Siempre se debe pagar el chocolate. En el acto.

Elías Amor Bravo, economista

Prometen los dos artículos publicados en Granma, y destinados a realizar el seguimiento de las cadenas de impagos a nivel nacional. Un problema que preocupa a los dirigentes comunistas. Si no, difícilmente Granma habría prestado atención al mismo. Dice muy poco de la gestión realizada, de la calidad de las decisiones económicas, de la cantidad de dinero en circulación en la economía y del adecuado ajuste entre las actuaciones de los agentes desde la demanda y oferta en una economía. En suma, el caos. La verdad es que hacer referencia con todo este escenario al chachachá de la Aragón, parece una burla cruel.
Cuando el gran grupo musical cubano escribió “El bodeguero”, mucho antes del drama de 1959, ciertamente la economía cubana era muy distinta. Por eso, el “toma chocolate y paga lo que debes” que marca el paso de la melodía, se ha convertido en 2019 en el penoso titular de Granma, “toma chocolate y ¿pagas cuando quieras?” una crítica de comportamientos insostenibles en cualquier economía.
Habría que preguntarse por qué ocurre esto. Las “indisciplinas financieras consistentes en que las deudas o las cuentas por pagar vencidas simplemente no se satisfacen por quien corresponde”, no surgen de la nada y mucho menos porque si en el mundo empresarial cubano. Y si bien es cierto que han estado ahí desde los tiempos ya lejanos del Che Guevara, cuando la economía cubana fue puesta patas arriba en pleno fervor revolucionario, lo cierto es que nadie, al menos desde entonces, ha sabido dar una solución al problema, a pesar de que el artículo cuestiona las horas “infinitas de reuniones, demandas, análisis en los núcleos del partido comunista” sin llegar a ningún resultado. Y eso que dicen que la economía cubana es socialista, de planificación central, dirigida por el estado y sin la participación de la iniciativa privada.
El endeudamiento es un grave problema para la economía, y al parecer, esto es lo que piensan los directivos y especialistas de Pinar del Río y de Sancti Spíritus, territorios a los que se hace referencia en el artículo citado de Granma, y se considera que está especialmente arraigado en “sectores claves como el del comercio, la gastronomía y los servicios, con un trabajo sostenido desde hace alrededor de diez años”. Demasiado tiempo viéndolas pasar, y sin hacer nada.
La cadena de la deuda se explica en el artículo de Granma. En el comercio y gastronomía, por ejemplo, las empresas tienen deudas vencidas con las empresas mayoristas provinciales de alimentos, que trasladan dichas deudas a las empresas mayoristas nacionales del Ministerio del Comercio Interior. Después, estas entidades adeudan a las empresas Cárnicas, Lácteos y Bebidas de la Organización Superior de Dirección Empresarial del Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria (GEIA), que a su vez adeudan a las empresas porcinas del OSDE Ganadero. Y así una y otra vez porque la cadena continúa sin que nadie ponga fin a la misma.
¿De dónde viene el problema? Básicamente, un origen principal se encuentra en la numerosa cantidad de trabas, obstáculos, restricciones y límites administrativos y jurídicos mpuestos por las autoridades comunistas a la economía del país. Lo que en este Blog hemos denominado en varias ocasiones, el “bloqueo interno de la economía castrista", uno de sus principales males. Esto lo reconocen los mismos dirigentes entrevistados por Granma, pero las autoridades no parecen entrar en el debate.
Un buen ejemplo de ello, son los llamados “mecanismos internos de conciliación de las empresas, y el cruce de información con los diferentes proveedores”, operaciones que tienen poco sentido a la vista de los resultados que dan, pero que vienen a confirmar el desajuste de cobros y pagos detrás de contratos previamente establecidos pero que simplemente no se cumplen. Si realmente todo depende del estado, titular de los activos de la economía, no parece razonable que este organismo incumpla lo que realmente firma con otras unidades pertenecientes al mismo. Increíble.
Otro aspecto parece venir de la incapacidad de gestión de distintos tipos de bienes en relación con el comportamiento de la demanda. Al parecer, hay problemas porque determinadas “mercancías con un nivel de venta más rápido que otras, y eso se debe tener siempre en cuenta en las cláusulas de cobros y pagos”. Normal. Cuando las reglas de la planificación se establecen a nivel central sin tener en cuenta esas diferencias, lo lógico es que a nivel micro aparezcan los problemas.
Un tercer factor, de influencia marginal, se encuentra en las consecuencias de las “afectaciones” provocadas por los huracanes e inclemencias climáticas, que se extienden durante un período de al menos cuatro años. Pero incluso, en este caso, una correcta gestión de los siniestros no debería ocasionar tales problemas. El estado comunista no asegura sus activos. Sus razones tendrá.
Y claro, para poder dar alguna solución al problema, se recurre al endeudamiento, lo que sitúa al débil sistema bancario cubano en el centro del problema, al limitar y reducir su financiación para otras actividades más productivas y eficientes, que lejos de reducir el nivel de endeudamiento, lo hace aparecer por otro sitio, trasladando sus efectos negativos al resto de la economía. Mención especial merece la traslación de la deuda al sistema bancario. Se explica en Granma. Cito textualmente, “muchas veces se retrasa o no se hace el depósito del pago de productos en el Banco. La entidad no tiene control sobre el efectivo y no existe correspondencia entre lo que hay que cobrar, lo que se deposita y lo que el Banco recibe”.
La otra forma de tratar de resolver el problema es bien conocida: la vigilancia, el espionaje y la delación para continuar después con la represión. Lo que llaman en Granma “visitas integrales a las empresas”, que no es otra cosa que más burocracia y control partidista de la economía. Esto quizás es lo más preocupante de los artículos citados, ya que la conclusión a la que se llega es que los “mecanismos de control no son suficientes”, lo que indica que pueden venir medidas más duras de continuar la situación actual. 
De hecho, ya se ha establecido “el principio de que el presupuesto del estado no financiará la descapitalización y falta de liquidez del sector empresarial, derivada de ineficiencias, descontrol y robo”, así que en algún momento este asunto podrá estallar al que parches como el denominado Fondo rotario del Ministerio de Finanzas y precios no podrán dar la solución adecuada. Además, el objetivo de “bancarización” de la economía, consistente en generalizar el uso de tarjetas electrónicas en la isla, está lejos de alcanzarse porque el desarrollo tecnológico de internet es limitado y no da para más con las tarifas de ETECSA.
De modo que, empresas descapitalizadas, mal definidas en sus aspectos organizativos desde su creación, con problemas financieros estructurales, ilustran un escenario complejo, difícil de destrabar con el modelo económico actual y que crece sin que nadie ponga cotas a los atrasos en los pagos y el cáncer de la deuda en aumento, con sus efectos sobre la liquidez de los organismos y empresas.
Según Granma, la cifra del total de cuentas por cobrar en el país asciende a 18.000 millones de pesos (más que la suma del presupuesto destinado a los "logros de la revolución", educación y sanidad juntos) según datos del Ministerio de Finanzas y Precios, una cifra que desde 2012, a pesar de las medidas de los “lineamientos” no ha hecho otra cosa que aumentar de forma desproporcionada. Todo ello nos lleva a pensar que la denominada “Actualización del Modelo Económico”, más que planificación y organización para lograr eficiencia ha mostrado su inutilidad, y clama por más libertad económica, capacidad de decisión y derechos de propiedad. Un camino distinto que tarde o temprano se tendrá que recorrer.

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