habana es una novedad con respecto a lo que había cuando arrancó este proceso a comienzos de año. Los negociadores seguramente deben estar tomando buena nota de esta situación para tratar de intuir en qué medidas se encuentran justificadas estas posiciones y cuál es el alcance de las mismas.

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